“Mendoza tiene quien le respira en la nuca desde su propia izquierda, como es el candidato de Perú Libre, Pedro Castillo”.

Verónika Mendoza, candidata de Juntos por el Perú, está atrapada en una disyuntiva sin salida clara. Entre vaivenes ha terminado finalmente por moderar sus propuestas. En general, me parece una necedad acusarla de chavista o cosa parecida, aunque sí queda claro que el suyo no es un programa económico que se sostenga en el impulso a la inversión privada, cosa que este columnista considera crucial más aún en estos momentos de recesión pandémica.

 

Con ello, quizás ha pretendido conquistar a parte del electorado morado, desencantado de la mala performance electoral de su líder, Julio Guzmán, o también a algunos lescanistas. Pero Mendoza a la vez tiene quien le respira en la nuca desde su propia izquierda, como es el candidato de Perú Libre, Pedro Castillo, quien, según algunas encuestadoras, está, inclusive, en el pelotón de los que podrían pasar a la segunda vuelta.

 

Castillo tiene un discurso mucho más radical que Mendoza. Abiertamente propone la estatización de las actividades estratégicas (gas, petróleo, minería, energía, etc.) y el otorgamiento al Estado de un rol preponderante en el manejo no solo de la economía sino de la vida social en su conjunto.

 

Castillo empezó creciendo en el sur andino, pero hoy su influencia se extiende a todo el territorio nacional y podía seguir creciendo porque en Lima aún no hace campaña (la ha guardado para el final de su estrategia). El candidato de Perú Libre representa el voto duro de izquierda radical, sin concesiones al statu quo, y sus voceros acusan más bien a Mendoza de haber cedido a las presiones de los grupos de poder.

 

Este electorado, crucial para sumar los votos necesarios para asegurar el pase a la segunda vuelta, los ha perdido Mendoza con su moderación. Bienvenida una izquierda más centrada al país, pero al mismo tiempo ello se asoma como un error electoral, ya que hay un sector ciudadano de izquierda que reclamaba mayor radicalidad (o por lo menos un sector importante que Mendoza ha soslayado).

 

En términos estratégicos lo que pase entre Mendoza y Castillo va a mostrarnos un juego estratégico electoral muy interesante de seguir. El 11 de abril confirmaremos si Mendoza se equivocó o acertó con su estrategia vigente.

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Candidatos, Juan Carlos Tafur, Pedro Castillo

“A tenor de Ipsos, de mantenerse las tendencias, más que una final de izquierdas veríamos una entre De Soto y Mendoza”.

A diferencia de la encuesta del IEP, que mostraba al terceto derechista (De Soto, Fujimori y López Aliaga), encabezando la encuesta, la de Ipsos, que es simulacro de votación (con cédula y urna), pero efectuada sin medir todos los debates de la semana pasada, coloca en alta probabilidad una final de izquierda, con Lescano y Verónika Mendoza.

 

Las tendencias son las importantes, sin embargo. Lescano lidera la encuesta, pero viene cayendo de modo significativo. En la anterior medición tenía 15% de intención de voto. En la última baja a 10%, una caída del 33%. De sostenerse, de acá al 11 de abril, la semifinal de la izquierda la ganaría Verónika Mendoza.

 

La lideresa de Juntos por el Perú aparece empatando el segundo lugar con Hernando de Soto, habiendo subido de 6% a 9%. De Soto, por su parte, crece enormemente, de 4% a 9%, más que duplica su intención de voto. Se mete con fuerza en la pelea.

 

Siguen Keiko Fujimori y George Forsyth, muy cerca, con 8%, pero Keiko subiendo (es una constante su subida, lenta pero sostenida) y el candidato de Victoria Nacional más bien viene de caída (pasa de 10% a 8%).

 

Más abajo ya vienen empatados en 6% Pedro Castillo y Rafael López Aliaga, duplicando Castillo su intención de voto (de 3 a 6%), y López Aliaga confirmando su tendencia a la baja.

