Castillo no se ha moderado ni se va a moderar. Sabe que a la gente no le importa que tenga vínculos con grupos filosenderistas, que no tenga plan de gobierno orgánico, que tenga un equipo técnico improvisado a última hora, que aparezca a su lado un psicópata ideológico como Cerrón (o su deslenguado congresista Guillermo Bermejo, quien ha mostrado las reales intenciones totalitarias de Perú Libre en audio difundido anoche).

Castillo no se va a poner el polo blanco. No se va a “ollantizar”. La izquierda en el Perú considera lo de Humala una traición imperdonable. Y lo demuestra con la publicación de su plan de gobierno “Perú al Bicentenario libre de corrupción”, que no hace si no ratificar el esquema estatista e intervencionista acorde a su pretensión final: aumento de la inversión social estatal, economía mixta, subsidios temporales (agua, luz e internet), no competencia desleal de importaciones, crédito barato a agro y pymes a través del Banco de la Nación, disminuir la importación de alimentos, revisar el “acaparamiento” de tierras (golpear los grandes proyectos agroexportadores), nuevas reglas e impuestos y regalías a las “sobreganancias”, renegociación de los contratos de estabilidad tributaria, la construcción de elefantes blancos como los gasoductos estatales en el sur, etc.

Y la cereza del postre, la convocatoria abiertamente inconstitucional a un referéndum y a una posterior Asamblea Constituyente. Castillo juramenta ante la Conferencia Episcopal, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y Transparencia que va a respetar los cauces constitucionales para cualquier reforma y a renglón seguido anuncia en su plan de cien días zurrarse en la Carta Magna y en la práctica proponer un autogolpe constitucional.

Allá quienes se quieran creer el cuento de que el de Castillo es un proyecto de izquierda transformadora y democrática. Estamos ante una amenaza autoritaria que conducirá al país el caos, y que conllevará la destrucción de todo lo bueno que se ha avanzado en estos años de vigencia del modelo económico, y en el agravamiento de los problemas subsistentes.

No se viene una alternancia a la chilena, si gana Castillo. Estamos ante un proyecto de control total del poder, de perennización en él y de descalabro de la economía nacional y el empobrecimiento masivo de la población, entre ella la que irracionalmente expresa su intención de votar por él, proyecto al que increíblemente se ha sumado un sector de la izquierda dizque moderna y profesionales independientes cuya ingenuidad linda con la complicidad.

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Elecciones 2021, Pedro Castillo, Perú Libre

Según la encuesta de IEP, Castillo trepa de 36.2 a 36.5 mientras Keiko baja de 30 a 29.6, ampliándose la diferencia de 6.2 puntos a 6.9. Controvertida, sin duda, porque difiere de las otras encuestadoras, que le dan menos margen a Castillo (Ipsos le da 3, Datum 2 y CPI 1.8), pero igualmente atendible por su seriedad.

Lo relevante, sin embargo, es que esta encuesta confirma, junto con las otras, la existencia de un voto duro a favor de Castillo, que oscila entre 34.4% (CPI) y 42% (Datum). El candidato de Perú Libre se ha estacionado, habiendo llegado aparentemente a su techo, pero al mismo tiempo demuestra tener un piso duro inafecto a la contracampaña.

A un sector importante, por ahora mayoritario, de la ciudadanía le importa poco la vinculación de Castillo con sectores filosenderistas, la improvisación de su plan de gobierno, el desmadre de sus equipos técnicos, la turbamulta interna por los pactos informales firmados o la radicalidad extrema de su plan de gobierno. Igual, tienen intención de votar por Castillo.

Es un mensaje fuerte al país respecto del descontento e irritación que un sector ciudadano enorme tiene respecto del statu quo o del modelo económico, y que siente haber sido excluido de los indudables beneficios que el mismo ha generado en los últimos 25 años.

Ese sector va a merecer, en cualquier circunstancia, especial atención. Con mayor razón si gana Keiko. Rápidamente va a tener que emprender programas sociales de compensación de la recesión, además de políticas institucionales agresivas en salud, educación y seguridad interna.

Y prepararse para una eventual asonada popular por “quítame estas pajas”, a lo Chile o lo Colombia, frente a la cual va a tener que desplegar un trabajo preventivo y luego una labor de contención represiva inteligente y no a la bruta, con saldo de muertos y heridos, que podrían conducir al final abrupto de su gobierno.

