Pie Derecho

Los impresentables de López Obrador y de Petro

“La democracia peruana está incólume gracias a que se evitó el golpe de Castillo. El Perú se salvó de seguir el camino de Venezuela y Nicaragua, que era el que el inefable Castillo quería seguir”.

Que López Obrador o Petro dediquen tanto de su tiempo a denigrar al gobierno de Dina Boluarte y defender a Pedro Castillo, y no digan nada de los desmanes autoritarios de Venezuela o Nicaragua, muestra claramente la hemiplejia moral que los caracteriza.

No es verosímil, por cierto, pensar que andan realmente tan confundidos de creer que, en efecto, el pobre maestro rural de Chota, acosado por los grupos de poder, terminó saliendo de Palacio por un golpe de Estado de la derecha congresal peruana. Saben muy bien que Pedro Castillo está fuera del poder por pretender dar un golpe de Estado con todas “las de ley” -valga el término- y nunca esperarse la reacción inmediata de todas las instituciones democráticas y las Fuerzas Armadas, que rechazaron tal propósito.

Pero insisten majaderamente en ese discurso, con una insistencia que hace sospechar dos cosas: primero, que algo cosechan en su fuero interno, o ganan aprobación o preparan el terreno para ejecutar algo semejante al golpe castillista; segundo, que Castillo les había asegurado que su aparente moderación era solo temporal y que prontamente iba a conducir al Perú por los caminos del autoritarismo izquierdista bolivariano, que encajaba perfectamente en las pretensiones geopolíticas de la mayoría de los gobernantes izquierdistas de la región (si así fuera, enhorabuena de lo que nos libramos los peruanos por la torpeza inconmensurable de Castillo).

En cualquier caso, ha hecho muy bien el gobierno peruano en retirar a los embajadores de ambos países, México y Colombia, en señal de protesta por su inaceptable intromisión en asuntos políticos peruanos, bajo el signo de la mentira y la maña descarada.

En la batalla por la narrativa internacional del golpe de Castillo hay mucho por hacer, dicho sea de paso. Haría bien el gobierno de Dina Boluarte, más aún si, como parece, gobernará hasta el 2026, en organizar misiones internacionales de personajes independientes que le aclaren las cosas a los medios y a los políticos locales. Ya bastante se ha logrado con el espaldarazo de un peruano universal de gran predicamento, como Mario Vargas Llosa, pero hace falta un trabajo de filigrana más sostenido y permanente.

La democracia peruana está incólume gracias a que se evitó el golpe de Castillo. El Perú se salvó de seguir el camino de Venezuela y Nicaragua, que era el que el inefable Castillo quería seguir, controlando instituciones,  cerrando el Congreso y destruyendo la democracia a la que retornamos a principios del milenio. Eso hay que decirlo a los cuatro vientos, que los hechos amparan esta narrativa de manera contundente.

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Andrés Manuel López Obrador, Gustavo Petro, Pedro Castillo

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