Juan Carlos Tafur Portada

Hoy, mejor que hace un año

“Es un año en el que nos libramos de la peor pesadilla política, económica y social de las últimas décadas, como fue el infeliz mandato de Pedro Castillo”

Hoy, 31 de diciembre del 2022, que culmina el año, estamos inmensamente mejor que hace 365 días. Es un año en el que nos libramos de la peor pesadilla política, económica y social de las últimas décadas, como fue el infeliz mandato de Pedro Castillo, que iba a generar el colapso del Estado, la devastación económica y, finalmente, la interrupción de la democracia.

Esa es la noticia del año: el fallido golpe de Estado de un sujeto que nunca debió protagonizar lo que una mala jugada del destino le llevó a estelarizar, y su vacancia inmediata, en cabal respuesta institucional de los poderes del Estado y de nuestras Fuerzas Armadas, que no se prestaron al aventurerismo anticonstitucional.

El camino que viene por delante no es sencillo. Se ha armado un gobierno de transición con algunos tropiezos, se espera que el Congreso no vaya a claudicar en la correcta decisión de adelantar la realización de elecciones, y ojalá el país halle la paz social que los agentes desestabilizadores asociados a Castillo (cerronistas, magisterio radical-Movadef, mineros informales, narcotráfico), quieren imponerle al país.

Pero el horizonte que se ha abierto reincorpora el optimismo en la perspectiva política nacional. También allí hay mucho trecho por recorrer y se espera de la clase política del centro y la derecha, que actúe a la altura de las circunstancias, y que, por inmadurez o egoísmos irracionales, no vuelva a generar las condiciones para que el país nuevamente se embarque en una aventura disruptiva que ya estuvo a punto de destruir lo que de bueno se había avanzado en las últimas décadas.

Que lo ocurrido sirva de lección también para que, cuando el país elija nuevamente su destino, y si lo hiciera en el sentido correcto, los protagonistas de la voluntad popular no la vuelvan a traicionar, como aconteció en los últimos lustros, cuando la inacción reformista y la corrupción alentaron un ánimo antiestablishment arraigado en sectores significativos de la población.

El 2023 es un año decisivo, en el que la sociedad civil democrática no puede bajar la guardia. Una actitud vigilante del gobierno y del Congreso debería encaminarnos hacia una pronta salida institucional del fatal impasse del castillismo, y si la justicia sigue actuando bajo los rigores que el Ministerio Público y el Poder Judicial han mostrado, pronto debiéramos tener buenas noticias respecto de la justa sanción a los delincuentes que tomaron el poder desde el 28 de julio del 2021.

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