Los groseros errores políticos cometidos por el presidente Castillo le han pasado inmediata factura en la opinión pública. Según la última encuesta de Datum -publicada hoy y realizada entre el 2 y el 4 de agosto-, un 41% lo desaprueba frente a un 39% que lo aprueba.

Inclusive, en sus regiones más afectas, como el centro, sur y el oriente, a pesar de que allí la aprobación es mayor, los índices de desaprobación son significativos (27, 30 y 34%, respectivamente).

La cosa empeora al preguntársele a la ciudadanía sobre el Premier Bellido: un masivo 76% considera que no debe desempeñar ese cargo, con 61% en el centro, 62% en el sur y 73% en el oriente, las regiones donde “mejor” le va (en Lima, el 85% considera que no debe ocupar el cargo y en el norte el 82%).

Como resultado de ello, la mayoría del país no quiere que el Congreso le dé la confianza. Un 51% dice que hay que negársela frente a un 42% que considera que debe otorgársela. Inclusive, en el sur, que es donde mayores adeptos tiene, si bien el 56% considera que sí debe dársele la confianza, un robusto 37% considera que no.

Las consecuencias psicosociales son terribles. Un 44% del país ve un futuro totalmente incierto, un 27% ni prometedor ni incierto, y solo un 22% lo ve prometedor. Castillo ha destruido la confianza en la gobernabilidad en apenas una semana.

Hace bien por ello, como sugerimos, el Congreso en citar al Premier y a sus ministros antes de su presentación formal en el Legislativo. A este régimen mediocre hay que manejarlo con rienda corta, a sabiendas además de que la estrategia confrontacional del Ejecutivo es clara. Ya lo ha dicho con su habitual petulancia, el congresista Bermejo, ratificando lo dicho con anterioridad por quien corta el jamón, Vladimir Cerrón (un 48% cree que el verdadero poder lo ejerce el exgobernador de Junín): se trata de buscar la colisión para disolver el Parlamento y convocar a nuevas elecciones.

Este gobierno no va a gozar de luna de miel. Las ilusiones que pudo haber despertado en algunos incautos se han estrellado rápidamente por obra y gracia de una gestión cargada de honda medianía, oscura, confrontacional e incompetente. Pronto, las calles harán sentir su malestar y si el gobierno no enmienda rumbos lo más probable es que sea un régimen de corta duración, para bien del país.

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Congreso, Guido bellido, Pedro Castillo

Dos eran los cuestionamientos principales que se le anteponían al actual Consejo de Ministros presidido por el cerronista Guido Bellido: uno era la predominancia de Vladimir Cerrón en la designación de ministros y funcionarios de segundo nivel, y el otro era la poca idoneidad moral y profesional de muchos de los designados.

Pues ha quedado claro luego de la conferencia de prensa del Premier, que Cerrón seguirá mandando y que los funcionarios de marras seguirán en sus cargos, porque ya aprenderán, pues, es más o menos lo que ha respondido Bellido.

Nadie es tan ciego para no percatarse que, a la par, hay decisiones sensatas. La autonomía partidaria del MEF o el manejo profesional de los relevos militares debe ser ponderado justamente. Pero tales decisiones no tienen la potencia para compensar la falta de probidad política y técnica de un gabinete mal constituido desde el inicio.

Es momento de que el Congreso tome cartas en el asunto. En principio, es perfectamente posible citar a los ministros al Congreso aún antes de que el gabinete en pleno se presente en el Legislativo, interpelarlos y eventualmente censurarlos, sin que el gobierno pueda hacer cuestión de confianza sobre ello, en la medida que sería una reacción posterior al hecho jurídico de la interpelación.

Sería una buena manera de librarse de ministros impresentables, puestos allí simplemente como parte de la cuota laboral de Perú Libre. Ya si el Premier insiste en quedarse a pesar de ello o nombra en su reemplazo a otros de la misma laya, pues lo correcto, políticamente hablando, es que el Congreso le niegue la confianza al gabinete Bellido.

