¿Y qué dicen los planes de gobierno sobre el aspecto laboral?

¿Y qué dicen los planes de gobierno sobre el aspecto laboral?

“Al final, los planes de gobierno no discrepan tanto en el objetivo —más empleo— sino en el camino para lograrlo. Sin embargo, comparten una omisión relevante: la falta de una mirada directa e integral sobre la calidad del trabajo”.

[PAUSA ACTIVA]  A dos semanas de las elecciones presidenciales, revisé los planes de gobierno de los candidatos que lideran las encuestas con una pregunta en concreto: ¿qué dicen realmente sobre el trabajo? La respuesta, más que una diversidad de propuestas deja un hallazgo bastante claro: diversos matices que giran en torno a la generación del empleo y lo abordan de manera superficial dejando de lado la necesidad de incorporar políticas que lo conciban como algo más que una simple consecuencia del crecimiento económico.

Keiko Fujimori, por Fuerza Popular, plantea que el incremento del empleo será resultado del crecimiento económico impulsado por la inversión privada. Por su parte, Renovación Popular, liderada por Rafael López Aliaga apuesta por el fortalecimiento del mercado laboral a partir de la dinamización económica, aunque incorporando un componente más social, donde el trabajo se concibe no solo como una herramienta para reducir la pobreza, sino como una herramienta clave para fortalecer la comunidad. Asimismo, y, en una posición muy similar, Alianza para el Progreso de César Acuña promueve el empleo formal principalmente a través de la inversión privada, el emprendimiento y la reactivación económica con el Estado como facilitador.

Un poco más distante, Juntos por el Perú de Roberto Sánchez introduce una mirada más estructural del mercado laboral, poniendo énfasis en problemas como la informalidad, los bajos ingresos y la baja productividad como fallas del propio modelo económico, además de reforzar el rol del Estado en la protección de derechos laborales. País para Todos de Carlos Álvarez, en cambio, adopta un enfoque más pragmático, donde lo central no es solo generar empleo, sino que el crecimiento económico se traduzca en mejoras concretas en el ingreso de las personas.

A su vez, el Partido del Buen Gobierno de Jorge Nieto plantea una visión de centro reformista, donde el trabajo se inserta dentro de un proceso más amplio de modernización del Estado, fortalecimiento institucional y desarrollo productivo. En una línea más técnica, Ahora Nación de Alfonso López Chau incorpora el trabajo dentro de una lógica de desarrollo del capital humano, con énfasis en habilidades, empleabilidad y productividad, incluyendo algunos indicadores vinculados a empleo adecuado, certificación de competencias y mejora de capacidades, especialmente en jóvenes y MYPE.

Es decir, hay matices, hay ideologías varias y hay distintas formas de entender el rol del trabajo en el país. Sin embargo, más allá de esas diferencias, encontramos un patrón que se repite: el trabajo es abordado de manera parcial y, en la mayoría de los casos, indirecta. La mayoría de las propuestas omite observar cómo se trabaja dentro de las empresas, la calidad del empleo desde una perspectiva integral, y reformas laborales concretas. El empleo aparece principalmente como una consecuencia de la economía —si el país crece, habrá más trabajo— en lugar de un sistema que también necesita ser diseñado, gestionado y mejorado.

Esto no significa que no haya elementos rescatables. La formalización laboral, por ejemplo, aparece en distintos enfoques: Fuerza Popular propone simplificar regulaciones para facilitar la formalidad, mientras que Juntos por el Perú la entiende como un problema estructural vinculado al modelo productivo y plantea mayor intervención estatal. También hay un fuerte impulso al emprendimiento, especialmente en Fuerza Popular, Renovación Popular y Alianza para el Progreso, algo coherente con la realidad peruana, donde el autoempleo es predominante. País para Todos pone el foco en que el crecimiento económico se refleje en ingresos reales para las personas, el Partido del Buen Gobierno aporta una mirada desde la reforma del Estado y la meritocracia, y, en menor medida, Ahora Nación introduce elementos vinculados a empleabilidad, productividad, certificación de competencias y adecuación entre educación y trabajo.

Sin embargo, incluso en los planes más desarrollados, el foco sigue estando en el acceso al empleo —capacitación, formalización o ingresos— más que en la experiencia del trabajo. Cuando se revisa con mayor detalle, quedan fuera temas clave como la productividad laboral a nivel organizacional, la calidad del empleo en términos de desarrollo de carrera, la gestión del talento dentro de las empresas o las brechas específicas de habilidades en el día a día del trabajo. En otras palabras, se habla bastante de cómo generar empleo, pero muy poco de cómo mejorar el trabajo.

Y ahí es donde aparece una oportunidad importante. Si el objetivo es realmente elevar las condiciones laborales en el Perú, la conversación debería incluir aspectos más concretos: cómo medir y mejorar la productividad del trabajador, cómo asegurar procesos de formación continua que eviten la obsolescencia laboral, cómo incentivar a las empresas a ofrecer no solo empleo formal, sino empleo de calidad, cómo intervenir en la gestión del trabajo en las micro y pequeñas empresas —donde se concentra la mayor parte de la fuerza laboral— y cómo generar mayor transparencia en el mercado laboral para que las personas puedan tomar mejores decisiones sobre su desarrollo profesional. Esto no reemplaza la necesidad de crecimiento económico, pero sí la complementa desde un ángulo que hoy está ausente: el día a día del trabajo.

Al final, los planes de gobierno no discrepan tanto en el objetivo —más empleo— sino en el camino para lograrlo. Sin embargo, comparten una omisión relevante: la falta de una mirada directa e integral sobre la calidad del trabajo. En un país donde la mayoría de las personas trabaja en condiciones precarias, informales o de subempleo, el desafío no es solo generar empleo, sino mejorar el trabajo que ya existe. Y esa sigue siendo, en gran medida, una conversación pendiente.

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