Volver a ser yo

Volviendo a ser yo

Ese niño de pelo rapado, parecido a Gasparín, me miraba. Con medallas colgando del cuello, rodeado de amigos y astuto. Un campeón me mira de vuelta, del otro lado del reflejo. El niño que nunca fue.
[MIGRANTE AL PASO] Una extraña sensación de querer volver a ser yo. Me rapé la cabeza. Ya no puedo dejarme el pelo largo. Me estoy quedando calvo y mis entradas se vuelven más prominentes dependiendo de qué tan largo está mi pelo. El espejo me decía que era el mismo. Mis rasgos y gestos se han mantenido; por lo menos eso creo. Me parece que son otras personas las que pueden notar cambios bruscos. Ese niño de pelo rapado, parecido a Gasparín, me miraba. Con medallas colgando del cuello, rodeado de amigos y astuto. Un campeón me mira de vuelta, del otro lado del reflejo. El niño que nunca fue. La promesa perdida. Quien desperdició su talento. Eso me dicen mis propios ojos al mirarme a través del espejo.

Mis propios ojos. Esa mirada la ha compartido el campeón de karate, el adolescente rebelde que no le hacía caso a los profesores, el que se dio un año sabático, el que migró a otro país, quien viajó por el mundo y aún le falta conocer la mayoría, el escritor, el drogadicto que no sabía qué hacer, el tipo deprimido, el que siempre sonríe, el que escribió un libro sin saber por qué y que tampoco sabe por qué escribe ahorita. Todo eso soy. En distintos momentos, pero siempre el mismo. Entonces, ¿por qué esa sensación particular de querer volver a ser yo? No llego a entenderlo. Es una melancolía constante. Estoy aburrido de ser adulto. Tal vez es una pataleta, pero no deja de ser cierta.

Los tiempos están cambiando y, con él, también yo. En diez años el mundo será otro, pero yo quiero dejar de cambiar. Se puede volver agotador. Estoy cómodo. No quiero ver a mis padres ancianos, no quiero vivir en un mundo sin mi abuela y tampoco quiero que esa mirada en el reflejo tenga la cabeza calva; lamentablemente, es un hecho. Ahora, después de una fiesta en la que diez horas pasaron en minutos, escribo estas palabras; de lo contrario, no me atrevería. El alcohol aún está afectándome ligeramente. Igual no veo mucha diferencia entre yo borracho y yo sobrio. Es un poco gracioso; muchos deben creer que estoy totalmente loco, probablemente gente muy normal. Ellos están totalmente locos para mí.

Tu caso es diferente, porque no sabes lo que quieres —me dijeron hace unos días terminando de almorzar—. Nunca había dicho en voz alta y sonriendo que, efectivamente, ni yo sé qué quiero. Ya lo había dicho como protesta, reclamo y excusa. Esta vez simplemente lo acepté. Ese es un cambio que sí me gusta. De hecho, me pregunto si realmente existe gente que sabe lo que quiere. Se me ocurren algunas cosas superficiales como ser millonario y tener una casa en Kyoto; para un “loco” como yo, todo eso solo podría ser una etapa. No concibo el hecho de asentarme y ser de una manera. Soy alguien que normalmente no termina las cosas y las cosas normalmente no terminan como quiero. Solo estoy seguro de un par de cosas, primero que quiero viajar y segundo, escribir. La razón, no la se. Lamentablemente, para eso necesito algo de plata, tampoco infinito. Por eso estoy poniendo un negocio. Si las cosas salen bien, en unos años podrè continuar con mi sueño egoísta. Si salen mal, que no creo, lo hare igual. Caminare un poco más si es necesario. Igual, como mencione antes, no suelo apegarme a un solo plan y quedarme ahí, así que mis sueños también pueden cambiar. Nunca se sabe.

Soy adulto, pero no tan viejo. Por más que sienta lo contrario. Treinta y dos años no está mal. ¿Ustedes saben qué quieren? ¿Qué hacer? ¿También sienten esa melancolía? Espero que alguien mayor me diga que no es una sensación eterna. Probablemente también la sienten, pero sería una melancolía de cuando tenían mi edad. Son pensamientos que aparecen de vez en cuando. Lo bueno es que la melancolía no nace de un sentimiento negativo. En todo caso, es extrañar alegrías pasadas y definitivamente vendrán nuevas; siempre es así. Y eso de extrañar ser yo solo es una ilusión, porque lo soy todos los días. De hecho, felizmente aun me reconozco en mi reflejo eso quiere decir que no me ha pasado nada grave, ni he engordado tanto como para no reconocerme.

Mas artículos del autor:

"Volviendo a ser yo"
"Aun hay algo de bien"
"Ojos cansados"
x