Juan Carlos Tafur

La tomadura de Lima

“La fallida Toma de Lima, muy bien apertrechada por el gobierno, pero un rotundo fracaso en su convocatoria, le debe mandar un mensaje claro al oficialismo y en particular a Pedro Castillo: ya perdió el pueblo que lo respaldó activamente en las elecciones del año pasado”

La fallida “Toma de Lima”, muy bien apertrechada por el gobierno, pero con un rotundo fracaso en su convocatoria, le debe mandar un mensaje claro al oficialismo y en particular a Pedro Castillo: ya perdió el pueblo que lo respaldó activamente en las elecciones del año pasado.

Su repunte en las encuestas solo es el eco de la vieja receta del populismo político, que con tanto éxito estrenó Vizcarra y que pretende reestrenar, sin el mismo éxito, el líder chotano, a través de la confrontación exagerada contra instituciones que históricamente son desacreditadas, como es el Congreso.

Nada bueno nos espera. Lo único rescatable tal vez sea que la mediocridad y torpeza del régimen por lo menos lo torna incapaz de emprender un programa radical de reformas y mucho menos la insana pretensión de refundar constitucionalmente el Perú. De eso, no hay ni habrá asomo el tiempo que Castillo dure sentado en Palacio.

Vizcarra logró que, cuando ocurrió su vacancia, salieran masas a las calles a protestar y provocaron la caída veloz del régimen sucesorio de Manuel Merino. El día que caiga Castillo –algo improbable dada la estulticia convenida de los congresistas de la oposición- no saldría nadie a manifestar disconformidad alguna.

El gobierno está solo. No tiene aliados. El único que le queda importante, Vladimir Cerrón, ya cuenta con una bancada minúscula (debe haber más “niños” que cerronistas), y poco le aporta a un régimen que no tiene vínculos con los poderes fácticos (por más que haya infiltrado a la policía y a las fuerzas armadas), los empresarios lo miran con desconfianza, los partidos no lo quieren ni le creen, no es santo de devoción de la iglesia, cierto sector de la academia ya dejó de mirarlo con aires de novedad sociológica, abrumada por la galopante criollada del portavoz del pueblo que anhelaban encontrar.

Los gremios sociales no lo respaldan. Solo lo miran con cautela algunos que creen que cuestionar a Castillo supone hacerle el juego a la derecha (véase la miopía histórica de la CGTP). Los sectores sociales más importantes, como el agrario, ya no le creen ni lo que come. Las autoridades locales solo se acercan por la conveniencia de las rentas a percibir, no hay ningún respaldo orgánico detrás.

Ayer no se tomó por asalto Lima. Se tomaron solo licencias para agredir a la prensa y para libar y comer lo que gonfaloneros palaciegos les habían preparado, junto con decenas de buses, para preparar una “asonada popular”, que no pasó de ser un sainete raído sin ninguna relevancia política.

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Gobierno, Pedro Castillo

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