Flea: Estrella del bajo, sorpresa del jazz

Flea: Estrella del bajo, sorpresa del jazz

“Flea es un bajista frenético, de una gestualidad agresiva e impredecible. Salta, se retuerce, sacude cabeza, brazos y piernas, todo mientras toca con sorprendente precisión intensos ritmos de funk-rock con recursos técnicamente refinados y complejos. Pero, cuando sopla la trompeta, su ser ingresa en una calma suave y acompasada...”

[Música Maestro] La semana pasada, el viernes 27 de marzo para ser exactos, fue el lanzamiento oficial de Honora, primer álbum como solista de Flea, reconocido integrante de los Red Hot Chili Peppers. El extraordinario músico sorprende al mundo con un disco de jazz, en el que además de su característico bajo toca la trompeta, su primer instrumento. Con Honora, Flea cierra un círculo que estaba abierto desde su más temprana infancia. El pretexto perfecto para hablar de su carrera, de su disco y de ese instrumento que domina como pocos.

Un instrumento de perfil… bajo

En setenta años de historia, el rock -como todo fenómeno sociocultural- ha generado sus propios códigos, lenguajes, símbolos y galería de personajes. De ellos, el más emblemático quizás sea el “héroe de la guitarra” o, como se dice en inglés, “guitar hero”, el guitarrista líder de aspecto poderoso y sobrenatural capaz de hacer que el mundo dé vueltas alrededor suyo con solo un movimiento de su brazo derecho (o izquierdo).

A través de las décadas han surgido incontables héroes de la guitarra -Hendrix, Page, Clapton, May, Van Halen, Satriani, Vai, Morello, White-, desde los fantasmagóricos y contemplativos hasta los extravagantes e innovadores. Hasta un videojuego se creó -Guitar Hero-, instalando el concepto en el siglo XXI como legado de la cultura popular del siglo anterior que se va transformando y adaptando a los tiempos modernos.

Y siempre, detrás de los dinámicos guitarristas que, con sus electrizantes solos y contundentes riffs acaparan los reflectores, están los bajistas. Aunque generalmente se les identifica con una actitud más conservadora, siempre detrás sosteniendo las armazones rítmicas de ensambles rockeros de todo tipo, la función que cumple el bajo es tan o más importante que la de las guitarras. Además, pueden llegar a ser tan extravagantes y hasta apropiarse del escenario, como los guitarristas.

Héroes del bajo

Las décadas doradas del rock clásico también produjeron una larga lista de nombres de ejecutantes de este instrumento que, a diferencia de la guitarra, no nació como evolución de instrumentos populares de civilizaciones europeas y orientales de la antigüedad -cítaras, vihuelas, laúdes- para posteriormente electrificarse, sino como adaptación directa del mundo clásico estrictamente europeo -el contrabajo del siglo XVI- para tener una versión portátil y amplificada.

Desde que la fábrica de Fender puso en circulación su modelo de bajo eléctrico Fender Precision Bass, a inicios de los años cincuenta, mucha agua ha corrido por los puentes de este popular instrumento, base rítmica para grupos de jazz, pop-rock, metal, punk, salsa, latin-jazz y todos los otros géneros que se puedan imaginar. Hoy existen muchas otras formas, efectos y marcas, con cuatro cuerdas -configuración original inspirada en el contrabajo- cinco y hasta seis.

Entre los héroes del bajo rockero, que son muchísimos, podemos mencionar por ejemplo a John Paul Jones (Led Zeppelin), moderado y virtuoso; Chris Squire (Yes), rotundo e inconfundible; Geddy Lee (Rush), dinámico y pesado. Si hablamos de jazz, la lista es tan grande que merecería un artículo aparte. Y en la salsa o el jazz latino, la próxima vez que escuchen temas de la Fania, o las grabaciones de Héctor Lavoe, Willie Colón y Rubén Blades, préstenles atención a las líneas de bajo de los portorriqueños Bobby Valentín y Salvador Cuevas, por un lado; y a las del cubano Carlos del Puerto (Irakere) o su hijo, Carlitos del Puerto Jr., uno de los mejores actualmente.

