Si Castillo quiere tirar por la borda el superciclo en los precios de las materias primas y abortar el intento de su equipo económico de lograr un incremento sustantivo en la recaudación tributaria para permitir que se reconstruya el Estado en materias básicas como salud, educación e infraestructura, solo tiene que insistir en el descaminado intento de convocar a una Asamblea Constituyente.

Sea cual sea la forma que busque para lograr semejante propósito, que solo parece obedecer a una promesa descartable de campaña (lo prioritario es otro), generará un estado de zozobra e incertidumbre no solo en los agentes económicos grandes sino en todo el aparato social y productivo.

Las encuestas reflejan que la inmensa mayoría del país no está de acuerdo con una reforma total de la Constitución, Castillo además no tiene los votos en el Congreso suficientes para lograr su cometido. La única manera de llevarlo a cabo pasa por generar un movimiento de masas que atarante al Parlamento, uno, o por llevar al extremo de la cuestión de confianza su pedido de reforma y así lograr disolver el Congreso, generando en ambos casos una crisis política mayúscula que en tanto no culmine (por lo menos dos años), mantendrá al país paralizado y en ascuas.

Ojalá todo no pase de un intento político de mantener una promesa de campaña, que al ser descartada por el Congreso, lleve a Castillo a decirle al pueblo que lo intentó, pero que no pudo realizarla. Y sanseacabó, que allí quede la cosa, y se dedique a gobernar, a desplegar su plan económico y a tratar de reformar un Estado capaz, por sí solo, por su ineficacia, de sabotear cualquier intento de efectuar cambios sociales y económicos.

Que no se convierta el pedido maximalista de una Asamblea Constituyente en un pretexto para que Castillo, siguiendo el modelo de Vizcarra, se dedique a tensar políticamente las cuerdas con fuegos artificiales y así disimular lo que hasta el momento todo augura será una gestión mediocre (salvo lo de Francke, no hay nada más en concreto en ninguna materia gubernativa por parte del entorno de Castillo y ya estamos a pocos días de la transmisión de mando).

La Constituyente es una pésima idea. Ojalá Castillo tenga el valor de decirle al pueblo que votó por él que no va, que será necesaria otra coyuntura política para llevarla a cabo, y que se dedique los años que le toquen al mando de la Nación a gobernar con sensatez y templanza.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo

Ya estuvo buena la tolerancia política y mediática a los exabruptos clasistas y racistas de quienes, amparados en mentirosas hipótesis de fraude, pretenden desconocer los resultados electorales, yendo desde la sugerencia de anular las elecciones o invocar un gobierno civil-militar de transición que convoque a nuevas elecciones, hasta considerar “Presidente nulo” a Pedro Castillo aun después de ser proclamado por el Jurado Nacional de Elecciones.

Si acaso es verdad que Keiko Fujimori ha decidido tomar distancia de esta ultraderecha nativa, no se entiende qué hace enviando a Nano Guerra García a ser partícipe del sainete y papelón cometido por un grupo de improvisados en Washington. A ella le corresponde, antes que a nadie, poner paños fríos, dejar que las cosas jurídicas sigan su curso normal, aceptar los resultados, acercarse a saludar al ganador apenas se produzca la proclamación oficial y dedicarse los siguientes años a desplegar una oposición leal, recia, pero democrática.

La ultraderecha es minoritaria. Bulliciosa y generadora de “noticias”, por lo que se ve, pero abrumadoramente minúscula en comparación con otros sectores de la vida política peruana, como quedó confirmado en la primera vuelta electoral.

Si un sector de la clase política, mediática y empresarial, decide seguir el camino de la insubordinación constitucional, pues que lo haga, que a ningún lugar que no sea el de la esterilidad o vergüenza pública podrá llegar. El país democrático es inmensamente mayoritario y sabrá digerir el triunfo ajustado de una opción de izquierda que, por lo demás, cada vez más se acerca a cauces de moderación que deberían rebajar la histeria irracional de nuestra poco ilustrada y mal llamada elite.

