Juan Carlos Tafur

Lima cada vez más horrible

“Después, no nos sorprendamos de que una plaza electoral históricamente derechista como Lima, vaya transitando poco a poco hacia ánimos antiestablishment, bajo la consideración de que el modus vivendi en ella es cada vez más indigno e imposible de ser apreciado”

Luego de escuchar el debate dominical y atender los resultados de las encuestas con los probables ganadores de la elección para Lima metropolitana, solo queda desazón y fastidio.

Porque lo que se viene para la capital de la república no es bueno. Continuará su proceso de deterioro, el mismo que ya tiene varios años en ese trance. Ninguna propuesta interesante en materia de urbanismo, de mejora del transporte en coordinación con la ATU, de intensificación de espacios públicos, de adecuada coordinación con el gobierno central para el tema de seguridad ciudadana (no sabemos quién les ha dicho a los alcaldes que esa es su función primordial; solo es demagogia electorera).

El 30% de la ciudadanía peruana seguirá viviendo en una jungla, donde a excepción de reducidísimos espacios urbanos -donde más que modernidad, hay exclusión y privilegio, y consecuente sensación de burbuja-, lo preponderante es la falta absoluta de civismo, de irrespeto a la colectividad, de una calidad de vida terrible, impropia de una de las urbes más importantes de la región y disconforme con la bonanza económica disfrutada las últimas décadas.

Mientras no haya seguridad ciudadana (responsabilidad del Ejecutivo), buen transporte público (responsabilidad compartida), manejo de espacios públicos integradores, limpieza escrupulosa (responsabilidad distrital), Lima seguirá su camino a ser una ciudad invivible, intolerable, hostil, incivilizada.

No se pierde la esperanza, porque hay ejemplos en el mundo de ciudades que estaban en peor situación que la que hoy muestra Lima y que con buenas políticas públicas, además de coordinación de sectores y poderes, lograron transformar por completo el hábitat y la vida ciudadana. Es cuestión de saber comprender lo que se necesita, partiendo de un adecuado diagnóstico de la situación.

Pero es justamente eso lo que no se aprecia, ni se ha apreciado en el debate dominical por parte de ninguno de los candidatos. El desértico panorama programático no genera, por ello, entusiasmo respecto de que la solución a los problemas vaya a acaecer en los siguientes cuatro años.

Después, no nos sorprendamos de que una plaza electoral históricamente derechista como Lima, vaya transitando poco a poco hacia ánimos antiestablishment, bajo la consideración de que el modus vivendi en ella es cada vez más indigno e imposible de ser apreciado. Vivir en Lima, si no cambian radicalmente las cosas, se irá convirtiendo a pasos agigantados en una fábrica de antisistemas.

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Elecciones, Lima

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