Hay un 40% del país que está protestando y ha encontrado como vehículo de ella a un candidato feble, por debajo de las circunstancias críticas que vive el país, pero que simboliza ese ánimo contestatario que el país entero haría bien en escuchar, sea cual sea el resultado electoral el 6 de junio.

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Datum, Encuestas, IEP

En el simulacro de Ipsos publicado hoy están 43.6% Castillo y 41.7% Keiko, 1.9 puntos de diferencia. Empate técnico. Pero vayamos a la encuesta, la misma que nos permite comparar las tendencias. Compararemos la encuesta de hoy con la del 7 de mayo, que no fue publicada sino que fue privada.

Keiko crece de 34 a 37% y Castillo baja de 41 a 40%. Le llevaba 7, ahora solo 3. Claramente le está arrebatando votos a Castillo y cosechando de los indecisos, ya que los viciados y no precisa se mantienen igual (en 7% y 9% respectivamente), pero los blancos caen de 9 a 7%.

Donde más se mueve Castillo es en el interior urbano, que crece 7 puntos, cae en el norte 6, crece en el centro 10, cae en el sur 5. En el caso de Keiko crece en el interior 6 puntos, en interior urbano 8, en el norte 8, en el centro 9, en el sur 7, en el sector A 7, en el B 7, en el C 4 y en el crucial E 3. Además, en hombres crece 6 puntos y en jóvenes de entre 18 y 25, 5 puntos.

En relación a la anterior medición, Castillo le llevaba 8 puntos en el norte, ahora Keiko le gana por 6. En el sur, Castillo la avasallaba con 51 puntos de diferencia, ahora se ha acortado la brecha a 39 (Keiko tiene 20% en la plaza más antifujimorista).

En el sector A, entre la encuesta del 7 de mayo y la del 14, Keiko ha pasado de llevarle 39 puntos a llevarle 48; en el B le llevaba 12, ahora 17; en el C Keiko le llevaba 4, ahora 10; en el D Castillo le ganaba por 9, ahora solo por 3; finalmente, en el E, Castillo le llevaba 28 puntos de diferencia, ahora se ha reducido a 23.

Está funcionando la estrategia keikista de ir del A al E -como lo anticipamos en una nota publicada en Sudaca el 30 de abril (https://n9.cl/15cwh): “lo que buscan es ir desde los sectores más acomodados para luego dar un llamado a los estratos sociales más bajos”. La encuesta de Ipsos confirma que esa táctica se está cumpliendo al pie de la letra. Falta mucho aún para definir el empate técnico, pero las cifras ya van mostrando claras tendencias.

 

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Elecciones 2021, IPSOS, Perú

De mantenerse las tendencias, Keiko debe estar llevándose el triunfo en la jornada del 6 de junio. Quizás ajustadamente, pero favorable a ella. Hay, sin embargo, imponderables que podrían romper el curso de las tendencias señaladas. Aquí, algunos de ellos:

1.- Escándalo por denuncia periodística. Puede surgir de algún medio opositor y armar tal escándalo que le cueste votos. El 2016 la feble denuncia de Cuarto Poder le costó la elección a Keiko.

2.- Sentencia condenatoria ante acusación fiscal contra Keiko o esposo. Es muy improbable, ya que la acusación fiscal recién se ha presentado y tendría que haber una especial indisposición para que el juez acelere el caso sin previo juicio oral.

3.- “Chicharrón” o “nosotros matamos menos”. Keiko no comete errores, por lo general, pero un dislate, un exabrupto, suyo o de algún vocero cercano a la cúpula, puede ocasionarle daño y quitarle pocos puntos, pero decisivos en una elección tan ajustada.

4.- Que siga hablando López Aliaga. El líder de la DBA peruana está aprovechando, oportunistamente, para mejor su posición política en vista de la campaña edil en la que ya ha anunciado que será candidato. Pero su violencia verbal, lo único que hace es refrescar en el pueblo la memoria de los últimos cinco años de virulencia keikista en el Congreso. El comando de campaña de Keiko debería implorarle que se calle o se vaya de viaje.

5.- Que a Keiko le dé Covid. Es un hecho fortuito, pero muy posible dada la cercanía y contacto a la que se obliga la candidata en sus mítines y visitas. Si sale fuera de la campaña dos o tres semanas, pierde la elección.