El plan de gobierno de Keiko Fujimori era superior al de Castillo, el solvente Carranza lo hubiera hecho mejor que Francke, y era la ocasión idónea para un gobierno de derecha que aplicase un shock capitalista capaz de romper la inercia centrista de los últimos lustros, pero debe aceptarse que el país no lo ha querido así, que antes que razones primaron sentimientos antiestablishment que el profesor Pedro Castillo supo capitalizar electoralmente mejor que Keiko Fujimori.

No es ese talante democrático el que alienta a las huestes de la tribu ultraderechista peruana. A su racismo y clasismo, que tornan inaceptable a un personaje como Castillo, le suma un talante abiertamente antidemocrático, que desde ya la convierte en una amenaza nacional sobre la que hay que advertir.

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Keiko Fujimori, Pedro Castillo, Ultraderecha

Allí sigue, en su cuenta de twitter, incólume, el post del presidente electo Pedro Castillo, distorsionando la verdad al atribuir la muerte de un correligionario a la acción violenta de un grupo fanático de la ultraderecha y reclamando que su muerte no puede quedar impune.

El tuit, lanzado precipitadamente a las dos de la madrugada, revela claramente el intento de utilizar políticamente una tragedia sin darse el mínimo trabajo de verificar la realidad de los hechos.

Haría bien Castillo en rectificarse, pedir disculpas y, sobre todo, aprender de lo sucedido para no reiterar error semejante más adelante, cuando ya sea presidente en ejercicio.

Un error de ese calibre le puede costar la Presidencia. Un mandatario que mienta o cometa un error semejante puede verse expuesto, ante un Congreso en el que no tiene mayoría y no cuenta además con los votos suficientes para evitar una vacancia (tiene solo 42 votos seguros, entre los 37 de Perú Libre y los 5 de Juntos por el Perú, y necesitaría 44 para estar a salvo), a un descalabro fatal.

La gravedad del cargo de jefe de Estado exige una severidad que no puede exponerse a dislates de semejante calibre. Es cierto que somos humanos y cometemos errores y un Presidente no está libre de cometerlos, pero lo que acá queda claro es que el señor Castillo no revela propósito de enmienda ni voluntad política de rectificación.

El poder es la peor droga. La circulina es más potente que la cocaína. Lo peor que le podría ocurrir a un mandatario poco preparado, con enormes precariedades políticas, es entregarse al cauce de la precipitación o el exceso, imbuido del alto cargo que ni siquiera aún ocupa.

De por sí, los pronósticos políticos de la gestión de Castillo no son buenos. Aún a pesar de su saludable moderación económica, hay tremendos problemas por delante para los que no parece correctamente equipado y que van a requerir de una sabiduría particular, que por cierto no se aprecia en este poco feliz tuit.

Manejarse en medio de una pandemia que aún no cesa, resolver las enormes expectativas que sobre su gestión se ha generado en millones de peruanos -la mitad del país-, atender el teje y maneje de un Congreso donde no tiene mayoría, no son poca cosa, y van a exigir un manejo serio y responsable, una mano de estadista, no la perseverancia de un candidato beligerante e irresponsable.

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circulina, Congreso, Pedro Castillo

A propósito del día internacional del orgullo LGTBIQ (lesbiana, gay, trans, bisexual, intersexual y queer) celebrado este lunes en el mundo y en nuestro país, cabe manifestar sincera preocupación por la proliferación de futuros parlamentarios conservadores en el próximo Congreso de la República.

Por lo pronto, los de la bancada de Perú Libre sumados a los de Renovación Popular ya constituyen un número significativo (37 más 13, suman 50), a los que se sumarán, sin duda, parlamentarios de bancadas como Avanza País, Podemos, Alianza para el Progreso, del keikismo o de Somos Perú, y que a la postre seguramente harán mayoría congresal.

Ello nos hará ir a contramarcha de la tendencia mundial a favor de las libertades morales e individuales concomitantes al desarrollo del capitalismo liberal, que en líneas generales ha permitido que el feminismo o el arte contemporáneo, como expresiones contestatarias, se sumen a la causa de la diversidad sexual como elementos propios de una cultura moderna.

El erotismo humano tiene cada vez más libertad de expresar y manifestar su inmensa complejidad y variedad, que paulatinamente hará que, inclusive, la heterosexualidad excluyente sea minoritaria. Los seres humanos, liberados de las ataduras biológicas del instinto animal, hemos logrado desplegar un erotismo saludable fuera de los imperativos genéticos.

