[Migrante al paso] Estuve en Estados Unidos por Navidad y Año Nuevo. Todas las noticias giraban alrededor de Trump, desde sus polémicas declaraciones en Truth Social, la red social creada por él mismo; la invasión de Venezuela; y más atrocidades cometidas por ICE. Felizmente, se podía notar cómo la mayoría de estadounidenses ya no está de acuerdo con él, pero sigue teniendo demasiados seguidores. No sé si fue cosa mía, pero en las 3 semanas que estuve sentí una diferencia en cuanto a la tensión que se siente en los aeropuertos e, incluso, en la calle. He ido a varios lugares del mundo y en ninguno he sacado mi pasaporte a la calle por miedo a que me detengan. Es algo improbable, pero el hecho de que lo haya tenido en cuenta ya implica que efectivamente ha habido cambios. El año pasado, tomabas un taxi en Miami y los propios latinos idolatraban a Trump y trataban de convencerte de que votar por él era lo mejor. Ahora es todo lo contrario. Lamentablemente, se dieron cuenta muy tarde. Regresé a Lima esta vez y me llevé la sorpresa de que mucha gente ama a este señor naranja, bajo el ridículo argumento de que es el único que está haciendo algo en contra del comunismo. La gente está perdiendo la cabeza.
Yo pensaba que este año iba a tener menos discusiones e iba a estar tranquilo; me temo que estaba equivocado. Hay cosas que uno no puede dejar pasar por alto, así el ataque no sea directo. Si no se hace nada ante los discursos de odio, es muy posible que nos enfrentemos a un escenario similar al de Europa durante y antes de la Segunda Guerra Mundial. Es un hecho que la gente está molesta y desesperanzada; se entiende porque estamos en una época de crisis donde trabajar o estudiar parece que ya no son suficientes para poder vivir tranquilo, simplemente porque no te alcanza. Hasta ahí es normal y comprensible que se repita una sensación generalizada; lo que sí es un problema es que se repita una búsqueda de culpables en grupos minoritarios. Con eso viene una fila de líderes políticos autoritarios y con reformas odiosas; Trump, siendo el más preocupante. Si a eso le sumas la desinformación y propaganda masiva en redes sociales y tensiones geopolíticas, ya tenemos casi completo el panorama.

Hace 15 años aproximadamente, en un viaje familiar, saliendo de un museo de la memoria en la Ciudad de México, le pregunté a mis padres cómo alguien podía llegar a ese nivel de maldad. Se lo pregunté luego de leer algunos testimonios de los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial; testimonios sobre los campos de tortura y genocidios durante el gobierno de Pol Pot en Camboya; y otras atrocidades. Lo que tenían en común la mayoría era el odio a un grupo de personas y la manipulación de la gente a través del miedo. De más chico, en otro viaje familiar, estábamos en Ámsterdam y luego de visitar la casa de Ana Frank me compraron en la tienda que siempre está al salir de los museos el famoso diario. Lo comencé a leer durante el viaje. Tenía máximo 12 años, de repente menos. Ese tipo de recuerdos me hacía poner en duda que puedan repetirse estos sucesos. Los últimos 3 años me dediqué a viajar y a conocer distintos países, culturas e idiomas. La ignorancia es demasiado grande. La gente no sabe nada. Solo me sorprendí en Japón por el nivel de conocimiento de la gente de a pie. Yo pensé que viajando me iba a esperanzar un poco en cuanto al desarrollo de la sociedad, pero fue al revés. Me di cuenta de que lo que más existe en el mundo es miedo e ignorancia, y de esas dos cosas solo se puede esperar lo peor.
A veces me preguntan: ¿por qué te molesta tanto lo que pasa en otros países? O cosas por el estilo. Ahorita no se han cometido injusticias o ataques hacia mí o hacia gente que conozca, pero sí ya están atacando a gente por cualquier razón sin sentido, lo que te hace pensar que no comiencen a odiar o discriminar a los peruanos o sudamericanos. En realidad, ya lo hacen, pero la gente prefiere no ver. Idolatrar a Trump, siendo peruano y él abiertamente racista, sobre todo hacia los latinos, es descabellado y ridículo; la razón detrás de eso es que, al igual que odian sin leer antes al respecto, también lo hacen al momento de idolatrar. En fin, yo también lo llevo al otro extremo. Para mí tener a otra persona de ídolo ya me parece patético, así sea la persona más buena del mundo. Es por eso que cuando me salen noticias de presidentes y otras personalidades importantes chupándole las medias al líder estadounidense me da rabia y siento impotencia. Ver a Milei bailar como Trump casi me hace vomitar. Lo gracioso es que, en cuanto a ideologías, pensaría que me inclino más hacia la derecha, pero ya llegaron a un punto de ridiculez tan alto que estar de acuerdo con ellos sería insultarme a mí mismo.







