El mundial de la oscuridad

El mundial de la oscuridad

En una esquina del segundo piso, donde dormían los secuestrados con la cabeza tapada, había paneles informativos, entre ellos portadas sobre la copa del mundo que se jugó en ese país durante el régimen autoritario en 1978.

[MIGRANTE AL PASO] Una de las primeras cosas que hice al llegar a Buenos Aires fue visitar la ESMA, uno de los centros de detención y tortura instaurados en la dictadura de Videla. Lo hice varias veces, por motivos de escritura, culturales y académicos; caminar entre esos rincones oscuros, donde se podían respirar los lamentos de jóvenes y madres que ya sabían que sus cuerpos brutalmente maltratados muy pronto serían cadáveres en el mar.

En una esquina del segundo piso, donde dormían los secuestrados con la cabeza tapada, había paneles informativos, entre ellos portadas sobre la copa del mundo que se jugó en ese país durante el régimen autoritario en 1978. Me llamaba la atención la diferencia de perspectivas en los periódicos del mundo. Medios europeos titulaban: “Fútbol bajo la dictadura”; “Un torneo entre sombras”; “El campeonato de Videla”; “Un Mundial bajo sospecha”. Medios de Latinoamérica: “La fiesta del fútbol”; “Argentina ante su destino”; “Un Mundial histórico”. Soy un fanático del fútbol y siempre lo he sido; estamos en año de Mundial, pero no lo siento como uno. Estos suelen estar rodeados de euforia, emoción y unión; esta vez se siente caos, miedo y desánimo colectivo. Y es totalmente comprensible, estoy pasando por lo mismo; ha generado confusión en mi cabeza. De verdad, es como pensaba y es lo más lindo que hay, como dijo Maradona; es una muestra de la estupidez humana, o simplemente es un reflejo de nuestra sociedad. No lo sé, pero últimamente me recuerda a las jornadas de coliseo romano en las que manipulaban a toda Roma con pan y circo; recordemos todo lo que está ocurriendo en el mundo y en nuestro país también. De niño, la copa del mundo simbolizaba la copa de la paz.

“No voy a ver el Mundial este año”, “¿Qué hacen Cristiano Ronaldo y Lionel Messi visitando a Trump en la Casa Blanca?” (No menciono a los otros jugadores porque no significan nada). Hasta regalé mi camiseta del Inter de Miami, porque estaba furioso. Pisé el palito, como buen aficionado de fútbol. Dejé que estos ídolos, que aparentemente solo piensan con los pies, irrumpan con mi calma. Un día antes, Estados Unidos bombardeó Irán y cientos de niños murieron; Messi, como miembro e ícono de UNICEF, decidió que era un buen momento para visitar al presidente a cargo de estas masacres. Hubo respuestas negativas, pasaron unas semanas y Lego sacó un comercial con estas personas; la gente se olvidó por completo. Como si un demonio amnésico los poseyera. Las redes sociales, que están pegadas a nosotros como sombras, son dañinas: sale una noticia importante y escandalosa sobre los files de Epstein; en menos de 20 segundos scrolleas y te encuentras con personas atractivas o entretenimiento barato. Claramente estamos en la era del olvido.

Me quedaba una última esperanza, aquel jugador antiguo y respetado, que apagaba su cigarro en la línea de entrada a la cancha, se había negado a ir al Mundial de Argentina 78 por la dictadura. Antes de escribir esta crónica investigué un poco, para desilusionarme y descubrir que todo eso era solo un mito: Johan Cruyff no fue por motivos personales. Todos los símbolos se están derrumbando. Ahora solo me queda el gordo Ronaldo, cuyo mayor escándalo eran sus fiestas y el alcohol; comparado con lo que menciono antes, son travesuras de niño. Al final solo me quedaré con su camiseta.

Como todos, con amigos y hermano, armábamos arcos con piedras, palos o lo que encontráramos para improvisar arcos y jugar fútbol en la calle y parques. Lo mismo sucedía en todos los rincones del mundo, sin importar clase social, religión o ideología. Eso es el fútbol para mí: un deporte que une al mundo debido a su fácil acceso para todos. Esas sonrisas y gritos de celebración ya no se escuchan así nomás, cuando antes abundaban. Me pregunto si en los escombros y ruinas de Líbano, Irán, Palestina y muchos más lugares se seguirán escuchando balones rebotar. Me da la sensación de que este Mundial quedará en la historia como un hecho nefasto y cómplice de la guerra.

El director interno del ICE declaró que su institución será parte clave de la seguridad del Mundial, pero que supuestamente no harán redadas. No les creo ni lo que comen. Y así dará inicio este Mundial, con aplausos ciegos, donde las selecciones jugarán al mismo tiempo que violan mujeres, maltratan menores de edad y abusan de ancianos, a tan solo kilómetros de distancia en estos llamados “centros de reclusión de inmigrantes”. Mientras ellos sufren, sus propios compatriotas celebrarán bajo un lavado de cerebro masivo. No tienes que ser político para que tu radar moral se vea alterado; ser futbolista no te quita la capacidad de resistencia. La cuestión no está en si eres político o no, sino en qué clase de persona eres. Espero que esta crónica no sea una carta de despedida al deporte rey, pero por el momento he decidido no ver este Mundial y dejaré de verlos hasta que el fútbol vuelva a representar lo que tanto respetaba en mi infancia. No lo hago con intención de generar un cambio, no soy tan poderoso; lo hago por simple y puro asco.

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