Es absolutamente normal en términos psíquicos la multiplicidad de fórmulas eróticas que se despliegan en las sociedades liberales. No hay patología ni motivo de discriminación alguno.

Se espera, en consecuencia, que la legislación respectiva de los países que acogen el reino de las libertades se adecúe a esa realidad y supere atavismos excluyentes y discriminatorios.

Mal pronóstico tiene esta causa de la libertad con el nuevo Congreso próximamente entrante. Será necesario movilizar a la sociedad civil, a los colectivos activistas y a los líderes de opinion liberales -sean de derecha o de izquierda- para impedir que se retroceda en una lucha esencial, tan importante como la defensa de las libertades políticas o económicas.

No hay sociedad liberal ni democrática que se pueda preciar de serlo si no incorpora en su orden establecido el más profundo respeto y tolerancia por las hoy minorías eróticas que pronto serán predominantes. Es una causa de la modernidad que se debe mantener en ristre.

 

El anuncio de Pedro Castillo y su posterior efectivización, de invitar a Julio Velarde a que se mantenga como presidente del Banco Central de Reserva, ha generado turbamulta al interior de Perú Libre y de su bancada, y muestra que el camino de la eventual moderación del presidente electo no estará libre de turbulencias y zozobra.

Pero lo interesante de reflexionar es si acaso, el acceso al poder por parte de la izquierda, con la dosis de realismo y pragmatismo a la que está obligado un gobernante que no sea un desquiciado (como lo fue el primer Alan García), termina por generar la edificación de una izquierda moderna, capaz de aceptar que es perfectamente posible construir una opción de políticas públicas de izquierda junto al respeto a los principios básicos de una economía de mercado.

Esta elección tan polarizada va a producir un decantamiento tanto en la derecha como en la izquierda. Ya en la derecha, el keikismo ha empezado a tomar distancia de las posturas maximalistas de la ultraderecha (ojalá lleve al keikismo a recuperar el centrismo liberal-populista de sus orígenes y abandone el nicho de la ultraderecha que tanto daño le hizo en los últimos cinco años).

Lo mismo puede suceder en la izquierda si Castillo rompe con los sectores cerronistas radicales y decide seguir el camino de la sensatez macroeconómica y si, además, abandona, así sea solo por pragmatismo, la idea de convocar a una Asamblea Constituyente. Puede terminar siendo el germen de una izquierda moderna. Castillo, por su arraigo popular, lograría lo que el elitismo de la izquierda mendocista no pudo hacer en sendas ocasiones.

Al Perú le convendría que se fortalezcan posturas de izquierda y derecha relativamente liberales, que permitan trazar en perspectiva un escenario de eventual rotación en el poder sin que eso suponga que el tablero de la gobernabilidad estalle en mil pedazos cada cinco años.

Sería bueno que el final de la transición post Fujimori dé pie a un escenario democrático a la chilena, y no a la entronización de opciones extremistas de ambos lados, que lo único que harían, a la postre, sería destruir los cauces democráticos en los que nos venimos moviendo, a pesar de todo, hace más de veinte años.

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izquierda moderna, Julio Velarde, Perú Libre

Si Keiko Fujimori continúa su distanciamiento de la ultraderecha peruana, puesto de manifiesto en su reticencia a acudir al mitin convocado en el Campo de Marte este último sábado y en el señalamiento en su propio mitin de que aceptaría los resultados del Jurado Nacional de Elecciones, puede mirar con perspectiva política optimista su futuro.

Gran parte de las desgracias del keikismo se han debido al proceso de derechización y conservadurización de los últimos cinco años, distorsionando el fujimorismo heredado, construyendo una plataforma ultra que, como consecuencia de ello, se dedicó a sabotear a un gobierno como el de PPK al que, de no haber sido por esa derechización extrema, debió haber apoyado sin ambages. Hoy Keiko sería presidenta si eso hubiera hecho.

En estos momentos, lo que le corresponde es aceptar su derrota apenas el JNE proclame a Pedro Castillo, dejar de interponer recursos dilatorios, y cuando ello ocurra acercarse a saludarlo cortésmente como corresponde en una democracia decente.

