[El dedo en la llaga] El 10 de enero de 2026 murió en Suiza, a los 90 años de edad, el autor de bestsellers Erich von Däniken (1935-2026), cuyos libros “Recuerdos del futuro” (1968) y “Regreso a las estrellas” (1970) devoré con ahínco en mi infancia. Los adquirí con mis propinas en la desaparecida Librería Castro Soto que quedaba en la calle Miguel Dasso, a la cual me iba en bicicleta desde mi casa en la calle Julio Becerra 155, situada a espaldas del Inmaculado Corazón, colegio privado de primaria sólo para varones. Incluso mis padres me llevaron al cine a ver el documental basado sobre el primero de los libros, que fue estrenado —si no me falla la memoria— en el legendario Cine Roma.
Estamos hablando de otra época, de una era predigital donde los libros eran para nosotros, menores de edad entonces, mundos que descubrir, e ir al cine era una experiencia colectiva que no se comparaba con lo que nos ofrecía una televisión con tubos de rayos catódicos e imágenes en blanco y negro. Y donde hasta un documental en colores podía ser una experiencia fascinante.
Erich von Däniken fue mi primer guía intelectual en el descubrimiento del mundo antiguo con sus ruinas misteriosas, monumentos gigantescos y figuras crípticas, cargadas de un arte y una escritura que necesitaban ser descifradas e interpretadas dentro un contexto histórico que se escapaba a nuestra comprensión. Y este autor suizo traía consigo una interpretación de estos datos que no solamente era novedosa, sino que desafiaba lo que las ciencias habían podido descubrir hasta entonces: las huellas arqueológicas nos daban indicios de la presencia de extraterrestres en nuestro mundo desde épocas ancestrales.
Por supuesto, se trataba de un embuste creado por la imaginación de alguien que no era arqueólogo ni aplicaba un método científico. Era un autodidacta empedernido que nunca tuvo estudios académicos, pues los únicos oficios que aprendería son el de cocinero y el de hotelero.
Erich von Däniken nació como el cuarto de cinco hijos del fabricante de ropa Otto von Däniken y de su esposa Magdalena en Zofingen (Suiza). Pasó su etapa escolar en las localidades suizas de Niedererlinsbach, Rabius, Schaffhausen y Friburgo. Allí asistió, a partir de los trece años, al Kollegium St. Michael de la orden jesuita. Durante ese tiempo se interesó especialmente en la filosofía, la teología y la arqueología. Posteriormente completó un aprendizaje como cocinero.
Mientras trabajaba como aprendiz de hotelería en el Hotel Schweizerhof de Berna, realizó en 1954 su primer viaje a Egipto y comenzó a buscar traducciones de textos cuneiformes. Le siguieron empleos en varios hoteles. Tras un breve paso por la fábrica de sopas Knorr, von Däniken se convirtió en gerente del restaurante Mirabeau en Berna. En 1964 asumió la dirección del Hotel Rosenhügel, un hotel de temporada de invierno en Davos.
A finales de 1968, von Däniken fue detenido en Viena a instancias de la fiscalía del cantón de los Grisones (Suiza), acusado y condenado el 13 de febrero de 1970 a tres años y medio de prisión por falsificar registros financieros, malversación y fraude, al engañar a instituciones para obtener préstamos. Utilizó este dinero para financiar su costoso estilo de vida y los viajes de investigación para su primer libro, “Recuerdos del futuro”. Antes de este gran proceso, ya contaba con condenas en la década de 1950 por robo y fraude. Durante el juicio de 1970, un informe psiquiátrico lo describió como un “mentiroso notorio” con una fuerte necesidad de reconocimiento.
Von Däniken pudo abandonar la prisión tras 18 meses, gracias a la computación de la prisión preventiva y por buena conducta. En 1982, el Tribunal Cantonal de los Grisones anuló la sentencia y rehabilitó a von Däniken. Durante su prisión, el libro “Recuerdos del futuro” fue adaptado al cine por Harald Reinl. La película recibió una nominación al Óscar.
Von Däniken terminaría abandonando el negocio hotelero y dedicándose por completo a la pseudo-ciencia bautizada con el nombre de paleoastronáutica (o pre-astronáutica). Esta afición le traería ingresos millonarios, gracias a la venta de los más de 40 libros que publicó en vida, muchos de los cuales serían traducidos a 32 idiomas.
Por lo menos a partir de 2003, sus libros fueron publicados por la editorial Kopp, a la que el renombrado periódico alemán Die Welt califico como una «empresa especializada en esoterismo, teorías de la conspiración y desinformación».
¿Pero en qué consistía el método de von Däniken, que lo llevaba a la conclusión de que los extraterrestres tuvieron un rol muy importante en el desarrollo de las civilizaciones antiguas?
Su “investigación” consistía en:
- Viajar mucho y observar directamente los sitios.
