«No es momento de que los castillistas celebren alborozados el triunfo ni de que los keikistas se conduelan deprimidos por los resultados de las primeras encuestas».

Hay un dato revelador en la última encuesta del IEP: un 58% de la población señala que se debería mantener el modelo, pero con cambios, mientras que un minoritario 33% dice que se debería cambiar totalmente. En la propia izquierda, hay un 52% que señala lo propio, que se debe mantener el modelo, pero con cambios, y en la derecha el 63%.

No estaría cayendo en saco roto el mensaje de Keiko Fujimori de defensa del modelo y su narrativa anticomunista. Claramente apunta a reforzar su núcleo duro, de derecha, centro y hasta una porción de la izquierda. Y es más fácil para Keiko decir que va a defender el modelo y le va a hacer algunos cambios que a que Castillo lo haga.

Castillo está atrapado en su lógica radical. Difícilmente va a poder salir de ella. Su propia bancada está partida en tres: los prosenderistas, los cerronistas y unos cuantos castillistas. Si se modera no solo perdería a su facción radical -que fácilmente puede dejar de votar por él y pasarse al bolsón de blancos y viciados- sino que puede resultar inverosímil y proyectar la imagen de la impostura.

No es casual que Castillo rehúya las entrevistas en set, ante periodistas calificados y acuciosos y solo decida declarar a reporteros, sin posibilidad del intercambio de preguntas y respuestas necesario y sin el tiempo debido (él mismo se encarga de cortar las entrevistas).

Nada está definido en esta elección aún. Las actitudes, más que la ideología, va a jugar un papel preponderante y ya estamos viendo que, según la propia encuesta del IEP, hay mayor facilidad de que el discurso de Keiko (si le agrega alguna dosis de anti establishment) pegue antes que el de un rígido Castillo (no tiene muchas variables de juego).

No es momento de que los castillistas celebren alborozados el triunfo ni de que los keikistas se conduelan deprimidos por los resultados de las primeras encuestas. La campaña recién comienza y no estamos ante bloques ideológicos afianzados y duros que sean imposibles de convencer de su migración.

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Keiko Fujimori, Modelo económico, Pedro Castillo

«Keiko va a tener que convencer al antifujimorismo con algo más potente que la sola invocación anticomunista que ha elegido como narrativa de inicio de campaña».

La diferencia de intención de voto que muestra la encuesta del IEP en La República (41.5% versus 21.5%) -casi el doble- parece indicar que la elección ya estuviera ganada por el candidato de Perú Libre. Hay, sin embargo, tela por cortar y trecho por desbrozar. Cabe analizar la difícil estrategia que deberá realizar Keiko para remontar. Tendrá que ser una estrategia segmentada, multiverso e intensiva.

Derecha.- Primero va a tener que convencer a la propia derecha. Si uno, a priori, sumaba las votaciones en primera vuelta de la propia Keiko (10.9%), López Aliaga (9.56%), De Soto (9.4%), Acuña 4.9%), Forsyth (4.6%) y Beingolea (1.6%), la candidata de Fuerza Popular tendría que haber empezado la segunda vuelta con 40.96%. Pero según la propia encuesta, se ve cómo, por ejemplo, un 23.6% de los votantes de López Aliaga y un 18.3% de los de De Soto se han ido con Castillo en la segunda vuelta. En este segmento tendría la labor de cosecha aparentemente más fácil o propicia, pero hay trabajo por hacer.

Antifujimoristas.- según el IEP, hay un 21.2% de blancos/nulos y un 13.5% de indecisos. Allí anida el gran bolsón de centro y derecha antifujimorista y antikeikista (ella se ha ganado a pulso su propio antivoto por su deleznable actuación política de los últimos cinco años) al que Keiko va a tener que convencer con algo más potente que la sola invocación anticomunista que ha elegido como narrativa de inicio de campaña (suponemos, claro está, que es solo el primer paso de una estrategia más compleja). Gestos, anuncios, endoses más eficaces que los de Vargas Llosa, nombramientos anticipados, etc.

Anti establishment.- la gruesa mayoría del electorado y que cruza no solo todos los sectores sociales (hay un 26.5% del AB que votará por Castillo), sino también edades y regiones. Es el sector molesto con lo que identifica como “modelo económico”, al que se ha sumado desgraciadamente el bolsón de empobrecidos por la recesión pandémica, y al que solo se le puede conquistar con un discurso crítico de las enormes falencias de lo que hemos vivido los últimos veinticinco años. Keiko tendría argumentos para hacerlo. Pasa, por lo pronto, por recuperar en seis semanas el talante antiestablishment connatural al fujimorismo auroral que ella dice querer rescatar. Pero este es su nicho más refractario porque es un votante que tendría que robarle a su contendor, quien ya lo tiene consigo.