No está obligada a fungir de comparsa del gobierno de Castillo. Debe ser oposición. Eso es lo que esperan los que votaron por ella. Su opción de centroderecha está reñida con los postulados de un gobierno de izquierda como el que quiere hacer realidad Castillo y frente a la convicción de que eso no es lo que le conviene al país en estos momentos, lo natural es que el keikismo sea un dique de contención de cualquier arrebato populista y extremista del nuevo régimen.

Pero esa oposición debe ser leal, sin trampas. Frontal, pero transparente. Recia cuando se trate de defender los fueros parlamentarios y, más aún, cuando Castillo pretenda llevar al país al camino de la zozobra con su terca insistencia en convocar a una Asamblea Constituyente.

Keiko debe tener paciencia. Su destino judicial no es inexorable. Se espera que en instancias superiores o supremas se calibre el despropósito de tildar de organización criminal a Fuerza Popular y a ella de cabecilla por haber recibido aportes en negro durante anteriores campañas. Consagrada su inocencia podrá recuperar aún más del capital político que sorprendentemente logró reconstruir en esta última campaña.

El antikeikismo ha disminuido notablemente. Empezó la campaña con 70% de la población contraria. Ipsos, en encuesta de ayer, pregunta sobre las razones de los votantes de Castillo para haber marcado el lápiz: solo un 27% señala que fue por evitar que el fujimorismo llegue al poder. Keiko tiene futuro político y debe calcular con esa perspectiva los pasos que da.

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Keiko Fujimori, Pedro Castillo

-Pedro Castillo: invitó al economista Julio Velarde a mantenerse como presidente del Banco Central de Reserva. Velarde, quien ha hecho una extraordinaria gestión al mando del instituto emisor, había insinuado su retiro, imaginamos que para evitar anticipadamente algún maltrato del gobierno entrante. Con este mensaje Castillo ratifica el camino de moderación que muchos vemos como altamente probable y que supondría un rompimiento con la línea radical de Vladimir Cerrón contenida en el ideario original de Perú Libre.

Castillo persiste, no obstante, en la idea de la Asamblea Constituyente (así lo dijo en reciente evento en Cusco y en un medio marxista norteamericano), pero el pragmatismo que revela con la invitación a Velarde, quizás podría conducirlo paulatinamente a darse cuenta de que bien puede desplegar una política económica de izquierda sin necesidad de cambiar la Carta Magna, haciendo los cambios tributarios que le son tan caros y construyendo un Estado inclusivo en salud y educación, que son, en verdad, los pilares fundamentales de su propuesta de gobierno. Su mensaje, en todo caso, genera gran tranquilidad en los mercados.

-Keiko Fujimori: anoche rompió con la DBA. No se sumó al mitin convocado por Erasmo Wong en el Campo de Marte y que tenía como principal propósito erigir a Rafael López Aliaga como líder de la oposición los años venideros y que se basa en el no reconocimiento, bajo ninguna circunstancia, del triunfo de Castillo.

Keiko efectuó un mitin paralelo, más concurrido, en la Plaza Bolognesi y allí anticipó que sí reconocerá el fallo del Jurado Nacional de Elecciones. La excandidata de Fuerza Popular habría tomado consciencia de que no es un cadáver político y que necesita, en consecuencia, mover con perspectiva sus fichas en el tablero de ajedrez en el que se halla inmersa. Si ecualiza la conversión del keikismo en una opción de centroderecha liberal, divergente de la línea ultraconservadora del grupo de la Coordinadora Republicana (aupada anoche en el Campo de Marte), puede aspirar a un futuro político de mejor porvenir.

Los astros parecen estar alineándose para que la crisis política por la que pasamos, se recomponga, las aguas vuelvan a su nivel, la turbamulta se encauce y nos enfrentemos a los desafíos del bicentenario en mejor pie de lo que parecía luego de las primeras turbulencias post 6 de junio.

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Asamblea Constituyente, DBA, Julio Velarde

Se trata de desconocer a la mala el triunfo de Pedro Castillo en las urnas. El juego está claro y la cancha está trazada. Felizmente, predominan en nuestras Fuerzas Armadas sectores racionales e institucionalistas que han puesto rápido coto en la interna a los llamados golpistas de sus ex compañeros de armas.