Si uno lee correctamente las intervenciones ideológicas del influyente Vladimir Cerrón, deberá tener claro que la lógica es de colisión y que solo transitará por recodos de moderación para atontar a los opositores.

Es éste un gobierno que debe tener rienda corta por parte de la oposición congresal, política, social y mediática. Ya ha salido tontamente a calificar de “obstruccionista” a la prensa el Premier Bellido, sin percatarse que todo lo dado a conocer debiera haber sido tomado por el gobierno, más bien, como una labor bienvenida que los ayude a corregir errores. Pero claramente no es ese el camino elegido por un régimen diseñado para atizar la hoguera y radicalizar el conflicto.

Sería muy ingenua, y se merecería el peor de los destinos, la oposición, si cae rendida ante los modales mesurados que algunos voceros del gobierno han desplegado en las últimas horas, sin percatarse de la lógica política que está en juego.

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Guido bellido, Pedro Castillo, Vladimir Cerrón

Si Castillo no deslinda de Cerrón, pronto sus propias bases populares se alejarán del respaldo que hasta el momento le vienen brindando. Según la última encuesta del IEP, el 39% de los sectores DE tiene esperanza en el gobierno de Castillo y un 21% siente confianza. Por regiones, en el sur y oriente 42% siente confianza.

Respecto de la aprobación al Presidente -la medición se ha efectuado antes de que asumiera el mando- el índice global es de 52.5%, pero crece en sectores DE a 60% y en zonas rurales a 68%.

Pero en lo que casi todos coinciden es en apreciar negativamente la presencia de Vladimir Cerrón en el gobierno. Un 85% está en contra. Y en el sector DE es adverso el 81% y en los sectores rurales el 77%.

En estos días del flamante gobierno se ha visto con nitidez la sobrepresencia del cacique de Junín en la designación del gabinete y en la de mandos medios de la administración pública. Casi todos los nombrados son cerronistas. Y por si fuera poco, ha impuesto como vocero de la bancada de Perú Libre a su propio hermano, Waldemar.

De hecho, los dos finalistas de la segunda vuelta iban a tener problemas sociales de conflictividad. En el caso de Keiko Fujimori, por discordancia ideológica de los sectores populares con su defensa del modelo económico. En el caso de Castillo por la eventualidad de sobre expectativas frustradas por una mala gestión. Ambos tenían la sombra de protestas como las sucedidas en Chile o en Colombia, al menor error político.

Se está allanando el camino para que prontamente ocurra ello, acicateado por los groseros despropósitos políticos del régimen, que, al parecer, no está en afán de enmendar. De seguir así, pronto veremos a las calles movilizadas no solo por la ultraderecha, sino por sectores sociales organizados que ya empiezan a manifestar su discordancia, por un lado, y por la propia ciudadanía general, que sin duda ve traicionada su confianza en el régimen por el papel protagónico que se le está dando a un personaje indeseado, como el señalado Vladimir Cerrón.

La dupla Castillo-Cerrón está jugando con fuego y puede terminar incendiando la pradera en contra de ellos mismos. Los respaldos ciudadanos en el Perú no son incondicionales ni eternos. Haría bien el Ejecutivo en percatarse de ello antes de que sea demasiado tarde.

 

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Pedro Castillo, Vladimir Cerrón

El problema político generado por el gabinete Bellido no es porque sea de izquierda, mucho menos porque sea de origen provinciano o popular (la quimera narrativa victimizatoria que quiere imponer cierta izquierda al respecto es deshonesta).

Esa composición social del gobierno de Castillo estaba descontada. Las elecciones de este año las ha ganado la izquierda y nadie debería esperar la humalización de Castillo, menos aún luego del trauma histórico que para la izquierda supuso la radical conversión del exmandatario nacionalista.

El problema político radica en la precariedad funcional de buena cantidad de ministros, y la falta de idoneidad moral del Premier, por su ambigüedad frente al terrorismo, los coletazos que alberga respecto del castrismo dictatorial, su implicancia en el caso Los Dinámicos del Centro, y su florido rosario de declaraciones homofóbicas y misóginas. Simplemente no está calificado para el cargo.

