Juan Carlos Tafur

El populismo no rinde frutos eternos

“En el Perú, felizmente, la Constitución del 93 es tan reglamentarista (provino después del delirio populista del primer gobierno de Alan García) que es un candado contra el populismo económico”

La única forma de que el populismo político sostenga en el tiempo niveles crecientes de aprobación ciudadana es que vaya acompañado de populismo económico. Que el discurso confrontacional vaya a la par de medidas demagógicas en el ámbito económico, como ha sucedido en los países que lo han aplicado con “éxito” popular (Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador, etc.).

En el Perú, felizmente, la Constitución del 93 es tan reglamentarista (provino después del delirio populista del primer gobierno de Alan García) que es un candado contra el populismo económico. Así quiera el MEF, tanto el BCR como las normas constitucionales harían imposible perpetrar trastadas heterodoxas por doquier.

Lo ha intentado el gobierno con un par de normas laborales desastrosas (a todo esto, ¿no es inconducente que una congresista como Sigrid Bazán se reúna y presione al presidente de Indecopi porque la entidad -una comisión autónoma de su titular, propiamente hablando- haya declarado como  barrera burocrática la prohibición de tercerizar las actividades que forman parte del núcleo del negocio de una empresa, medida aprobada a través de un Decreto Supremo en febrero de este año?), pero de allí, poco más nada.

La narrativa política contra los grupos de poder, medios de comunicación, Congreso, Fiscalía y Poder Judicial, sumado ello a la victimización por el justificado cerco judicial en su contra, le han permitido pegar una subida en las encuestas, pero ya en la última medición de Ipsos se aprecia que fue un hipo y que empieza  nuevamente el camino del descenso.

La tiene cuesta arriba Castillo porque las denuncias de corrupción que tocan a su entorno y lo rozan a él no son inventos psicosociales de la prensa concentrada sino hechos delictivos probados y fundados. Y la ineficacia absoluta de su gestión también es irrefutable y no se le puede atribuir a ninguna “mano negra”, como pretendió pergeñar respecto del nuevo fracaso en la compra de la úrea, sino simple y llanamente a la mediocridad o corrupción de los burócratas infiltrados por Palacio en el Estado peruano.

Hay un núcleo duro castillista, conformado por la izquierda radical y la fariseicamente considerada moderna, que haga lo que haga el gobierno, va a rendirle pleitesía, pero ese sector congresal y poblacional poco a poco se irá desengañando de las promesas incumplidas de Castillo y, sobre todo, del precoz grado de corrupción, muy tradicional ella, que ha exhibido en apenas su primer año de gestión.

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