Los tumultuosos inicios de Flea

La primera vez que escuché a los Red Hot Chili Peppers fue en Disco Club, a través del videoclip de un cover de Higher ground, contenido en Mother’s milk (1989), su cuarto LP. Las imágenes mostraban a un cuarteto de jóvenes blancos que más parecían integrantes de una pandilla punk, tocando a velocidad y con distorsión típica del rock alternativo/grunge, el acompasado clásico de Stevie Wonder (LP Innervisions, 1973). Al inicio del video, un bajista de aspecto amenazante -torso desnudo, ceño fruncido, pelo amarillo, tatuajes, movimientos agresivos- replica con alucinante exactitud la línea introductoria que Wonder lanza desde su característico clavinet Hohner.

El artista conocido mundialmente como Flea –“Pulga” en inglés- construyó su carrera musical en la escena del punk y el metal de Los Angeles, ciudad a la que llegó a los 10 años con su madre Patricia, su hermana Karyn y su padrastro, un contrabajista de jazz. Su verdadero nombre es Michael Balzary y había nacido en Australia en 1962. Su padre, de nacionalidad húngara, se separó de la familia cuando él tenía solo 9 años. Walter Urban, su padrastro, solía organizar en casa tóxicas sesiones de jazz en las que caían los más grandes. El pequeño Michael vio en acción, a poquísima distancia, a Dizzy Gillespie, Coleman Hawkins, Miles Davis y muchos otros.

Sin embargo, su vida familiar no fue para nada sencilla ni perfecta. Urban padecía de un intenso alcoholismo que lo ponía violento, por lo que Flea, desde la adolescencia, se refugió en las calles y todos los peligros que ello traía. Así aparecieron las peleas, el consumo de marihuana y una conexión personal con la música fuerte que lo alejó de su primer amor, el jazz. Así conoció también a otro adolescente desadaptado, Anthony Kiedis, cantante en diversas bandas del barrio. Y al guitarrista Hillel Slovak, israelí de nacimiento pero afincado en Los Angeles con sus padres de origen eslavo. Los tres formaron en 1982, junto con el baterista Jack Irons, la primera alineación de The Red Hot Chili Peppers, a la postre una de las bandas más exitosas de los años noventa.

Red Hot Chili Peppers y la fama mundial

Entre 1982 y 1989, los Red Hot Chili Peppers atravesaron una serie de dificultades para encontrar su camino hacia el éxito. Sus cuatro primeros álbumes –The Red Hot Chili Peppers (1984), Freaky styley (1985), The uplift mofo party plan (1987) y Mother’s milk (1989)- pasaron bastante desapercibidos para la crítica especializada, a pesar de presentar una impresionante capacidad instrumental y una combinación auténtica de hip-hop, rock alternativo y funk.

Incluso el segundo álbum, Freaky styley, fue producido por el legendario George Clinton, líder de Parliament-Funkadelic. Salvo el mencionado cover de Higher ground y algunos otros temas –Get up and jump, Fight like a brave o Behind the sun– la onda de los RHCP no tuvo mayor impacto. La muerte por sobredosis de Slovak, en 1988, y los constantes cambios de baterista -Jack Irons, Cliff Martinez y hasta D.H. Peligro de los Dead Kennedys- hizo tambalear al proyecto de Kiedis y Flea. Sin embargo, la llegada de John Frusciante (guitarra, coros) y Chad Smith (batería) cambió todo.

Con esa formación -Kiedis, Flea, Frusciante y Smith- y un estratégico cambio de casa discográfica, de EMI Records a Warner Brothers, los Red Hot Chili Peppers levantaron vuelo. De ser una banda marginal en Los Angeles se convirtieron en un gigante que comenzó a llenar estadios y festivales en el mundo entero. Sus siguientes álbumes Blood sugar sex magik (1991), One hot minute (1995), en que Dave Navarro de Jane’s Addiction ocupó el lugar de John Frusciante quien se aisló de todo por problemas de salud mental y drogas -y donde Flea estrenó la primera canción que compuso a solas, la bizarra Pea– convirtieron al cuarteto en superestrellas, especialmente el primero, con canciones como Suck my kiss, Breaking the girl, Give it away o Under the bridge.