Y a ello se suma su filiación fanática a la lógica política de Vladimir Cerrón. Bellido es más leal a Cerrón que a Castillo, y ya el secretario general de Perú Libre ha anticipado que la estrategia del régimen pasa por disolver el Congreso e imponer de facto una nueva elección congresal que conduzca a una Asamblea Constituyente de naturaleza corporativista y abiertamente antidemocrática.

Por ello se han encendido las saludables alertas preventivas en la oposición. Que en ella anden agazapados golpistas de reciente data, no le resta legitimidad a una justificada preocupación por la línea radical y autoritaria por la que parece haber optado inicialmente el presidente Castillo.

Hacemos votos porque el Primer Mandatario rectifique democráticamente el grosero error cometido y que reconduzca a su gobierno por la senda de una izquierda democrática, que no avasalle los cauces constitucionales ni los poderes del Estado, tal como lo anticipó en su mensaje de Fiestas Patrias ante el Congreso.

Como está planteado, el gabinete Bellido es una clara provocación y sugiere un derrotero político que buscará disolver el Legislativo. Bajo esa perspectiva, sería muy tonta la oposición parlamentaria si se dejase conducir como rebaño a un matadero sin reaccionar utilizando los mecanismos constitucionales y democráticos a su alcance, que van desde una temprana interpelación al Premier, una negatoria de la confianza al gabinete y si, luego de ello, el Ejecutivo insiste en la colisión absurda e irracional, saber que tiene a la vacancia como recurso extremo, pero válido para detener arrestos autoritarios, radicales y antidemocráticos.

 

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Guido bellido, Pedro Castillo, Vladimir Cerrón

[PIE DERECHO]: Las fuerzas de contención de un proyecto que pinta como radical y autoritario van a precisar de apoyo social y no solo partidario o congresal, en un esfuerzo donde todas las voces suman y ninguna resta.

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Pedro Castillo, Vladimir Cerrón

La Coordinadora Republica y allegados, o Erasmo Wong y sus mítines no pueden ser ni la única ni la principal barrera de contención contra la eventualidad de un arresto radical y autoritario del gobierno de Pedro Castillo.

Se necesita una gran movilización nacional, que incluya no solo a la derecha sino también, en principal medida, al centro político del país. Se requiere, además, de la presencia de organizaciones sociales o gremiales, sobrando decir que el trabajo político destinado a brindarle legitimidad a la causa democrática debe pasar por un trabajo intenso en todas las zonas altoandinas donde Castillo arrasó en la segunda vuelta.

Ya el partido Morado ha anunciado que no le dará la confianza al gabinete Bellido. Ya la Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa ha dicho que se movilizará si Castillo no rectifica la designación de su Premier. Ya el poderoso Sutep ha advertido del intento oficialista de quebrar el magisterio dándole rápido reconocimiento legal al segmento radical apadrinado por un ministro de Trabajo que ha sido vinculado al Movadef.

No puede arredrar a los activistas de esta causa la votación en las regiones andinas pro Castillo. En Ayacucho, donde Castillo obtuvo más del 82% de los votos válidos en la segunda vuelta, en verdad, si se toma en cuenta los electores hábiles totales, el excandidato de Perú Libre logró convencer al 56.37% del electorado ayacuchano. En Cotabamba, el distrito del que proviene el Presidente, éste obtuvo el 95.21% de los votos válidos en segunda vuelta, pero si se considera a todos los electores hábiles, es decir a la ciudadanía plena del lugar, en verdad alcanzó a seducir al 58.72% de la población local.

Hay, pues, posibilidad y necesidad de convocar a la mayor cantidad de actores políticos y sociales, de Lima y el resto de regiones del Perú, para asentar una base de legitimidad a los pasos políticos que corresponderá dar si Castillo insiste en el despropósito de este gabinete radical.