6.- Que vaquen a Sagasti y se genere una crisis política de envergadura. Ya un congresista vinculado a Castillo pidió su censura. A mayor zozobra, quien cosecha es el candidato disruptivo antisistema, Pedro Castillo. Felizmente no prosperó la peregrina idea, pero harían bien las bancadas mayoritarias en estar advertidas del torvo proyecto detrás de este tipo de iniciativas.

7.- Un debate funesto. Que le vaya pésimo a la candidata de Fuerza Popular en el debate. No parece probable. Por el contrario, quien seguramente va a perder es Pedro Castillo, pero ya vimos que un debate puede incidir (Chota, el segundo debate Keiko-PPK del 2016).

8.- Reactivación del antifujimorismo. Que Keiko haya subido al punto de alcanzar a su contendor ha movilizado a todos los colectivos de izquierda antifujimorista, que suelen ser muy activos en redes sociales y en creatividad publicitaria. El antivoto de Keiko ya no es tan alto y se equipara al de Castillo, así que no parece que vaya a tener mayor impacto, pero siempre es un imponderable que puede mellar su desenlace.

 

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Elecciones 2021, Keiko Fuj, Perú

El simulacro de votación de Datum arroja un 44% para Castillo y un 41% para Keiko, en la práctica un empate técnico, pero la encuesta de intención de voto es más reveladora porque nos permite comparar las tendencias con las anteriores mediciones de la misma encuestadora.

Y allí Castillo tiene 42% y Keiko 40%. Se acorta a 2 puntos la diferencia que en la medición anterior estaba en 5 puntos. Los múltiples errores de Castillo están haciéndole perder votos y, sobre todo, haciendo que los indecisos terminen sumándose al bando keikista (cae de 12% a 7% el “No sabe”).

Según la encuesta de Datum, donde más sube Castillo es en mujeres (+5), entre 45 y 54 años (+6), Lima (+6), Centro (+6) y sector C (+8). Keiko, en cambio, crece más en jóvenes entre 18 y 24 años (+6), de 55 a 70 años (+5), se dispara en el norte (+11), en el A/B (+8) y en el crucial sector E (+8).

Si las tendencias se mantienen es dable pronosticar un triunfo ajustado de Keiko. Cuenta con la ventaja de tener un equipo y una estrategia afinada, a diferencia de su contendor, que en esta semana ha dado un espectáculo superlativo de improvisación.

Castillo no solo no tiene un plan de marketing electoral sino que en términos de sus equipos técnicos ha armado un despelote descomunal, con grupos en disputa por adueñarse del programa, en un desenlace final que parece confirmará la línea radical cerronista, alguito atenuada por los técnicos de Juntos por el Perú, pero no tanto como para hablar de un Castillo con el polo blanco.

Ese Castillo radical, improvisado y soberbio, le va a costar la campaña. Va a ocurrir, según todo lo hace prever, lo mismo que en Ecuador, donde el candidato de la derecha ganó sobre todo por los gruesos yerros cometidos por el candidato correísta.

Se vienen tres semanas decisivas, donde el papel más crucial podrá jugarlo el desempeño de ambos en los dos debates ya acordados. Lo más probable es que allí se defina la elección. Keiko cuenta a su favor con una masa crítica centroderechista que debiera, al final, inclinarse por ella, pero todo hace suponer que igual va a ser una definición de fotografía que va a depender de quién cometa la menor cantidad de errores.

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Datum, Elecciones 2021, Keiko Fujimori

Si gana Keiko Fujimori, como todo lo hace prever, y no realiza un gobierno extraordinario, la derecha se podrá ir despidiendo por una buena cantidad de años de la posibilidad de acceder nuevamente al poder.

Un gobierno superlativo de derecha implica no solo efectuar un shock de inversiones privadas, un golpe capitalista a la vena, que saque al país de la recesión y lo lleve a tasas de crecimiento capaces de reducir la pobreza y las desigualdades de modo significativo.

Eso no basta. Lo que mejor lo demuestra es el gobierno de García, que tuvo eso, pero por no emprender ninguna sola reforma, le dejó el camino servido a un izquierdista como Ollanta Humala en el 2011.

Junto al shock capitalista mencionado deberá desplegarse una batería moderna y eficaz de programas sociales, capaces de aliviar rápidamente la pobreza generada por la pandemia y compensar la tragedia vivida por los peruanos más indefensos.