 

Va a empezar a funcionar la tesis del voto perdido. ¿Migrarán los votos de Lescano a Mendoza? ¿Adónde irán los votos de López Aliaga? Y allí es interesante ver en la propia encuesta de Ipsos qué sucede. Según Ipsos, si López Aliaga no postulase, el 24% de sus votos se irían con De Soto. Si Beingolea no postulase, el 29% también iría con De Soto. Ello haría pensar que De Soto podría seguir subiendo.

 

Lo propio ocurre, sin embargo, con Mendoza. Preguntada la ciudadanía qué pasaría si Lescano no postulase, un 25% de sus votos se iría con Mendoza y un 13% con De Soto. Si el candidato de Acción Popular sigue cayendo, ese sería el destino de sus votantes.

 

A tenor de la encuesta de Ipsos, de mantenerse las tendencias, más que una final de izquierdas veríamos una entre Hernando de Soto y Verónika Mendoza, con Keiko Fujimori aguardando expectante.

 

La única conclusión firme es que va a ser una final de infarto. Hasta el propio 11 de abril, no habrá certeza del resultado.

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Encuestas, IPSOS, Juan Carlos Tafur

“Una final de derechas sería una gran noticia. Claramente, por encima de cualquier otra urgencia, el Perú necesita un shock de inversiones privadas”.

La última encuesta del IEP, que a diferencia de la de Ipsos, ha sido hecha después de la jornada de debate, avizora una final de derechas. En primer lugar figuran empatados Keiko Fujimori y Hernando de Soto con 9.8% y en tercer lugar Rafael López Aliaga, con 8.4%.

 

Luego de ellos vienen Lescano (8.2%), Mendoza (7.3%) y Castillo (6.6%), muy apretados. Claramente, según esta encuesta, Castillo les ha quitado votos a Lescano y Mendoza y los ha hecho bajar en el escalafón general.

 

En la derecha, la cosa puede definirse aún más por la tesis del voto perdido. López Aliaga viene en caída. Creció muy prematuramente y no soportó el vendaval de ataques políticos y mediáticos, poniéndole la cereza al postre con el papelón del debate. El candidato de Renovación Popular cae de 9.7% a 8.4%. Sus votos se pueden terminar yendo donde De Soto o Fujimori.

 

Keiko Fujimori crece mucho en el Perú rural (pasa de 4.7% a 11.2%), y en el norte -bastión tradicional del fujimorismo- sube de 6.5% a 14.9%. En el caso de De Soto, crece en Lima de 10.8% a 14.5% y también en el sector rural (de 1% a 3.8%).

 

Mañana analizaremos la encuesta de Ipsos, que es simulacro, pero mal que bien algunas tendencias se comparten (aunque varíen en los resultados finales): De Soto y Fujimori crecen, López Aliaga cae, en la derecha; Lescano se cae y Castillo sube (en Ipsos, a diferencia de IEP, Mendoza pega un salto de 8.4% a 10.2%), en la izquierda.

 

Una final de derechas sería una gran noticia para el país. Claramente, por encima de cualquier otra urgencia -habiendo varias en el horizonte-, el Perú necesita un shock de inversiones privadas, acompañadas de la construcción de mercados competitivos allí donde no los haya. Y eso no lo garantizan ni Lescano ni Mendoza (por más que nos parezca un delirio paranoide atribuirle a la lideresa de Juntos por el Perú un chavismo embozado).

 

Sería factible además, armar pactos de gobernabilidad, a la espera de que se hayan aprendido las lecciones del 2016, cuando Pedro Pablo Kuczynski debió buscar y Keiko Fujimori aceptar un gran pacto derechista.

 

A pesar del entusiasmo, sin embargo, nada está dicho. Las cifras son muy ajustadas. En una semana hay margen aún para sorpresas. Las semifinales de derecha e izquierda todavía no están definidas.

