Juan Carlos Tafur

¿Qué nos espera hasta el 2026?

“Dadas las condiciones favorables de los mercados internacionales, la izquierdización regresiva de la región y las fuerzas y resiliencia de la economía peruana, un buen gobierno de derecha hubiera provocado una disparada fenomenal del país”

De hecho, todos los astros se han alineado para que el inefable Pedro Castillo gobierne hasta el 2026. Gracias a su taimada astucia ha logrado activar populismos y victimización y sumar niveles de aprobación crecientes, y con inmoralidad abierta ha logrado cooptar a sectores significativos del Congreso, que le aseguran estabilidad en el cargo.

Nada va a cambiar respecto de la incertidumbre de las inversiones privadas. No hace falta para tranquilizar a los capitales, suponer que no habrá estatizaciones ni regulaciones del libre mercado, o controles de precios y tarifas. Basta tener en el poder a alguien inepto, capaz de la peor de las trastadas, para que los inversionistas prefieran esperar tiempos mejores y mayores certezas para correr riegos.

Y la inversión pública se desplomará el próximo año, más de lo que lo ha hecho el actual, porque se eligen autoridades nuevas en todas las instancias de los poderes locales, y estos gobiernos (regionales, provinciales y distritales), representan dos tercios del gasto público total.

La vida política se degradará en extremo. La fragmentación suicida de la oposición persistirá y el crecimiento del discurso fascistoide de un candidato de altísimo riesgo como Antauro Humala alimentará aún más la incertidumbre de largo plazo de los inversionistas privados. Los partidos políticos continuarán en crisis y la fatal y demagógica prohibición vizcarrista de la reelección pauperizará aún más la atmósfera política del país.

La sociedad irá deteriorándose a pasos agigantados. Ninguna entidad pública ha mejorado sus estándares de acción, ninguna política pública será desplegada. A lo sumo, se podrán salvar algunas entidades de la destrucción (MEF, BCR, Sunat, Cancillería y dos o tres más). La corrupción crecerá, la inseguridad ciudadana campeará, la calidad de vida disminuirá.

Dadas las condiciones favorables de los mercados internacionales, la izquierdización regresiva de la región y las fuerzas y resiliencia de la economía peruana, un buen gobierno de derecha hubiera provocado una disparada fenomenal del país. Otro, muy distinto, sería el panorama, si el país hubiera elegido a Keiko Fujimori el 2021. No era la candidata ideal -no hay, ni siquiera, necesidad de abundar en ello-, pero en comparación a Castillo habría sido maná caído del cielo para un país que necesita a gritos crecer y solo así reducir la pobreza orgánicamente y disminuir las desigualdades, como ha sucedido en los últimos treinta años, proceso histórico e inédito, que ahora se ha congelado por el pésimo gobierno de Castillo.

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Pedro Castillo, vida política

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