Implicará, además, reemprender una reforma del Estado, que incluye una reingeniería de sectores públicos básicos, como salud, educación y seguridad interna. Una salud que no ofenda a los millones de peruanos que acuden a ella y son tratados como ciudadanos de quinta categoría, como ilegales dentro de su propio país. La salud pública en el Perú genera disidencias y antisistemas.

Que continúe la reforma educativa, en el sentido de otorgarle infraestructura y apoyo logístico suficiente para que se convierta en herramienta de equidad y no de mayor diferencia social. Y una política agresiva de lucha contra la delincuencia, que a quienes más afecta es a los más pobres del país.

Si Keiko no hace todo ello en el lapso de cinco años, el 2026 seguramente veremos a Mario Vargas Llosa apoyando a una Indira Huillca para evitar que triunfe una opción ultrarradical como la de Antauro Humala.

El modelo necesita cambios con urgencia. Nos hemos pasado los 21 años de la transición democrática perdiendo el tiempo, sin hacer las reformas pertinentes. Y si bien también son corresponsables políticos originalmente de izquierda, como Ollanta Humala, claramente lo que ha salido perdiendo a ojos de la ciudadanía es el modelo estrenado en los 90, frente al que la gente de a pie muestra legítima insatisfacción e irritación. Si mañana vota por Keiko, será la última ocasión de la derecha para hacer lo que corresponde hacer si quiere mantener al país en la senda de las libertades económicas y políticas.

 

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Derecha, Elecciones 2021, Keiko Fujimori

Un imprevisto puede cambiar el curso de los acontecimientos electorales. Ha ocurrido en otras elecciones. Una denuncia periodística, por más feble que sea, si es escandalosa causa daño (la denuncia de Cuarto Poder le quitó el triunfo a Keiko el 2016); un error inaparente (el chicharrón de Barnechea); una frase infeliz (“nosotros matamos menos”); etc.

Aun estamos a tiempo de que algo así ocurra. Ambos candidatos, Pedro Castillo y Keiko Fujimori, tienen pasivos enormes y flancos débiles que en cualquier momento pueden detonar y generar daño estructural en sus respectivas campañas.

Pero hay un hecho fortuito, ajenos a las veleidades políticas, que merece atención y que sería bueno acometer: evitar la posibilidad de que cualquiera de ellos se contagie de Covid. Si eso ocurriese, el afectado perdería la elección porque tendría que suspender el resto de su campaña y proyectaría, además, una imagen de fragilidad absolutamente contraria a la investidura presidencial que pretende, y viciaría de ilegitimidad el proceso.

El gobierno y el Ministerio de Salud en particular debieran preocuparse en vacunar a ambos candidatos en el término de la hora. La vacuna Pfizer, además, que es la que el Perú tiene, protege hasta en un 80% desde la primera dosis. Acotaría enormemente que alguno de los candidatos corra ese riesgo.

Así como el presidente Sagasti se ha vacunado, como correspondía, es recomendable que cualquiera de los llamados a ocupar el sillón palaciego desde el 28 de julio del bicentenario, lo pueda hacer en justicia de competencia, sin que el virus termine por sacarlo de la carrera.

Ambos están permanentemente expuestos al contagio por el solo hecho de viajar y juntarse con gente que se les acerca y los toca (y lo último a lo que deberíamos aspirar es a que las elecciones del bicentenario terminen definiéndose de modo virtual).

Ello, por lo demás, no generaría ningún rechazo de la población, no sería visto como un privilegio, sino como un acto de justicia, de razón de Estado. Ojalá haya una reacción rápida de las autoridades sanitarias. Merecemos una contienda equitativa hasta el final y que las cruciales elecciones que tenemos en curso no se vean manchadas por un hecho sanitario lamentable e indeseable.

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Covid-19, Elecciones 2021, Vacunación

La última encuesta de CPI arroja 34.2% para Castillo y 32% para Keiko Fujimori. En los hechos, ya podemos hablar de un empate técnico. Esta medición confirma la tendencia que ya han mostrado Datum. Ipsos e IEP, con Castillo estacionado o ya cayendo (este es el dato político más significativo) y con Keiko subiendo sostenidamente.