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Elecciones 2021, Keiko, Keiko Fujimori

¿Es creíble la moderación de Pedro Castillo, manifestada en una comentada entrevista radial en Exitosa? ¿Estamos siendo testigos de la “ollantización” del candidato más radical que ha pasado a una segunda vuelta en la historia electoral peruana de los últimos lustros? ¿Castillo se está poniendo el polo blanco? ¿Vladimir Cerrón será dejado de lado como operador político y mentor ideológico?

Es difícil que algo así suceda. Desde un punto de vista puramente pragmático, Castillo corre riesgos con ello. Eventualmente, puede ayudar a que el antifujimorismo no ceda (hay muchos votantes de centro y derecha que ante la moderación de Castillo han reencontrado razones para no tener que taparse la nariz y votar por Keiko), pero puede perder un nicho electoral, que ya en algunas redes sociales radicales empieza a manifestar su disconformidad respecto a este giro narrativo del profesor cajamarquino. Y que no es poco. Debe ser un 7 u 8% ese electorado radical. Su desencanto de Castillo puede llevarlo a perder la segunda vuelta.

Lo dicho no nos hace soslayar, sin embargo, y preguntarnos por qué la reacción histérica de la derecha respecto de esa eventual moderación. Hay los que creen que es pura estrategia electoral y por ende increíble y hasta denunciable, pero hay a quienes les irrita porque creen que es genuina y que con ello se asegura el triunfo electoral definitivo.

Pienso, por el contrario, que ojalá Castillo, quien puede ser Presidente del país, se acerque, por ejemplo, a las posturas de Verónika Mendoza y Juntos por el Perú, y que sea esta agrupación la que le ponga los cuadros tecnocráticos en caso llegase al poder. JPP no tiene muchas armas de negociación, su votación ha sido menor y su bancada es exigua, pero tiene cuadros que Castillo no tiene.

Si eso ocurriera, en el escenario de un eventual triunfo de Castillo, al menos no veríamos desplegada la psicopatía ideológica del cerronismo, sino una postura más centrada y viable como la que prometían los Pedro Francke u Oscar Dancourt (era un delirio ultraderechista acusarlos de chavistas).

Igual, en perspectiva, sería un retroceso para el país. Un plan económico de izquierda, por más moderado que sea, no es lo que el Perú necesita en estos momentos. Lo que urge es un shock de inversiones capitalistas sumado a la reconstrucción de un Estado eficaz e inclusivo, que deje de alimentar a los antisistemas que hoy se expresan mayoritariamente por la opción radical de Castillo. Y eso solo lo puede ofrecer una derecha liberal. Pero al menos esa izquierda moderada no sería el salto al abismo que el plan original de Perú Libre implica.

Hay que seguir observando los movimientos de esta campaña. Cada pieza forma parte de un rompecabezas que se está armando y hay que mirarlo así, en perspectiva. Falta mucho trecho por recorrer.

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Elecciones, Elecciones 2021, Pedro Castillo, Perú Libre

El candidato Pedro Castillo ha empezado a moderar su discurso confrontacional. Intuye que con la persistencia radical de finales de primera vuelta y primeros tiempos de la segunda podía ir amasando un antivoto importante (ya la encuesta de Datum muestra que hay tanto anticomunismo cojo antifujimorismo).

Con ello desafía a Keiko Fujimori, quien tiene tremendo reto por delante. No le basta el terruqueo ni el antichavismo, aunque el argumento sí resuena. Ha empezado una eficaz campaña de marketing peruano/antiperuano, que es tan potente como la de Castillo pobres/ricos, pero aún así, eso no le será suficiente.

La candidata de Fuerza Popular debe asegurar la defensa del modelo -fuente primigenia de su base electoral-, pero a la vez debe reducir el enorme antivoto que sufre y, no bastando con ello, debe recuperar el espíritu auroral anti establishment del fujimorismo.

Quien mejor exprese el humor ciudadano, su malhumor para ser más preciso, podrá conquistar a los sectores populares, muchos de los cuales no han sido beneficiarios del modelo económico y otros han sido expulsados de sus logros por culpa de la recesión pandémica.