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Encuestas, IEP, Juan Carlos Tafur

“No hay forma que querer conquistar el electorado vizcarrista sin correr el riesgo de sufrir más costos que beneficios. Mejor ni intentarlo”.

 

Hay una diferencia entre la votación que obtiene Daniel Salaverry a la Presidencia y la que consigue su lista congresal, presidida en Lima por Vizcarra. Según la última encuesta de Datum, mientras que a la Presidencia Somos Perú obtiene 0.9%, para el Congreso consigue un 2.8%.

 

Claro, la diferencia es menor en términos globales, pero adquiere valor si uno se pregunta adónde se van a ir los votos vizcarristas, que llegan casi a un 2% del electorado, cifra más que suficiente para marcar una diferencia en el pelotón de arriba.

 

Lescano sí puede ser -y ya debe ser- beneficiario de ese voto. Nunca fue tajante contra Vizcarra e inclusive se enfrentó a su bancada cuando ésta decidió vacarlo. No es solo de la izquierda clásica, sobre todo del sur andino, que estaría cosechando el candidato de Acción Popular.

 

Del terceto de la derecha que pelea palmo a palmo el pase a la segunda vuelta (De Soto, López Aliaga y Fujimori), es difícil que al menos el candidato de Renovación Popular o del fujimorismo reciban algún trasvase, porque uno es hipercrítico de Vizcarra y ella fue dura adversaria cuando dominaba el Congreso de la República. Solo De Soto podría hacerle algunos guiños a ese sector flotante.

 

Pero es complicado rescatar algo de Vizcarra. Fue un gobernante mediocre y taimado, sumamente ineficaz, pero además se vio involucrado en serias denuncias de corrupción en el caso del Club de la Construcción y terminó por devaluar su imagen al aprovecharse y vacunarse por fuera de los protocolos sanitarios. De milagro, tiene alguna población despistada que aún vota por él y lo defiende.

 

Lo único quizás rescatable de la gestión de Vizcarra fue la incipiente reforma judicial y algunos aspectos de la reforma política (la prohibición de la reelección fue un desastre que pronto habrá que corregir). Nada más que eso. Y sus méritos los ha borrado de un plumazo con su desastrosa respuesta a la crisis pandémica, disimulada con cuarentenas absurdas dispuestas para el aplauso de una tribuna angustiada por la enfermedad.

 

No hay forma que querer conquistar el electorado vizcarrista sin correr el riesgo de sufrir más costos que beneficios. Mejor ni intentarlo. Pero no deja de ser relevante que haya casi un 2% de votos allí dispuestos a sumarse a algunas opciones distintas a la de su propio candidato presidencial. Pueden terminar por decidir el pase a la segunda vuelta.

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Candidatos, Elecciones 2021, Juan Carlos Tafur

“La derecha va a tener que apostar todo a quien tenga mayores posibilidades de pasar a la segunda vuelta y ganar en ella”.

 

No hay nada que tema más la derecha que una segunda vuelta entre Yonhy Lescano y Verónika Mendoza. Y con razón. Entre un populista desembozado y una izquierda socialista tradicional, queda claro que el modelo de crecimiento que en los últimos treinta años nos ha permitido reducir la pobreza y las desigualdades y que tocaba profundizar antes que desandar, va a sufrir un duro golpe y la economía del país pagaría los platos rotos el siguiente lustro.

 

Ya anoche, en el programa de Beto Ortiz, Hernando de Soto sugirió que la derecha debe pensar su voto respecto del escenario de la segunda vuelta. Según las encuestas, señalaba De Soto, ni López Aliaga ni Keiko Fujimori le ganarían a Lescano a Mendoza y él sí, y que por ende el voto debería ser para Avanza País. Personalmente, creo que son prematuras esas encuestas y que, en todo caso, quien sí la tendría muy difícil de ganar es el candidato de Renovación Popular por la cantidad de anticuerpos que ha generado, inclusive en la propia derecha. Keiko, en cambio ha ido bajando el antivoto que arrastraba. La segunda vuelta, a dos meses de la primera, es un albur sobre el que no cabe mayor certeza premonitoria.