El mayor desplome de Castillo ocurre en la costa y sierra norte, donde cae de 40.2% a 28%, y en el interior rural, donde se desploma de 61.5% a 43.6%. En el caso de Keiko, su mayor ascenso ocurre en el interior, que pasa de 17.9% a 28%, en costa y sierra norte, donde pasa de 23.2 a 36.7%, en la costa sur, que sube de 11.9 a 23.7%, en el oriente que crece de 22.2 a 38.6% y en el interior rural que se dispara de 13.8 a 23% (casi el doble).

Ello no es gratuito. Es resultado de una estrategia afinada de Keiko y de una falta de estrategia por parte de Castillo, quien parece seguir convencido de que el “modelo Frepap” -que le permitió pasar a la segunda vuelta- le alcanzará para ganar las elecciones.

Y seguramente pensará que la activación de todos los colectivos antifujimoristas -que será el principal aporte de Verónika Mendoza a su campaña- le alcanzará para crecer, sin percatarse que ya no basta con la puesta en marcha de antivotos sino que la campaña ya entró en otra dinámica.

Se equivoca Castillo de cabo a rabo. El problema para él es que está atado de manos. No puede moderarse porque esencialmente él y Cerrón son radicales y la impostura saltaría a la vista: adscribe una proclama convocada, entre otras entidades, por la Conferencia Episcopal, y al día siguiente lanza una estrategia de reforma constitucional abiertamente inconstitucional y autoritaria.

Se niega a debatir y mostrar equipos técnicos y no ceja en ello, mostrándonos el mismo talante del Castillo de la huelga magisterial del 2017, intransigente, caprichoso y beligerante. Como ocurrió en Ecuador, la derecha va a ganar gracias a los errores de la izquierda.

Castillo no es un buen candidato. Tuvo la fortuna de que la rueda de disruptivos sucesivos que hubo (Forsyth, Lescano, López Aliaga), le tocará justo a él en el momento mismo de la primera vuelta, pero en esta segunda ronda definitoria está mostrando groseramente sus limitaciones.

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Encuesta, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

Es un error de ingenuidad creer que Pedro Castillo es una marioneta de Vladimir Cerrón, y que éste último es el radical y Castillo un eventual moderado en quien sí se puede confiar.

Hay que recordar que Castillo fue representante del sector ultraradical, vinculado al Movadef, del magisterio nacional en la huelga del 2017, y en ese entonces no conocía a Cerrón ni en pelea de perros.

Castillo es más radical que Cerrón. Lo demuestra en su última entrevista dada a los colegas María Elena Castillo y Enrique Patriau, de La República, en donde deja en claro cuál será su estrategia de copamiento de poderes y desconocimiento del orden constitucional. Castillo piensa convocar a un referéndum sobre si cabe o no una Asamblea Constituyente y si la consulta le es favorable (algo altamente probable, considerando que bastará aplicar cuatro o cinco medidas gubernativas demagógicas para obtener altísima popularidad), convocarla, más allá del Congreso constituido y sin importar que se esté saltando a las normas vigentes olímpicamente.

Cerrón al menos se había mostrado más “legalista”. Él había sugerido presentar cuestiones de confianza sucesivas al Congreso entrante, forzar a su negativa (algo muy fácil también, si se proponen despropósitos inaceptables y además se instruye a sus propios congresistas a votar contra), y luego disolverlo, convocando a nuevas elecciones congresales con el fin de obtener la mayoría suficiente para emprender las ansiadas reformas constitucionales.

El riesgo de una destrucción desde adentro de la democracia por parte de Perú Libre y el inicio de un proyecto autoritario está más que escrito. Las pruebas están al canto en las declaraciones de los líderes del partido y el propio candidato presidencial.

Es un camino que, además, no resulta inédito. Lo han seguido Chávez, Correa, Ortega y Evo Morales. Es un software político de copamiento del poder y de todas sus instituciones, de estatización gradual de la economía y destrucción del libre mercado, de sojuzgamiento o asfixia de la prensa independiente, de perennización en el poder, etc., etc.

Si ganase Castillo -lo que, al parecer, según las encuestas al unísono, es probable que no ocurra-, entraríamos a un camino político sin retorno inmediato. Le costaría años al Perú librarse de la costra autoritaria que está detrás del proyecto político de Perú Libre, de Castillo y Cerrón, al unísono.

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Pedro Castillo, Vladimir Cerrón
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