A ellos se suma el enorme bolsón poblacional de gente que no recibe nada del Estado y así identifica al modelo. Con una salud pública de país del cuarto mundo, con una educación pública que no es inclusiva ni igualitaria y con una seguridad que parece coto exclusivo de los ricos, no hay ciudadanía capaz de ser integrada al statu quo.

¿Cómo lograr que la defensa del modelo comulgue con la crítica al Estado asociado a él? Ese es el desafío de Keiko Fujimori y de la derecha peruana en general. Castillo, y la izquierda en particular, la tienen más fácil. Su discurso antisistema prende con mayor facilidad (en gran medida, el fracaso electoral de Verónika Mendoza pasa por haber rebajado ese perfil confrontacional en el tramo final de la primera vuelta).

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Elecciones, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

«No es suficiente con que se comprometa a no indultar a Montesinos como le ha planteado Vargas Llosa (¿alguien en verdad temía que eso ocurriese?)»

Gracias a una buena estrategia de marketing, Keiko Fujimori logró pasar indemne la primera vuelta libre de los ataques de sus adversarios y liberada además del recuerdo de los últimos cinco años desastrosos y miserables del fujimorismo.

De algún modo, la izquierda y el centro liberal enfilaron sus baterías contra el ultraderechista Rafael López Aliaga y dejaron pasar exenta de cualquier cargamontón a la receptora del mayor de los antivotos.

No le va a bastar a Keiko invocar el anticomunismo para derrotar a Castillo -quien le hace al juego al plantarse en su postura radical, sin concesiones al centro (aunque hoy mismo, en RPP, acaba de lanzar un discurso más moderado)-, ni tampoco agregar a su pauta narrativa alguna vocación anti statu quo para sintonizar con los millones de peruanos hartos del modelo.

Es necesaria una reconciliación con los indecisos, con la propia derecha que no votó por ella en la primera vuelta y que aún no se inclina a su favor (el mayor número de blancos y viciados en la última encuesta de Ipsos está en Lima y en el norte, presuntos bastiones históricos del fujimorismo).

No es suficiente con que se comprometa a no indultar a Montesinos como le ha planteado Vargas Llosa (¿alguien en verdad temía que eso ocurriese?), nique asegure que solo se quedará cinco años en el poder. El compromiso debe ser mayor.

Debe abarcar una puntillosa política anticorrupción que evite una reedición de la putrefacta gestión de los 90, y una detallada agenda de cautelas y de respeto a los poderes constituidos para no repetir el copamiento de las instituciones públicas que perpetró no solo en los 90 sino que quiso reeditar en el último lustro.

Hay dos sectores claves para que Keiko Fujimori de muestras cabales de cambio de voluntad política: Educación y Premierato. Las peores salvajadas e intransigencias del fujimorismo de los Becerrril y las Beteta fue contra los titulares de Educación de PPK y Vizcarra. Tiene que anunciar allí a alguien  que continúe la reforma educativa, universitaria y magisterial, de los últimos años.

Y un Premierato independiente, de alguien alejado de los rediles fujimoristas, puede ser un buen punto de partida para amainar el legítimo grado de suspicacia que existe en la población no solo de izquierda sino también centrista y derechista respecto de las credenciales democráticas del fujimorismo.

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Los marginados del modelo no son pocos. Son millones. Y a ellos se les ha sumado un bolsón importante de ciudadanos que han pasado a la pobreza producto de las cuarentenas dictadas para combatir la pandemia.

Este segmento poblacional es, obviamente, anti establishment. Quiere un cambio de su situación y ello lo deriva a esperar, justamente, un cambio del modelo. Es la base social que alimenta la votación de Castillo.

No podemos dejar de atribuirle enorme responsabilidad a Vizcarra en el descalabro electoral que ha ocurrido. Su mediocre gestión gubernativa y su manejo absurdo e irracional de la primera cuarentena destruyó la economía y no resolvió un ápice el flujo evolutivo de la enfermedad.

Solo nos supera Venezuela en la caída del PBI ocurrida el año pasado. El PBI peruano cayó 13%, más que el resto de países de la región, arrastrando consigo a más de dos millones de peruanos de la clase media en la que estaban, precariamente pero estaban, hacia la pobreza. ¿Ese ciudadano puede estar contento con el modelo? Por supuesto que no.

A ello se le debe sumar la aplicación de un programa de asistencia familiar, mediante bonos, absolutamente ridícula, que este gobierno ha continuado. No hubo jamás subsidios a la planilla, los bonos se entregaron en menor cuantía y tarde, mal y nunca. El Estado no fue capaz de contener el golpe devastador de la cuarentena a las economías familiares. El Estado (“modelo”) les falló a millones de peruanos. ¿Cómo van a estar contentos con ello?

