Juan Carlos Tafur

Los pavores absurdos de la izquierda histórica

“En las manos de la izquierda histórica, con su brazo sindical, radica buena parte de la salida de esta crisis política. Salvo un albur legal en el Congreso, lo único que puede lograr remedio a la actual situación está ligado a la protesta callejera”

La CGTP y la Federación de Trabajadores de la Construcción Civil, fundamentalmente el PC-Unidad, está cometiendo un suicidio sindical al mirar de soslayo lo que viene ocurriendo políticamente en el país, con la corrupción profunda demostrada en el entorno palaciego y en el propio presidente Castillo.

Hace rato debieron sumarse a la lógica del Sutep y conformar un macizo dique clasista para arrinconar al régimen y obligar al Congreso y al Ejecutivo a marcharse y empezar a fojas cero un nuevo proceso político.

¿Qué los confunde? De lo que se lee de sus comunicados o pronunciamientos, el pavor de que la derecha recupere el poder y se quede 20 años gobernando. Es un temor irracional. Primero, porque no es democrático negarse a que eventualmente el adversario gane en buena lid un proceso electoral. Pero, segundo, porque no es cierto que la derecha esté resultando ganadora del proceso de crisis política que el régimen de Castillo está produciendo. Según una encuesta del IEP, de agosto del año pasado a agosto de este año, la gente que se considera de izquierda ha subido de 26 a 32%, mientras el centro y la derecha decrecen.

El rival de este bloque clásico de la izquierda, no es la derecha. Es el aventurerismo radical de Antauro Humala y el centrismo de la llamada “izquierda caviar”. Frente a ellos es que la izquierda histórica debe trazar un derrotero político institucional que le permita recuperar fueros y protagonismo electoral.

Y eso no va a ocurrir si se hipoteca, sin ninguna explicación política que no sea oponerse a la derecha, a los intereses del mediocre y corrupto castillismo. ¿Tanta lucha histórica y recia trayectoria para terminar adormecida en los brazos de una farsa, como es este gobierno?

Las calles son indispensables, más aún si se tiene en cuenta el fracaso de la derecha para movilizarla. Frente a la inercia conjunta del Ejecutivo y el Legislativo, las marchas tienen que hacerse presentes y multitudinariamente hacerles sentir la mano del descontento con el statu quo a los dos principales poderes del Estado.

En las manos de la izquierda histórica, con su brazo sindical, radica buena parte de la salida de esta crisis política. Salvo un albur legal en el Congreso, lo único que puede lograr remedio a la actual situación está ligado a la protesta callejera. Al paso que vamos, se asoma como la vía matriz para romper el nudo gordiano en el que nos hallamos atrapados.

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