ojos cansados

Ojos cansados

Es un espacio donde no se toman decisiones y los pensamientos importantes tienen la misma jerarquía que las trivialidades. En la madrugada todo es menos serio e importante. Así van girando mis ideas como las hélices de mis ventiladores.

[Migrante al paso] Cinco y media de la mañana. De nuevo, después de meses. El sonido de los dos ventiladores es arrullador, pero no lo suficiente como para ceder al sueño. Uno de ellos apunta directo a mí desde la mesa de noche; el otro, a mis pies, que se escapan de mi frazada. El calor es intenso; aun así, necesito de una sábana o manta. Supongo que el peso ligero del polar es reconfortante. Ayer, hace unas horas, tenía planeado levantarme a las 6 de la madrugada; mi mente no quiso, pues falta menos de media hora. Por épocas me ocurre seguido; en los últimos años, mis noches sin sueño están más dispersas. Mis ojos pesan y arden sin llegar a fastidiar. Tal vez sea la luz de la pantalla. Es raro estar cansado y no poder dormir; nunca lo entendí y aprendí que mejor es no hacerlo. Ahorita ya suenan algunos pájaros; sigue estando oscuro. Por más que el día será un poco pesado, ya disfruté de una noche en silencio. Entre vueltas, música y comidas ansiosas, la noche va avanzando. A uno de cada diez les pasa en el mundo, por lo menos eso dicen. Insomnio crónico.

Esta vez demoré en aceptarlo. Tenía un plan, uno que ya hace unas horas debí notar que iba a ser fallido. No voy a tener la energía para hacerlo perfecto; me refiero a mi día. Igual, lo necesario lo haré. Mi reunión de las 11, que me estaba torturando hace un rato; algo de trabajo ligero y, definitivamente, comprarme mi melatonina en gomitas. Hoy me di cuenta muy tarde de que se me habían acabado. Entonces, no es un plan fallido del todo. Lo que demoré en aceptar fue que mi noche iba a ser larga y que no pude disfrutar esos momentos esporádicos en los que se puede pasar un buen rato. Cuando te pasa seguido, lo que alguna vez odiabas se vuelve entretenido. El cielo ya se está aclarando. Un antojo de chicharrón dominguero ha entrado como un flechazo. , el chinito no abre los lunes; recién me entero. Desayunar desvelado es una sensación extraña. El día comienza a avanzar y tú te sientes desfasado. Es lunes; sin embargo, mi mente está en el domingo.

Estoy atrapado, pensaba, en estas horas de poca luz. Tengo miedo de a lo que me estoy metiendo. Tengo miedo de volverme aburrido por el trabajo. Suena tonto e inmaduro, pero qué puedo decir. Es disonante con la motivación que tengo en esta nueva etapa, por decirlo así. Solo tengo que encontrar la manera de que no sean excluyentes. Mis aventuras tienen que continuar: los viajes. Mis últimas crónicas han sido sobre Trump y ahora, por suerte, tuve insomnio. Se me acaban los temas. Un fin de semana a Cusco se me cruza por la cabeza. No tengo plata, me respondo. Igual, no es mala idea pensar en viajes cortos y cercanos.

Así es el insomnio. Es un espacio donde no se toman decisiones y los pensamientos importantes tienen la misma jerarquía que las trivialidades. En la madrugada todo es menos serio e importante. Así van girando mis ideas como las hélices de mis ventiladores. El calor sería insoportable sin ellos. Tal vez la única amenaza, en este momento de paz, es el día inminente. Se siente eterno. Las contradicciones afloran por todos lados. Mi cuerpo está cansado, pero mi mente quiere escribir. Quiero dormir, pero también quiero esperar a que abran algún lugar donde comprar desayuno. Lo mejor es pensar que, si aprovechaste la noche, el día puede ser menos atolondrado. Las enredaderas y flores que se ven desde mi ventana ya reflejan color. Las sombras van desapareciendo junto con mis ganas de mantenerme despierto.

En este espacio donde no duermes, en cierto sentido también hay descanso. Te liberas de expectativas; a estas horas tardías, a nadie le importas. No hay nada que resolver; intentar hacerlo solo empeora las cosas. Tu identidad diurna desaparece, es casi como dejar de ser alguien. Sin respuestas, sin mensajes y sin juicios. Es casi como tomarse un respiro de la lógica en sí. No es un descanso reparador, pero sí uno que interrumpe lo común. Un descanso donde algo se detiene y se siente bien. Como a estas horas ya no pienso muy bien, puede ser que haya confundido todo y que, en realidad, solo sea una pausa mal hecha.

Algunos perros ya están ladrando. Las combis de Pedro de Osma comienzan a escucharse. No estoy cerca, pero el sonido llega cada vez más claro. Es fácil olvidar que el sonido del día es un bullicio, sobre todo si nunca estás despierto tan tarde. Pasos de gatos hacen retumbar mi techo de madera. Los ventiladores ya no se escuchan tanto. Ya hay gente despertándose para trabajar; en este preciso instante, me gustaría ser uno de ellos. Por mucho que romantice la situación, estar cansado se cobra pequeñas cosas. Nunca te das cuenta cuáles.

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