Castillo es, en esa perspectiva, hijo ideológico de Vizcarra. En verdad, es hijo de una transición democrática mediocre y corrupta que ni siquiera en sus años de bonanza fue capaz de construir un Estado inclusivo (salud, educación, seguridad y justicia) y generó una casta de ilegales dentro de su propio país, que vio pasar a lo lejos las bondades del modelo.

Hay millones de beneficiarios del modelo seguido, pero hay otros tantos marginados del mismo y son votantes anti establishment. Tremendo desafío el de Keiko Fujimori de convencerlos y a la vez ser pro statu quo, dicho sea de paso.

Entre los múltiples pasivos políticos y económicos que hay que achacarle a Vizcarra es haber creado las condiciones de crisis suficientes para la generación espontánea de un candidato radical y extremista como Pedro Castillo, que amenaza con patear el tablero y hacer volar todo por los aires, con el aplauso y beneplácito de millones de compatriotas.

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Juan Carlos Tafur, Keiko Fujimori, Martín Vizcarra

Los marginados del modelo no son pocos. Son millones. Y a ellos se les ha sumado un bolsón importante de ciudadanos que han pasado a la pobreza producto de las cuarentenas dictadas para combatir la pandemia.

 

Este segmento poblacional es, obviamente, anti establishment. Quiere un cambio de su situación y ello lo deriva a esperar, justamente, un cambio del modelo. Es la base social que alimenta la votación de Castillo.

 

No podemos dejar de atribuirle enorme responsabilidad a Vizcarra en el descalabro electoral que ha ocurrido. Su mediocre gestión gubernativa y su manejo absurdo e irracional de la primera cuarentena destruyó la economía y no resolvió un ápice el flujo evolutivo de la enfermedad.

 

Solo nos supera Venezuela en la caída del PBI ocurrida el año pasado. El PBI peruano cayó 13%, más que el resto de países de la región, arrastrando consigo a más de dos millones de peruanos de la clase media en la que estaban, precariamente pero estaban, hacia la pobreza. ¿Ese ciudadano puede estar contento con el modelo? Por supuesto que no.

A ello se le debe sumar la aplicación de un programa de asistencia familiar, mediante bonos, absolutamente ridícula, que este gobierno ha continuado. No hubo jamás subsidios a la planilla, los bonos se entregaron en menor cuantía y tarde, mal y nunca. El Estado no fue capaz de contener el golpe devastador de la cuarentena a las economías familiares. El Estado (“modelo”) les falló a millones de peruanos. ¿Cómo van a estar contentos con ello?

 

Castillo es, en esa perspectiva, hijo ideológico de Vizcarra. En verdad, es hijo de una transición democrática mediocre y corrupta que ni siquiera en sus años de bonanza fue capaz de construir un Estado inclusivo (salud, educación, seguridad y justicia) y generó una casta de ilegales dentro de su propio país, que vio pasar a lo lejos las bondades del modelo.

 

Hay millones de beneficiarios del modelo seguido, pero hay otros tantos marginados del mismo y son votantes anti establishment. Tremendo desafío el de Keiko Fujimori de convencerlos y a la vez ser pro statu quo, dicho sea de paso.

 

Entre los múltiples pasivos políticos y económicos que hay que achacarle a Vizcarra es haber creado las condiciones de crisis suficientes para la generación espontánea de un candidato radical y extremista como Pedro Castillo, que amenaza con patear el tablero y hacer volar todo por los aires, con el aplauso y beneplácito de millones de compatriotas.

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Juan Carlos Tafur, Keiko Fujimori, Martín Vizcarra

«Era previsible que Pedro Castillo apareciese encabezando las encuestas. Venía en alza ya un par de semanas antes del día de la elección»

Era previsible, como lo señalamos ayer, que Pedro Castillo apareciese encabezando las encuestas. Venía en alza ya un par de semanas antes del día de la elección y además ha merecido una natural exposición en los medios en los últimos días por haber ocupado el primer lugar el 11 de abril.

 

Eso puede explicar por qué, a diferencia de las primeras encuestas que se han hecho en anteriores segundas vueltas, esta vez la distancia sea mayor (42 a 31%, según Ipsos), lo cual, por cierto, no es, de ningún modo, un predictor del resultado final.

