Juan Carlos Tafur

Total corrupción hay en todos lados

“El Perú en su conjunto es más pobre por la corrupción. Los corruptos se llenan de plata, pero el resultado global es un decrecimiento del PBI y, por ende, un aumento de la pobreza y las desigualdades”

Según un brillante trabajo del economista Roberto Chang, publicado en Foco Económico, al 2021, el Perú, por corrupción, habría perdido 3,915 millones de dólares, el equivalente a 1.74 puntos del PBI. Si considerásemos el índice que emplea la Contraloría, la que habla de 24,000 millones de soles perdidos en corrupción ese mismo año, la cifra crecería a 2.73 puntos menos del PBI por culpa de este cáncer generalizado que nos aqueja.

Y no se ha medido aún el 2022, año de pleno gobierno de Castillo, en el cual se ha permitido que la corrupción se enseñoree en cuanta institución pública el régimen ha metido mano, que ha sido casi en todas (tal vez, solo se salvan el MEF, el BCR y la Sunat). Debemos estar mucho peor y debemos haber descendido aún más en los ranking internacionales que el artículo de Chang detalla (estamos en el puesto 105 de un total de 180 países medidos; Uruguay está en el puesto 18 y Chile en el 27).

Somos un país muy corrupto. Siempre lo hemos sido (baste leer Historia de la corrupción en el Perú, de Alfonso Quiróz) y lo seguiremos siendo en tanto no se ejecute un plan político de transformación estructural del modo en que funciona el Estado en todos sus estamentos. Porque la corrupción no solo se da en las altas esferas (contratos, licitaciones, etc.) sino también al menudeo (pagar al guachimán para me deje entrar a EsSalud, por ejemplo). Total corrupción hay en todos lados, como rezaba la canción Las Torres de los No Sé Quién y No Sé Cuántos, propalada en 1991, ya hace más de treinta años.

El Perú en su conjunto es más pobre por la corrupción. Los corruptos se llenan de plata, pero el resultado global es un decrecimiento del PBI producto de la misma y, por ende, un aumento de la pobreza y las desigualdades.

Lastimosamente, ninguno de los miembros de nuestra clase política, mucho menos los insignes congresistas, ya ni qué decir de los señores ministros, tiene alguna idea de qué hacer al respecto y, por ende, no hay una sola estrategia en curso de discusión para acabar con este mal endémico de la República que nos carcome y drena las energías económicas sanas que mueven el resto del aparato productivo del país.

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corrupción, Gobierno, Pedro Castillo

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