Para ese momento, estaba claro el estatus de Flea como el absoluto héroe del bajo de su generación. Junto con Les Claypool (Primus) y, en menor medida, Reginald “Fieldy” Arvizu (Korn) y Jeff Ament (Pearl Jam), el hiperactivo y dinámico fundador de Red Hot Chili Peppers se unió a esa lista de históricos y notables bajistas que lo precedieron. Influenciado por los máximos exponentes del funk y el jazz-fusión, pero con la energía desbordada de bajistas de punk, hard-rock y heavy metal, el estilo intenso y preciso de Flea se convirtió en marca registrada de su banda.

Californication y posterior desgaste del grupo

La idea de grabar un álbum como solista rondó la cabeza de Flea casi desde siempre. En la era del Blood sugar sex magik, Flea estuvo cerca de concretar ese anhelo, pero dio preferencia a invitaciones para colaborar con otros artistas. Por ejemplo, su bajo puede escucharse en Jagged little pill (1995), el tercer álbum de la canadiense Alanis Morrisette, así como en grabaciones de Tori Amos y Jane’s Addiction, con quienes incluso salió de gira.

Para fines de los noventa, el mundo de la música celebró el regreso de la formación más aclamada de los Red Hot Chili Peppers. Con John Frusciante de vuelta, el cuarteto tuvo un tremendo impacto global con Californication (1999), séptima producción en estudio que generó nuevos ingresos a su catálogo de éxitos como Around the world, el tema-título o Scar tissue, además de una paleta sonora más diversa con canciones como Parallel universe, densa y frenética; o Road trippin’, un tema acústico cercano al country.

El grupo siguió adelante con By the way (2002) y Stadium Arcadium (2006), extensos y algo repetitivos, aunque con ideas musicales interesantes siempre determinadas por el desempeño de Flea. Canciones como By the way o Hump de bump, son buenos ejemplos. Aunque en conciertos seguían siendo una gran atracción, sus producciones comenzaron a carecer del riesgo que sostuvieron hasta Californication. En sus últimos discos –I’m with you (2011), The getaway (2016), Unlimited love (2022) y Return of the dream canteen (2022)-, los Red Hot Chili Peppers mantienen su evolución musical con el peso y solvencia de los años, pero sin el filo de sus tiempos juveniles.

Flea y su pasión por la trompeta

“Recuerdo haber visto en casa a Dizzy Gillespie”, le contó hace la semana pasada al humorista Jimmy Fallon, conductor del sintonizado programa de la TV norteamericana The Tonight Show, como parte de la campaña promocional de Honora. “Me abrazó y hasta ahora recuerdo el aroma de su colonia, su amabilidad” dijo, además de contar que la trompeta fue su primer instrumento.

La trompeta es la principal protagonista de Honora, el sorprendente álbum de jazz con el que Flea cumple su propósito de grabar un disco en solitario. Previamente, en el 2012, había lanzado un EP con seis temas propios en clave de música experimental, electrónica y jazz, titulado Helen burns, donde despliega la pasión que le produce este instrumento de viento que aprendió a tocar escuchando a los mejores: Miles Davis, Chet Baker, Lee Morgan.

En varios conciertos de los Red Hot Chili Peppers se le puede ver tocándola, como en este segmento del DVD Live at Slane Castle (2003), en que sale enfundado en un traje negro con estampado de esqueleto, como lo hiciera antes uno de sus ídolos, John Entwistle, bajista de The Who. Incluso hay un video en YouTube de un concierto de Nirvana en Brasil, en 1993, en que Flea aparece como invitado durante Smells like teen spirit, haciendo líneas de delirante jazz con la trompeta en la parte final de este himno del grunge. Una rareza digna de ver y escuchar.

