Ramiro Prialé: La paradoja del cemento sin sentido común

Ramiro Prialé: La paradoja del cemento sin sentido común

El reciente colapso de 13 horas en la autopista Ramiro Prialé no es solo un accidente de tránsito; es el síntoma de una gestión metropolitana que construye puentes monumentales pero ignora la realidad industrial del siglo XXI.

[NOTA] El reciente colapso de 13 horas en la autopista Ramiro Prialé no es solo un accidente de tránsito; es el síntoma de una gestión metropolitana que construye puentes monumentales pero ignora la realidad industrial del siglo XXI.

Parece una ironía del destino. En el último año, Lima ha visto la culminación de obras críticas que dormían el sueño de los justos: un puente de 600 metros que conecta la antigua Prialé con la nueva zona hacia Chaclacayo, y la habilitación de los puentes Santa Clara, Morón y Ñaña. Sin embargo, hace apenas unos días, la vía quedó paralizada por más de diez horas. ¿Cómo es posible que con más infraestructura tengamos el mismo caos? La respuesta es tan simple como escasa en la administración pública: sentido común.

El tramo de Huachipa ha dejado de ser la zona campestre de los años 80 para convertirse en el epicentro industrial más grande del país. Gigantes como la Refinería de Cajamarquilla, Gloria, Brahma o Shalom operan allí, movilizando miles de unidades de carga pesada diariamente. Pero la infraestructura no ha evolucionado con la economía.

EL DIAGNÓSTICO: Obligar a un tráiler de 30 toneladas a dar una vuelta en «U» en una vía de alta velocidad para ingresar a avenidas principales como Los Tucanes o Los Laureles es, técnicamente, un suicidio logístico.

Hoy, la Prialé en este sector no funciona como una vía rápida, sino como una arteria de tráfico industrial pesado. La falta de accesos directos y de carriles de desaceleración técnicos convierte cada intento de ingreso en una ruleta rusa.

La solución no requiere de presupuestos astronómicos, sino de ingeniería de gestión. Se necesitan inversiones quirúrgicas: accesos directos a las avenidas principales con semaforización inteligente y sincronizada, y una fiscalización electrónica rigurosa que controle a los «correlones», emulando el orden de la Av. Gambetta en el Callao.

Finalmente, el proyecto debe ser ambicioso en su capacidad. Mantener solo dos carriles por sentido es condenar al Cono Este al embotellamiento perpetuo. La urgencia de un tercer carril es matemática, no estética. El alcalde que logre entender que la logística urbana se resuelve con fluidez y no solo con metros cúbicos de cemento, será quien realmente pase a la historia.

Mas artículos del autor:

"Ramiro Prialé: La paradoja del cemento sin sentido común"
"SOLICITAN INVESTIGAR Y REMOVER AL PRESIDENTE DEL INDECOPI POR PRESUNTA FALTA DE IMPARCIALIDAD EN CASO DEL ALAMBRÓN"
"¡FAENON EN INDECOPI!"
x