Pero ahora toca que los magistrados del Jurado Nacional de Elecciones apuren su trabajo y eviten, de su parte, el golpe blando que los sectores más recalcitrantes de la derecha quieren perpetrar para postergar e impedir la juramentación de Castillo, en el peor de los casos, o para teñir su gobierno de ilegitimidad social cuando finalmente asuma, en el mejor.

Y le corresponde también a los partidos de centro marcar distancia de las pretensiones de la derecha cada vez más bruta y cada vez más achorada (hasta Montesinos se ha sumado a la conspiración) que es incapaz de reconocer a la democracia como un sistema superior a cualquier voluntad propia. Acción Popular, Alianza para el Progreso, básicamente, pero también Somos Perú, Podemos y los morados, debieran pronunciarse claramente contra el propósito golpista y ejercer opinión en el sentido favorable al camino de moderación que todavía con timidez despliega el candidato ganador.

La ultraderecha  va a terminar por hacer que su profecía se cumpla. Arrinconando de la forma en lo que está haciendo a Castillo no solo lo obliga a radicalizarse sino a no despegarse de quien le puede asegurar alguna capacidad de movilización social de defensa política, como es el inefable Vladimir Cerrón.

Corresponde estar alertas y vigilantes. La democracia no puede verse interrumpida por un grupo minoritario aunque poderoso, que no acepta su derrota electoral y es capaz de hacer lo que sea para evitar la legal proclamación del ganador.

No soy de los que se alegra por el triunfo de Castillo. Ojalá me equivoque respecto de mis pronósticos de un desmadre gubernativo (esperemos que Castillo entienda que su ruta debe ser la que la marca Pedro Francke y la renuncia a la Asamblea Constituyente), pero aún ese mal pronóstico no es argumento que permita justificar el trasiego político que se pretende para impedir que Castillo sea el Presidente del bicentenario.

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JNE, Pedro Castillo, Vladimir Cerrón

A propósito del fallo del Cuarto Juzgado Constitucional de Lima, declarando nulo el contrato de compraventa de las acciones de Epensa al Grupo El Comercio, es menester discutir sobre algunos problemas serios que subsisten en el mercado periodístico peruano, además del tema puntual citado.

En prensa escrita, más allá de la concentración refutada, hay barreras que impiden la libre competencia y acceso de nuevos competidores. ¿Sabía usted que a cualquier diario nuevo, los canillitas le cobran 5% más de comisión que a los diarios antiguos? Eso no debería estar permitido. Es como que los restaurantes nuevos paguen 23% en lugar de 18% de IGV por el solo hecho de serlo. ¿Sabía usted que la anterior empresa responsable de medir la lectoría no medía a los diarios nuevos si no recién después de su segundo año por un acuerdo en el que, felices ellos, participaron los grupos periodísticos más importantes, obligando así a cualquier diario nuevo a transitar por el desierto publicitario durante ese lapso? ¿Indecopi no tiene nada que decir respecto de ambos temas? Al parecer, el tema de la medición de lectoría acaba de cambiar, enhorabuena, pero hay que estar vigilantes para que no se reedite esa barrera de ingreso al mercado.

En el tema de la radio y la televisión, el mayor problema es que los gobiernos últimos vienen postergando una y otra vez el apagón analógico, que al abrir las señales al campo digital permitiría transitar de los actuales siete canales de señal abierta a que hubiese por lo menos cien. Y en el caso de la radio (que debió empezar el 2004 con la digitalización de la AM), multiplicaría por seis el número de estaciones vigentes.

El lobby de los actuales canales de señal abierta y de los “cableros” ha impedido que se produzca el apagón analógico mencionado, el cual permitiría la democratización del espectro radioeléctrico, al coadyuvar al ingreso en igualdad de condiciones de nuevos actores empresariales sin necesidad de tener que pagar fortunas por las señales ya existentes, que son pocas.

La libertad de empresa es condición necesaria para que haya libertad de prensa, pero si el propio Estado permite o dispone restricciones serias a la libre competencia en este sector empresarial, restringe la posibilidad de acceso de los ciudadanos a un mercado informativo libre y democrático.

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Indecopi, Libertad de prensa
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