Nuevo aprendizaje

Nuevo aprendizaje

Mis insomnios no venían con estrés ni tristeza. Los pensamientos derrotistas ya no aparecen al despertar. Ha ocurrido un cambio, después de meses de un poco de esfuerzo y orden; poco, pero esfuerzo y orden igual. Al igual que en mis veintes tomé esa decisión en cuanto al caos juvenil, ahora siento que he tomado otra; no sé exactamente cuál. Y no he tenido muchas decisiones sustanciales en mi corta vida. Por más aprendizajes, entonces.

[Migrante al paso] Mis veintes. Tiempos difíciles. Mucho caos, mucha confusión y también muchísima diversión. Al comienzo, luego de muchas irresponsabilidades que me hacían sentir invencible, fueron perdiendo su efecto empoderador y se transformaron en fuente de inseguridades y crisis de identidad. El grupo de amigos que tengo, que en ese momento era más extenso, funcionaba debido a mi funcionamiento como amigo pegamento. Yo me sentía responsable de los excesos de los que muchos fueron víctimas. Yo ya no quería esa vida y tenía que tomar una decisión. Mi mente estaba en disonancia; por un lado me quería y por otro no sabía qué repercusión iba a tener en este grupo de amigos. A mí las fiestas y el descontrol nocturno ya no me tentaban; todo lo contrario. Me alejé. Me juntaba con mis amigos de toda la vida solo en planes tranquilos. Estaba aburrido y ese estado me duró bastante. Ahora sé que era el camino correcto: ese sendero aburrido me llevó a conocer distintas culturas y maravillas por viajes; comencé a escribir; tuve ataques de pánico diarios cuando viví por dos años en Argentina; me desmayé; me peleé en la calle; fui bueno e intenté ser malo, pero no me funcionó. Toda esa temporada de mi vida me hizo darme cuenta de que había sido un huevón. Después de todo, quien no se da cuenta de eso eventualmente es porque sigue siendo un huevón.

Me retracté de la universidad. Mis padres y mi psicólogo me decían que sucedía lo mismo de siempre. Pensaban que cada vez que se me presentaba un obstáculo me echaba para atrás. Me hacían sentir un cobarde y tal vez lo estaba siendo. Pero no era un obstáculo normal; no se trataba de un obstáculo difícil, ni de que no pudiera entender materias. Iba más bien por el temor de cambiar mi vida y ceder la libertad a la que tanto me aferraba y a la que todavía me aferro. Los proyectos de vida, como el que estoy haciendo ahora de desarrollar un negocio, son procesos en los que mi realidad va a cambiar. Lo mismo me pasaba en relaciones con chicas; me decían que soñaba mucho, pero en ese caso sí tomé la decisión correcta. Pedirle a un soñador que se rinda a ellos es como pedirle que venda su alma. Una vida sin alma no es vida. Yo quería cambiar el mundo; a muchos no les gustaba eso. Sin embargo, yo me di cuenta de que si algo no me gusta de la realidad la tengo que cambiar cueste lo que cueste. En esa voluntad necia y valiente estaba arraigada mi identidad. Después de todo, soy libre de escoger y decir lo que quiera hacer y decir. Eso no me lo quita nadie y moriré así. Me gusta. Callarme es solo tarea mía. Mi única falta fue no darme cuenta de que me aterraba saber que era necesario cambiar mi estilo de vida radicalmente para conseguir lo que quería. En cierto modo estaba cómodo sintiéndome mal y, por rebeldía sin sustento, me costó darme cuenta de que ese cambio era necesario. A veces es fundamental permitirte cometer errores para darte cuenta tú mismo, y fue justamente lo que hice.

Cumplí 32 años y siento que por fin dejé la mayoría de mis inseguridades atrás; no todas, y tener una que otra también es saludable. No sé si tiene que ver la edad o si simplemente me di cuenta; no importa, hay infinitas cosas de las que aún no me doy cuenta. Sigo siendo susceptible a muchas cosas y a vivir alimentado constantemente de microconflictos que muchas veces determinan el estado de ánimo de mi día. Por eso, llegó el momento de no dejarme entrenar a vivir en este estado de loop constante de malestar; nadie tiene por qué avanzar día a día así. Vaivenes de rabia y scrolling donde se mezclan la dopamina con el cortisol o estrés. Lo peor es que darse cuenta de eso es difícil.

Regresé a Lima después de 20 días sin redes sociales; al llegar a mi ciudad descargué de nuevo las redes y me dio insomnio. Se vienen cosas nuevas en mi vida, de las que estoy acostumbrado a retractarme. Sin embargo, es distinto. Mi motivación es otra y no siento manía, como lo hacía antes. Hay miedo, pero no pánico. En pocos días acá, entre el calor y una pequeña lesión en la rodilla, se generó más flojera que preocupación para hacer ejercicio. Estuve mucho tiempo en el loop obsesivo y dañino de redes sociales, pero me duró días. Mis insomnios no venían con estrés ni tristeza. Los pensamientos derrotistas ya no aparecen al despertar. Ha ocurrido un cambio, después de meses de un poco de esfuerzo y orden; poco, pero esfuerzo y orden igual. Al igual que en mis veintes tomé esa decisión en cuanto al caos juvenil, ahora siento que he tomado otra; no sé exactamente cuál. Y no he tenido muchas decisiones sustanciales en mi corta vida. Por más aprendizajes, entonces.

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