[MIGRANTE AL PASO] Ya pasó una semana. Después de aproximadamente 15 años fumando todos los días. A veces entre 5 y 10 cigarros al día, otras veces 1 o 2 cajetillas. Creo que ya pasó lo peor, pero soy mucho más adicto de lo que pensé. Mi cuerpo instintivamente comienza a buscar una cajetilla. Me pasó hace un rato, escribiendo, mientras pensaba cómo seguir; mi mano se movió sola buscando la cajetilla que normalmente estaba a mi costado. Hace unos días fue peor. No podía dormir, me despertaba en mitad de la noche, tomaba gaseosas cero para calmar la ansiedad. También combinar dieta con dejar de fumar no es una buena idea. Esta semana he estado comiendo todo el tiempo. No puedo imaginarme ser adicto a algo más fuerte, debe ser espantoso. Es un gran logro para quienes pudieron vencer una adicción grave. Yo todavía no puedo decir nada porque recién voy una semana y ya van unas 2 o 3 veces que he logrado dejarlo esa cantidad de tiempo.
En la época del colegio, tercero o cuarto de secundaria. Nos juntamos todos en la casa de un amigo para ir a las primeras fiestas donde había alcohol y recién comenzábamos a salir. Ya había probado una vez: fumé una pitada y sentí que se me calentaba la cabeza y tosí demasiado. Pensé que nunca más lo iba a hacer, no podía estar más equivocado. Ese día estábamos todos sentados en la sala de mi amigo, hablando de cualquier cosa, y un amigo tenía uno o dos cigarros. Los prendió y entre todos intentábamos hacer aritos de humo. Se nos acabaron en dos rondas. Fuimos a comprar, cada uno se compró una cajetilla de veinte, a solo cinco soles. Hoy una cajetilla de Marlboro te cuesta 20 soles o más. Regresamos; la casa parecía un incendio por la cantidad de humo, todos intentando hacer aritos. Nunca me salieron, pero me volví adicto al cigarro sin querer. Supongo que siempre es sin querer.
Pasé de ponerme a llorar de niño cuando vi a mi hermano fumándose un cigarro porque pensé que se iba a morir, a fumarme 20 cigarros porque quería jugar. Luego terminé fumando para hacer todo. Antes del colegio me fumaba un cigarro en la esquina para entrar mareado. Estaba loco. Había algo extraño: sabías que estabas haciendo algo malo, pero te sentías “cool”. Cuando cumplí 18 años y tuve mi primer carro, escuchando música a todo volumen, llegando a la universidad con la ventana abajo y la mano afuera con un cigarro, me sentía un rockstar. Claramente no me veía como uno, pero así se sentía. Llegaba igual al colegio, pero ahí no manejaba. Sentía que el mundo estaba a mis pies y nadie podía ganarme. En un recreo, un amigo y yo nos fumamos un cigarro en el baño. Tiramos el cigarro al tacho y se prendió en fuego. Se armó un escándalo; felizmente nunca nos descubrieron, pero sí estaban buscando a los culpables. Me daba más miedo el castigo de mis padres que lo que digan los profesores; sinceramente nunca me importó qué pensaban ellos.
15 años después, un partido de fútbol. Ni siquiera estábamos jugando 11 vs 11. Me dieron un pase, corrí rápido, máximo 40 metros, tal vez menos. Sentí que se me iba a salir un pulmón por la boca. Hasta me descompensé, creo. Pude hacer un par de jugadas más y luego me fui a tapar. Ya no podía más. Eso ha sido este año y llevo postergando dejarlo hasta diciembre. Intenté un par de veces y no podía. Todo lo que hago está asociado de alguna manera a fumar. Después de comer, un cigarro; mientras leo, varios; y mientras escribo, infinitos. Hasta jugar PlayStation hace que me den ganas de fumar. Esta ha sido la peor semana de mi vida, le decía a un amigo, exagerando obviamente: con poco ejercicio, comiendo de más… pero en ningún momento tomé en cuenta que había dejado de fumar. Es normal que, después de tanto tiempo fumando y dejarlo de golpe, tenga algún efecto secundario. Igual, como decía, aún no puedo cantar victoria. Sólo sé que los primeros días no podía ni pensar. Hasta me quedaba dormido más tiempo a propósito porque no sabía qué hacer.
¿Por qué escribo esto? La verdad es que no es para recomendarle a nadie que deje de fumar o para decirle a los más jóvenes que no lo hagan. Escribo sobre esto porque ahorita solo puedo pensar en cigarros. Aparte, quién soy yo para arruinarle a los jóvenes lo mejor de vivir, que es justamente descubrir las cosas por ti mismo. La mayoría de viejos aburridos pensará que está mal lo que digo. Obvio no quiero incentivar que la gente fume, pero tampoco me quiero meter en la vida de nadie. Tampoco quiero creer que tengo autoridad moral o en cualquier aspecto para ir dando consejos de vida. De autoridad moral solo hablan los viejos aburridos que no se dan cuenta de que, al creer que ellos saben qué está bien o mal, se quitan autoridad para hablar de lo que sea. En todo caso, mi recomendación a los jóvenes, más allá del cigarro, es que hagan lo que quieran y vivan como les dé la gana, no escuchen a los viejos. Más preocupante sería que los jóvenes piensen como los adultos.









