Juan Carlos Tafur

Un Congreso lamentable, que solo tiene una salida

“Ni siquiera el Parlamento claramente obstruccionista y saboteador de la mayoría aprofujimorista en contra de Kuczynski, primero, y Vizcarra, después, llegó a los niveles de descrédito del Parlamento actual”

Para que un mediocre contumaz como el presidente Pedro Castillo tenga niveles de aprobación superiores a los del Congreso (sube, según Datum, de 19 a 23% y su desaprobación cae de 76 a 71%, mientras el Legislativo, tiene una aprobación de apenas 7% -tenía 11% el mes pasado- y su desaprobación crece de 83 a 87%), queda claro que los inquilinos de la plaza Bolívar lo están haciendo muy mal, todo muy mal.

El repudio ciudadano al Congreso radica en su obsecuencia y corrupción respecto de los andares del Ejecutivo, pero también por su negativa a procesar un adelanto de elecciones que resuelva la crisis política por la que el país transita.

Algunos temas que debe resolver de inmediato el Congreso, en esa perspectiva, son la censura al ministro del Interior -que hoy se volverá a considerar en el Pleno-, y en el mediano plazo, según ha trascendido que ocurrirá, recabar la acusación constitucional que la Fiscalía de la Nación interpondrá contra el Primer Mandatario y que podría llevar, si se ajustan las interpretaciones legales, a la suspensión del gobernante en el ejercicio de sus funciones.

Ocurrido ello -si acaso se ilumina la oposición- se deberá acelerar la inhabilitación de la primera vicepresidenta Dina Boluarte, proceder a la transición democrática y convocar de inmediato a elecciones generales anticipadas (esperamos que no haya nadie en tan desprestigiado Congreso que pueda considerar que la ciudadanía aceptaría que solo se convoquen elecciones presidenciales o, lo que sería peor, que se proceda a la asunción del mando presidencial, por el resto del mandato, de quien actualmente ocupa la titularidad del Legislativo).

Ni siquiera el Parlamento claramente obstruccionista y saboteador, de la mayoría aprofujimorista, en contra de Kuczynski, primero, y Vizcarra, después, llegó a los niveles de descrédito del Parlamento actual. Si sus actuales integrantes no son capaces de leer la realidad ciudadana detrás de esas cifras, el porvenir político del país se mostrará aún más sombrío de lo que ya lo es.

El Congreso tiene que encaramarse sobre su propia medianía, hacer un upgrade político radical, una reconversión casi psicoanalítica, para poderse mirar desde arriba y percatarse de lo diminuto de su proceder y lo extraordinario de lo que le corresponde hacer para superar el escollo profundo en el que se halla.

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Congreso, Oposición, parlamento, Política

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