Desde una eventual interpelación al Premier, hasta el uso extremo de la vacancia como munición defensiva si el Ejecutivo quiere disolver el Congreso e imponer de facto una Asamblea Constituyente, pasando por la negatoria de la confianza al gabinete Bellido en el Parlamento, las fuerzas de contención de un proyecto que pinta como radical y autoritario van a precisar de apoyo social y no solo partidario o congresal, en un esfuerzo donde todas las voces suman y ninguna resta.

 

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Erasmo Wong, Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa, Partido morado

Un rol decisivo en esta crisis de régimen a la que nos ha conducido el presidente Castillo, lo tendrá que jugar el centro parlamentario. El Premier Bellido es inaceptable, debe negársele la confianza, y si el Ejecutivo lo que busca es confrontar con el Legislativo para provocar su disolución, pues a la negatoria de confianza debe sumarse ya la munición de la vacancia.

Ya la derecha se ha pronunciado en ese sentido. Los morados ya anticiparon que no le darán la confianza al gabinete nombrado. Corresponde a Acción Popular, Alianza para el Progreso, Somos Perú y Podemos sumarse a este frente cívico democrático e impedir los despropósitos de Castillo y de Vladimir Cerrón.

El centro no puede permitir que el monopolio de la firmeza y la energía opositora lo capitalice la derecha. Ser de centro no significa ser aguachento, indefinido o malaguoso. Es hora de zanjar con las inconductas políticas y morales de un gobernante que ha demostrado ser incapaz de encaramarse en el cargo y empoderarse, y que ha decidido pervertir su mandato subordinándolo a una agenda radical y desestabilizadora.

Es momento de que los 87 u 88 votos que estas agrupaciones suman (¿el congresista Valer seguirá en plan de albacea de Perú Libre o habrá recapacitado ante el desmadre?) se hagan sentir.

Las calles, las organizaciones sociales, las autoridades locales, los partidos políticos y la opinión pública en general se han manifestado en contra de la decisión presidencial de nombrar un gabinete de tamaña incompetencia y de un signo ideológico por el que las mayorías no votaron. El centro no puede hacerse de oídos sordos frente a ello.

Es más, ante la eventualidad de un recorte del mandato fallido de Castillo, es probable que la opinión pública esta vez recapacite, no vote por los extremos y se incline por opciones más moderadas, dado el rápido descrédito de la izquierda y el papelón que hizo la extrema derecha después de la segunda vuelta alegando un fraude inexistente. Eso no ocurrirá si el centro defecciona.

Lo peor que le podría pasar al país en estos momentos es que la angurria menuda guíe los pasos de nuestra clase política en el Parlamento y el temor a una confrontación que podría llegar a costarle su permanencia, si pierde la batalla, los inhiba de actuar con la energía y sensatez que las circunstancias críticas por las que pasa el país demandan.

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Partido morado, Pedro Castillo, Vladimir Cerrón

Bienvenida la designación de Pedro Francke como titular de Economía y Finanzas. Le otorga una perspectiva de moderación al programa económico que, sin duda, tranquilizará a los mercados y permitirá confiar en que el gobierno transite una ruta de sensatez por lo menos en el corto plazo.

Pero lamentablemente para el gobierno, la presencia de Francke, o de Aníbal Torres, o de Juan Cadillo o de Juan Carrasco por mencionar algunos que sí pasan la valla, no es suficiente para darle la confianza a un gabinete presidido y conformado por sinfín de personajes inaceptables en el manejo de la cosa pública o -en el caso de Bellido- inadmisibles en cualquier gobierno de talante democrático.

Castillo no puede pretender que el país y el Congreso le acepten un gobierno moderado en lo económico, temporalmente, pero imbuido de una lógica política radical, preparada para el choque con el Congreso y la provocación de la disolución del Legislativo. Eso es inaceptable.

Bellido ni siquiera debiera formar parte del Congreso, mucho menos ser la segunda autoridad política del país. Ambiguo -por ser generoso con las palabras- con el terrorismo senderista, admirador del castrismo y del leninismo, involucrado en el caso Los Dinámicos del Centro, de pasado cuestionable, misógino y homofóbico (¿será por eso el respaldo del almirante Montoya?), no califica para ser Presidente del Consejo de Ministros.