- Fotografiar y describir lo que veía.
- Plantear preguntas retóricas del tipo “¿cómo pudieron hacer esto sin ayuda externa?”
- Proponer la intervención extraterrestre como la explicación más “lógica” cuando la arqueología convencional no daba —según él— respuestas suficientes.
Tomaba fotos de monumentos, relieves, estatuas y objetos antiguos, y luego los reinterpretaba como representaciones de astronautas, naves espaciales, cascos, trajes o tecnología avanzada (por ejemplo, la losa de Palenque que interpreta como un astronauta en una cápsula, o las líneas de Nazca como pistas de aterrizaje). Interpretaba pasajes de la Biblia (especialmente Ezequiel y sus “carros de fuego”), mitos sumerios, hindúes, sudamericanos, africanos, etc., como recuerdos distorsionados de contactos con extraterrestres. No hacía análisis filológico o histórico profundo, sino comparaciones superficiales y especulativas. Destacaba objetos o construcciones que, según él, eran demasiado precisos o avanzados para la tecnología de la época (pirámides, baterías de Bagdad, pilar de hierro de Delhi, etc.), aunque muchas de estas “anomalías” ya tenían explicaciones científicas aceptadas que él ignoraba o rechazaba.
A esto se suma una subestimación etnocéntrica y discriminatoria de las capacidades de las culturas antiguas, al asumir que no pudieron tener ciertos logros sin ayuda externa. Proyectaba tecnología moderna (naves, cascos, trajes espaciales) sobre arte y mitos antiguos, ignorando su simbolismo religioso y cultural. Nunca presentaba artefactos inequívocamente extraterrestres, ADN alienígena, tecnología no terrestre o pruebas físicas directas. Sus “evidencias” eran siempre reinterpretaciones subjetivas de objetos humanos conocidos.
La comunidad científica considera su trabajo pseudociencia porque no seguía estándares rigurosos, seleccionaba evidencias de forma sesgada, no citaba fuentes fiables de manera adecuada y no sometía sus ideas a verificación o crítica seria. Sin embargo, su método de “ir al lugar y verlo con mis propios ojos” fue clave para el atractivo popular de sus libros y teorías.
Así lo recuerda un compañero de clase mío del Colegio Alexander von Humboldt, el cual tenía una casa de vacaciones en la bahía de Paracas. Me contó una vez que conoció personalmente a von Däniken, en una de sus visitas al Perú. El suizo pidió que lo llevaran en bote a ver el candelabro de Paracas. Me cuenta mi amigo que llegó, lo vio, tomó unas cuantas fotografías y eso fue todo. En sus libros ese geoglifo sobre una colina de arena que da al mar sería interpretado como una señal para naves extraterrestres que apuntaba hacia las líneas de Nazca, que les habrían servido de pistas de aterrizaje.
A esto se suma que la idea de la presencia de extraterrestres en los albores de la civilización ni siquiera es original de von Däniken. El autor francés Robert Charroux (1909-1978), en su libro “Historia desconocida de los hombres” (1963), ya presentaba muchas de las pruebas y argumentos (como el de las líneas de Nazca) que von Däniken utilizaría más tarde en “Recuerdos del futuro”. De hecho, von Däniken fue acusado de plagio y su editorial tuvo que incluir a Charroux en la bibliografía de ediciones posteriores para evitar demandas legales. Los escritores franceses Louis Pauwels (1920-1997) y Jacques Bergier (1912-1978), en su popular libro de “El retorno de los brujos” (1960), especularon sobre la posibilidad de visitas extraterrestres en la antigüedad y de conocimientos perdidos. El “investigador” estadounidense Charles Fort (1874-1932) recopiló, a principios del siglo XX, miles de fenómenos inexplicables y sugirió en obras como “El libro de los condenados” (1919) que la humanidad podría estar bajo la observación o control de seres de otros mundos. En la ficción, la teoría de “alienígenas” que habitaron hace millones de años la Tierra constituye la base de varios relatos del escritor H.P. Lovecraft (1890-1937).
Antes de ser escritor de bestsellers, Erich von Däniken fue un embaucador que cometió delitos financieros. Descubrió que le iba a ir mejor si embaucaba —no sé si con buenas o malas intenciones— a millones de lectores con teorías extravagantes sobre la presencia de extraterrestres en el pasado humano. Lo que logró como efecto colateral benéfico es despertar en muchos un inmenso interés por la arqueología, lo cual difícilmente se hubiera logrado con escritos científicos y académicos sobre el tema. Y aprendimos a no tomar en serio sus interpretaciones fantásticas, así como tampoco creemos en las explicaciones conspirativas oficiales que nos dan algunos sobre datos y hechos, cuya veracidad ha sido demostrada fehacientemente o que hemos visto con nuestros propios ojos.







