Juan Carlos Tafur

Un vecino incómodo a Castillo

“Castillo agregará a sus pesares el tener a un vecino vocinglero, beligerante y abiertamente crítico de sus andares. No será un opositor acomedido ni templado, sino todo lo contrario”

No debería sorprender ni mortificar que Rafael López Aliaga haya decidido estrenar desde el primer día un perfil beligerante en contra del gobierno y particularmente en contra del presidente Castillo.

El líder de Renovación Popular está en las antípodas ideológicas del gobernante y es de esperar que, en esa medida, le agregue a sus responsabilidades propiamente ediles, un talante opositor que ha tenido desde siempre, pero que ahora se amplificará por el cargo que habrá de ocupar desde el primer día del próximo año.

Con otras características y razones, pero se reeditará la atmósfera que existía cuando era alcalde Alberto Andrade y presidente Alberto Fujimori, circunstancias en las que el primero fue un contrapeso político del régimen y ayudó, en mucho, a su caída, a pesar de no haber tenido fortuna en su campaña presidencial del 2000.

La derecha ha sido hasta ahora la principal fuerza opositora del gobierno de Castillo, pero no tenía un punto de apoyo importante para enfrentarlo, más aún si se considera que la oposición congresal de derecha o de centro es una lágrima y un muestrario de torpezas y falta de perspectiva, y que la oposición callejera al régimen brilla también por su nimiedad y ausencia de convocatoria.

Eso cambia con la consecución por parte de la derecha del segundo cargo político más importante del país. Castillo agregará a sus pesares el tener a un vecino vocinglero, beligerante y abiertamente crítico de sus andares. No será un opositor acomedido ni templado, sino todo lo contrario. López Aliaga debe haberse propuesto -y en ese plan parece que lo podrá lograr- convertirse en el líder de la oposición a Castillo.

Pedirle templanza a López Aliaga constituiría una ingenuidad absoluta. No está en sus genes serlo y el poder seguramente exacerbará esos rasgos de su carácter. Pero si a ese rasgo disruptivo, le agrega una gestión eficiente y que haga realidad las promesas hechas (particularmente, el generar un shock de inversiones en la ciudad), potenciará sus perspectivas políticas y va a ser muy difícil contener sus apetitos presidenciales el 2026.

Más allá de cual sea el escenario final y para no especular en demasía, cabe corroborar, sin embargo, con claridad, que Lima, la principal plaza electoral del país se ha pronunciado a favor del contrapeso al gobierno. Gran parte del voto por López Aliaga ha sido un voto anticastillista, que identificó en su principal contendor, Daniel Urresti, una excesiva complacencia con el oficialismo por parte de Podemos, el partido que lo acogía.

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Pedro Castillo, Rafael Lopez Aliaga

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