 

Pero no esa la única invocación al voto perdido que cabe hacer. Antes del escenario probable de una definición en segunda vuelta, hay que calibrar quiénes pasan a ella. Y en ese sentido, la derecha va a tener que apostar todos sus caballos a quien tenga mayores posibilidades de hacerlo.

 

Después del debate -que solo IEP va a medir en su encuesta de este domingo próximo, no Ipsos, que acabó su trabajo de campo el martes-, López Aliaga va a seguir cayendo. Esa es su tendencia y difícilmente la va a remontar, menos a tan poco tiempo de la elección. La derecha va a tener que optar entre Hernando de Soto y Keiko Fujimori. Aquel de los dos que capture la mayor cantidad de lopezaliaguistas en fuga e indecisos de derecha, asegurará su pase a la segunda vuelta.

 

La derecha proinversión capitalista se la juega en esta elección. Si pierde vendrá un periodo oscuro que seguramente demorará décadas interrumpir.

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Candidatos, Elecciones 2021, Juan Carlos Tafur

“Muchos votantes de Lopez Aliaga ya empiezan a migrar a Fujimori o a De Soto. Su rol en el debate fue un papelón”.

La última encuesta de Datum -efectuada antes de los debates- es simulación (con cédula y urna) y en esa medida no es metodológicamente comparable al ciento por ciento con su propia encuesta anterior. Sin embargo, hay datos relevantes que cabe comentar en la comparativa.

 

Lescano (12.1%, -1.9): Ya se estaciona. La encuesta es predebate y a pesar de que no le fue mal (me parece que ganó anoche), la agresividad de Rafael Santos no le permitió lucirse. Es difícil que Mendoza, quien sigue complicada con el crecimiento de Pedro Castillo, lo llegue a alcanzar. Tendría que ocurrir un terremoto para que no pase a la jornada definitoria.

 

Fujimori (7.9%, -0.1): en lo suyo. Tranquila, sin perder la compostura. Ha internalizado a la perfección que no puede salirse un milímetro del guión. Muchos en la derecha, especialmente los lopezaliaguistas, ya empiezan a pensar que es mejor asegurarse que Keiko pase a la segunda vuelta y evitar así el temido escenario de una final Lescano-Mendoza.

 

Forsyth (7.4%, -0.6): también estacionado. Sorprende que no haya caído más, como se preveía. Es un mal candidato. Es probable que se mantenga allí, salvo que la teoría del voto perdido termine por afectarlo en el tramo final. No le fue bien en el debate. Entre Mendoza y Fujimori lo apabullaron.

 

López Aliaga (7.2%, -1.8): ya no solo se ha detenido sino que ha empezado a caer. Es producto de sus propios errores y necedades. Muchos de sus votantes ya empiezan a migrar a Fujimori o a De Soto. Su rol en el debate de anoche fue un papelón, sin atenuantes.

 

De Soto (6.5%, +1.5): sigue subiendo. En una de esas, dependiendo de la migración lopezaliaguista, termina alcanzando a Keiko Fujimori y pasa a la segunda vuelta. Pero le fue mal en el debate. Necesita a gritos media training intensivo y comités de asesoría permanente. Lo suyo es una cadena de errores, que hasta el momento, suertudo él, parecen no afectarlo.

 

Mendoza (5.7%, -0.3): estuvo solvente en el debate. Tiene varios topes: uno, el sector caviar que podría apoyarla está de capa caída y el poco que hay anida con Julio Guzmán, a pesar de su desgracia. Dos, el crecimiento de Castillo, que le arrancha votos de varias regiones claves y a quien tampoco le fue mal en el debate.