El país votó por el Plan Bicentenario, no por el ideario de Perú Libre. Y si Castillo, envanecido a las pocas horas de sentir los masajes del poder, cree que puede hacer tabla rasa del orden democrático para lograr sus propósitos de una refundación constitucional, pues deberá encontrar férrea resistencia en la clase política, en el pueblo organizado (que ya se empezó a manifestar) y en el poder parlamentario.

El Congreso no le debe dar la confianza a Bellido. ¿Se gasta una bala de plata? Bueno, está para usarse, no para tenerla colgada de adorno en la pared. Que Castillo se vea obligado a recomponer su gabinete con gente calificada, que mantenga a los buenos y deseche a la sarta de impresentables que ha arrejuntado en su primer gabinete.

Y si el Congreso -ya lo hemos dicho- aprecia que todo se trata de una jugarreta política del Ejecutivo para arrinconar al Legislativo y disolverlo, pues deberá proceder defensivamente con la vacancia del señor Castillo por incapacidad política y moral. No es hora de tibiezas ni complacencias. El futuro democrático del país está en juego por culpa de la improvisación o necedad del Presidente Castillo, que no ha sabido leer el texto político que contiene el voto que le otorgó su mandato.

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Guido bellido, Pedro Castillo, Pedro Francke

El Congreso no puede darle la confianza a un gabinete presidido por un sujeto como Guido Bellido, más que por cerronista furibundo, por su ambigüedad respecto de un tema tan sensible para el grueso del país, como es el terrorismo senderista y sus vinculaciones con el caso delictivo de Los dinámicos del centro.

Todo apunta a que sea una provocación premeditada de parte de Castillo para propiciar una primera negatoria de confianza que se tumbaría a su primer gabinete, y que así solo le restaría otra para provocar la disolución del Legislativo, llamar a nuevas elecciones congresales y allí aspirar a lograr la mayoría que hoy le falta para sus propósitos constitucionales.

Quizás, es probable que haya cierta inteligencia política detrás de la inesperada designación de alguien como Guido Bellido en el inaugural Premierato del nuevo gobierno. Puede ser solo torpeza, puede ser también sujeción a Vladimir Cerrón. Y simplemente (valga el término) eso, y que no haya una estrategia política maliciosa detrás.

Pero aún así, el Congreso, mayoritariamente de centroderecha, debe estar advertido y no permitir que Castillo haga lo que le venga en gana desde el poder. Ya los morados y Somos Perú han tomado distancia del régimen por esta decisión. Con ellos, se suman 87 votos en el Parlamento, los suficientes para vacar por incapacidad a Pedro Castillo.

Si luego de la negatoria de confianza a Bellido, Castillo insiste en nombrar a alguien del mismo perfil (Nájar, por ejemplo) o hace cuestión de confianza de algún proyecto de ley o del intento de reforma constitucional, el Congreso ya estará avisado de que la intención es villana y deberá anticiparse, proceder a vacar a Castillo, de inmediato a Dina Boluarte y dar pase a que asuma temporalmente la presidenta del Congreso y convoque a nuevas elecciones generales, con Castillo inhabilitado.

Si el Presidente, en abierto desacato del mandato popular y de la realidad política, cree que puede hacer y deshacer desde su cargo, pues tendrá que recibir el golpe político que se merece. Se va a generar zozobra e incertidumbre mientras dure el proceso, pero esa situación será infinitamente mejor que la que supondría agachar la cabeza ante alguien que no demuestra en sus primeros pasos tener las credenciales políticas y morales para ejercer la primera autoridad del país.

Se vienen tiempos difíciles para la República. Castillo pudo entender que podía hacer un gobierno de izquierda, que con legítimo derecho cambiase la política económica y refundase el Estado ineficaz que hemos sufrido, pero al parecer, imbuido de una lógica radical y de confrontación, cree que puede llevar al país hacia el abismo. Eso no se le puede permitir.

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Dina Boluarte, Guido bellido, Pedro Castillo
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