 

Si algo hemos visto en esta elección es que las encuestadoras no están en capacidad de prever a dos meses de una elección cuál será el resultado final. Ni siquiera a una semana de la misma. Y no ocurre así porque sean parte de una conspiración manipulatoria sino porque nuestro país es políticamente desafecto y cambiante.

 

Seremeos partícipes, además, de una elección polarizada que conforme se acerque el día electoral arreciará en ataques y denuncias que irán mostrando el verdadero rostro de ambos candidatos.

 

En ese sentido, Keiko tiene una cierta ventaja porque ya la gente la conoce. Los que la respaldan y los que la odian. A pesar de ello, su antivoto viene disminuyendo.

 

En cambio, a Castillo no se le conoce. Y tiene mucho por explicar no solo en materia de delirantes propuestas económicas -a las que se va a aferrar tozudamente, ha dicho- sino por sus evidentes cercanías con grupos radicales a su vez vinculados a Sendero Luminoso. No es terruqueo, es realidad constatable. Mientras el antivoto de Keiko parece que tiende a disminuir, el de Castillo tenderá a subir.

 

Será una final ajustada en donde Keiko la tiene cuesta arriba porque tiene que explicar las bondades del modelo económico no solo a muchos marginados del crecimiento que dicho modelo ha traído sino también a los afectados de la pandemia que instintivamente quieren un cambio del statu quo y encuentran en Castillo la mejor expresión de ese deseo.

 

La encuesta refleja un Perú segmentado, sin duda, pero donde ambos candidatos comparten importantes nichos sea por nivel socioeconómico, región geográfica o cualidad centralista o provinciana (Castillo tiene 17% en el sector A!!!, y Keiko 24% en el E). Hay una estratificación diferente, pero compartida, lo cual hace más difícil el pronóstico final.

 

No es un Perú clara y radicalmente dividido en dos, como sí hubiera ocurrido si por ejemplo a Castillo le tocaba al frente algún otro candidato de la derecha como Rafael López Aliaga o Hernando de Soto.

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Juan Carlos Tafur, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

«Apostar en estos momentos por experimentos populistas o radicales estatistas es asomarnos a un abismo del que nos demoraremos décadas en salir».

Hay diversas variables contrapuestas que se cruzan en la elección de hoy. Conservadurismo versus liberalismo; democracia versus autoritarismo; estatismo versus libremercadismo; corrupción versus anticorrupción (esta dicotomía está cada vez más devaluada luego de conocer el destino de quienes se erigieron en paladines de la moralidad). Por alguna de ellas o su sumatoria, muchos ciudadanos decidiremos nuestro voto.

 

Haciendo expresión manifiesta de mis filtros, considero que en estos momentos es el tema económico el fundamental. No es el único, pero es el principal junto con el talante democrático del candidato. La pandemia ha destrozado la economía y ha sumido a millones de peruanos que ya habían logrado ascender a la clase media nuevamente en la pobreza. Y la pandemia no tiene cuándo acabar, siendo lo más probable que la crisis dure todo este año.

 

Se va a necesitar de modo urgente, para librarnos de las consecuencias funestas de la pobreza (delincuencia, anomia, autoritarismo, corrupción, violencia familiar, etc.), que quien nos gobierne despliegue un shock de inversiones privadas, capaz de movilizar el aparato productivo nacional y echarlo a andar.

 

Por cierto, hay que aprender de las lecciones del pasado. No basta con crecer. Lo hemos hecho en veinte años: a despecho de gobernantes mediocres o corruptos, se ha logrado reducir la pobreza como nunca antes en nuestra historia republicana.

 

Pero a tales gobiernos no les importó el desastre de nuestra salud pública (y su superlativa incidencia en la capacidad de inserción ciudadana al sistema), lo paupérrimo de nuestra educación universal y gratuita, la desgracia lacerante de la inseguridad ciudadana sobre todo en las zonas más humildes del país, y la corrupción endémica de nuestro sistema judicial (que también golpea, más que a nadie, a los pobres).

 

Esas reformas hay que hacerlas con sentido de urgencia. Pero ninguna de ellas será viable si no se sustentan en una economía en crecimiento que alimente las alicaídas arcas fiscales. La economía es hoy en día la madre de todas las batallas.

 

Por eso cabe la invocación de votar por aquellos candidatos que garanticen ello. Manteniendo alertas las salvaguardas de los otros criterios de decisión, lo indudable es que apostar en estos momentos por experimentos populistas o radicales estatistas es asomarnos a un abismo del que nos demoraremos décadas en salir.

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11 de abril, Elecciones 2021, Juan Carlos Tafur
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