 

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Elecciones 2021, Juan Carlos Tafur, Keiko Fujimori

“La apuesta procapitalista de mercado es una agenda pendiente, que puede ayudar a cambiar el rostro apesadumbrado del país en estos tiempos oscuros”.

Algunos comentarios a mi columna de ayer, en la que pedía un shock capitalista para salir de la recesión pandémica y para reencaminar al país por la senda del crecimiento, señalaban que estaba proponiendo más de lo mismo que nos ha gobernado los últimos veinte años.

 

La verdad es que no hay manera de asociar los regímenes de la transición a un programa de construcción de un capitalismo competitivo o liberal. Ni siquiera el gobierno de Fujimori a plenitud. Se hicieron reformas liberales los primeros años de los 90, pero luego el régimen se volvió populista y corrupto, trancó las privatizaciones (vean Sedapal o Petroperú), y, sobre todo, la reforma del Estado por un mero afán de Fujimori de reelegirse  fraudulentamente el 2000. ¿Alguien puede sostener que Fujimori de su segundo mandato era liberal cuando tuvo a Víctor Joy Way de ministro de Economía?

 

Lo que vino después, fue la continuidad del modelo económico construido en los 90, pero poco o nada se hizo para ahondar las reformas liberales o siquiera emprender reformas institucionales. Toledo desbarató la 20530, inició los tratados de libre comercio y desplegó la descentralización. De reformas, nada más que eso. García fue un gobernante proinversión -eso hay que reconocerle (las cifras de crecimiento de la inversión privada durante su gestión fueron superlativas)-, pero no promercado. No hizo mayores reformas desperdiciando la bonanza. A lo sumo, hizo algunos pininos en materia magisterial.

 

Ollanta Humala trancó todo. No fue un buen gobierno. Que nos alegremos de que no haya sido el cuco chavista que algunos temían, no lo convierte en un gobernante que pase la valla. La inversión privada empezó a caer con él y fuera de la reforma magisterial, no hizo ninguna otra. Menos, alguna procapitalista. Y nos deja como legado el desastre financiero de la modernización de la refinería de Talara.

 

Y el periodo Kuczynski, sobre el que había enormes expectativas en los mercados, más aún bajo la suposición de que haría un gran pacto derechista con el fujimorismo congresal, fue una gran decepción. No pasó de dictar algunas medidas mercantilistas. Y, por supuesto, lo de Vizcarra -su sucesor-estuvo muy lejos de ser un gobierno reformista en lo económico.

 

La apuesta procapitalista de mercado es una agenda pendiente, que ojalá el gobierno entrante despliegue. Acompañada de reformas institucionales de primer orden (salud, educación, seguridad, justicia y electoral), puede ayudar a cambiar el rostro apesadumbrado del país en estos tiempos oscuros.

 

“Hay que romper paradigmas y transformar el país. La agenda del cambio radical también debe estar en la derecha”.

Un punto importante a la hora de decidir nuestro voto debe ser atender cuál de los candidatos promete desplegar un shock capitalista que no solo nos permita salir rápidamente de la recesión producida por las cuarentenas y la pandemia, sino que lleve al país a reconectarse con una espiral de crecimiento interrumpida por la medianía centroizquierdista de Ollanta Humala y luego paralizada por la crisis política desplegada por la mediocridad de Kuczynski y la beligerancia del fujimorismo.

 

Necesitamos a gritos un shock de inversiones. Y es un tema que está entre las prioridades. Es una lástima que muchos de los que lo proponen, como López Aliaga, arrastre consigo una mochila de ultraconservadurismo y autoritarismo que lo hace indigerible, pero hay más opciones. Está Hernando de Soto y está la propia Keiko Fujimori (desprendida ya de los halcones), además de Alberto Beingolea, que debería haber merecido mejor suerte en esta campaña.