El momento actual de Flea

En una entrevista con el productor, músico y youtuber Rick Beato, también promocionando Honora, Flea reflexiona sobre vida, sus altibajos y su momento actual que incluye las celebraciones por el aniversario 25 del Conservatorio de Música de Silverlake, institución educativa sin fines de lucro que fundó en el 2001 en California para apoyar a niños de bajos recursos a encontrar su camino en la industria musical. Aquí podemos verlo tocando con sus alumnos.

Flea -apelativo que le pusieron desde pequeño porque no podía quedarse quieto ni un minuto-, es un bajista frenético, de una gestualidad agresiva e impredecible. Salta, se retuerce, sacude cabeza, brazos y piernas, todo mientras toca con sorprendente precisión intensos ritmos de funk-rock con recursos técnicamente refinados y complejos. Pero, cuando sopla la trompeta, su ser ingresa en una calma suave y acompasada, como en esta actuación junto a Patti Smith (ver aquí).

Tiene una condición física envidiable -llegó caminando de manos al programa de Jimmy Fallon la semana pasada, una verdadera proeza para un hombre de 63 años- y una impresionante rapidez mental. En sus respuestas, aflora esa espiritualidad que desde hace algunos años adoptó como tabla de salvación de una vida llena de exceso y peligro. Honora, su disco, le hace justicia a esta evolución artística y personal.

Las canciones de Honora

A diferencia de Helen burns, Honora es un disco de jazz orgánico, sin excesivas intromisiones de bases electrónicas. Solo tres de sus diez canciones se difundieron de manera oficial, antes del 27 de marzo. La primera de ellas, titulada A plea, es un ejercicio de acid jazz que, en un videoclip de siete minutos, muestra al siempre desenfadado y epiléptico Flea rodeado de niñas y niños mientras grita al mundo -a los políticos, a los empresarios, a los artistas- la necesidad de recuperar el amor en el mundo y evitar las guerras, un mensaje muy a tono con las dificultades que atraviesa actualmente Estados Unidos por los caprichos de su presidente.

La segunda, Traffic lights, presenta una colaboración vocal del líder de los ingleses Radiohead, Thom Yorke, con quien Flea coincidió algunos años atrás en un proyecto denominado Atoms For Peace. La canción posee un aura hipnótica que se nutre del smooth jazz y, nuevamente, el bajo y la trompeta de Flea serpentean sobre una melodía coescrita por él, Yorke y el tecladista Josh Johnson. La tercera, presentada en vivo en el programa de Fallon, es un cover del rapero Frank Ocean, un tema llamado Thinkin’ about you que Flea transforma en una sofisticada balada jazz, tocando bajo y trompeta a la vez, con inteligentes arreglos ejecutados por su solvente banda.

Honora contiene seis composiciones originales de Flea y cuatro de otros artistas. Además de la mencionada Thinkin’ about you, destacan Maggot brain, tema-título del tercer disco de Funkadelic, que la guitarra de Eddie Hazel convirtió en himno del rock psicodélico en 1971; el clásico del country Wichita lineman con participación vocal del australiano Nick Cave; y la balada jazz de 1932 Willow weep for me, escrita por Ann Ronell y grabada a través de los años por luminarias como Billie Holiday, Frank Sinatra, entre otros.

Este álbum es una de las mejores noticias en lo que va del año en términos de lanzamientos discográficos, un homenaje al jazz que llega gracias a uno de los músicos más irreverentes, auténticos y talentosos de los últimos 35 años que, de esta manera, agradece tanto su propia sobrevivencia a diversas dificultades -abuso y abandono juvenil, adicciones, diversas experiencias traumáticas- como la de aquel bagaje sonoro que nutrió su trayectoria. La carátula de Honora es una foto artística de una mujer con una paloma blanca sobre el hombro. La modelo es Shahin Badiyan, madre iraní de su actual esposa, Melody Ehsani.

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