 

Eventualmente, esa derecha, gane o no las elecciones, deberá unirse con ese objetivo común, de desplegar el capitalismo competitivo con toda su potencia energética y capacidad de cambiar el país para bien, disminuyendo la pobreza y reduciendo la desigualdad. Si con esquemas mercantilistas hemos visto inmensos resultados macroeconómicos, imaginémonos lo que sería construir de verdad una agenda liberal competitiva.

 

Y si sale derrotada, le corresponderá ponerle freno desde el Congreso a los despropósitos macroeconómicos que proponen candidatos como Yonhy Lescano y Verónika Mendoza. Y desde el Parlamento se puede hacer mucho para construir esa agenda.

 

Hay mucho por hacer: destrabar proyectos mineros, alentar megaproyectos de inversión privada, privatizar Petroperú y Sedapal, flexibilizar el mercado laboral, construir organismos reguladores eficaces y potentes, reformar el Estado, etc.

La transición post Fujimori optó por una medianía macroeconómica llevada a su extremo durante el humalismo. Las tres grandes tareas de fortalecer la democracia, reformar el Estado (salud y educación) y profundizar la economía de mercado, fueron dejadas de lado. Y hoy sufrimos las consecuencias de esa indolencia política, de ese centrismo mediocre que hoy la población castiga electoralmente (véase los resultados del símbolo de ese centrismo, Julio Guzmán).

Hay que romper paradigmas y transformar el país. La agenda del cambio radical también debe estar en la derecha.

Julio Guzmán es un caso electoral digno de estudio. Según la última encuesta de IEP apenas tiene 1.1% de intención de voto. De buenas gentes los autores de la medición, no lo han puesto en “otros”.

 

El Partido Morado obtuvo el 7.4% en las elecciones congresales extraordinarias del 2020. Y en las elecciones del 2016, antes de que el JNE lo retire injustamente de la contienda Guzmán llegó a bordear el 20% y asomarse como casi seguro partícipe en la segunda vuelta electoral.

 

¿Qué puede explicar el desastre? Como siempre, hay varios factores. Creo que el más incidente ha sido el escándalo del incendio, que fue una prueba de carácter para el candidato y allí claramente demostró que salió huyendo para evitar la vergüenza conyugal y pública sin quedarse a asumir las consecuencias de sus actos. Por culpa de ese incidente, previo a la votación congresal última, apenas colocó nueve parlamentarios.

 

Pero no basta ello para explicar el castigo popular a alguien que mal que bien es uno de los más articulados y que, además, ha tenido buenos congresistas vigentes y ha logrado armar una lista potable para esta elección.

 

Creo que Guzmán está concentrando en sí, el hartazgo de un sector mayoritario de la población con un segmento ideológico que si bien no ha ganado nunca una elección presidencial (salvo en el caso municipal de la Villarán) se ha encargado de infiltrarse en varios gobiernos. Este centroizquierdismo progresista, también llamado “caviar”, tuvo alta participación con Toledo, con Humala, con la Villarán, y también con PPK, Vizcarra y Sagasti, regímenes que precisamente no gozan del aprecio popular estos momentos. Se han ganando la antipatía ciudadana.

 

De otro lado, no parece tan sólida la tesis de que la gobernanza de Sagasti lo afecte. Al contrario, lo debería haber ayudado si el propio Guzmán, tontamente, no se hubiera encargado de tratar de marcar distancia. Sagasti, a pesar de todo, tiene 24% de aprobación, según Ipsos. Que un tercio de ese sector poblacional se endosase a Guzmán, habría bastado para colocarlo en el pelotón que hoy se disputa el pase a la segunda vuelta.

 

Encima Guzmán, no ha hecho una campaña prodigando su plancha presidencial o a su lista congresal, que claramente tiene mayor aceptación que él mismo. Su narcicismo le ha jugado una mala pasada y hoy sufre las consecuencias de malas decisiones, sumadas a las razones mencionadas.

 

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Francisco Sagasti, Julio Guzmán, Partido morado
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