[Música Maestro] No hay tristeza más grande que aquella que uno siente cuando fallece un perro. Eso lo saben perfectamente todos aquellos que, en su vida adulta, han tenido que llevar a ese noble animalito que vivió durante años en casa a alguna sala veterinaria “para ponerlo a dormir”, frase que busca suavizar ese duro y significativo momento.
Lo dijeron, entre otros, el chileno Pablo Neruda, en su conmovedora pieza de poesía Un perro ha muerto (publicación póstuma de 1974), el periodista peruano César Hildebrandt en una inolvidable columna del 2008, diciéndole adiós a su querido Moro, o el cantautor argentino Alberto Cortez, en esa hermosa canción llamada Callejero (LP Ni poco, ni demasiado, 1973).
Y lo dicen a diario miles de seres humanos alrededor del mundo que deben atravesar ese umbral de dolor al lado de la mascota más querida, mirándola a los ojos. Muchos aseguran, y no se equivocan al hacerlo, que la pena es incluso mayor que la de perder a un gran amigo, un hermano, una madre.
Porque la ternura, la lealtad, el consuelo y la alegría que se experimenta cuando se ha desarrollado una relación tan cercana con un compañero de cuatro patas, la paz que puede aportar al caos cotidiano llegar a casa y sentir la calidez de ese saludo emocionado, la inocencia de esos ojos amorosos es incomparable, imposible de alcanzar en las relaciones interpersonales. Cuando los ojos de un perro se apagan, el mundo se convierte en un lugar cada vez más triste, más oscuro, sin alma.
El adiós de Cocoa
La rutina más o menos normal, convencional, del hombre y la mujer modernos hace que, generalmente, vean a sus perros solo algunas horas por la mañana y por la noche, salvo que sea fin de semana o feriado. El trabajo, los estudios, el tráfico, las diez horas que uno pasa fuera de casa de lunes a viernes. Y si, en esas condiciones, el sufrimiento que sientes cuando fallece tu perro es capaz de derrumbarte en un conmovedor duelo que parece no acabar nunca, ¿te imaginas cómo sería si estuviera contigo mañana, tarde y noche, si fuese parte de tu jornada laboral, de tus viajes, de tus proyectos, de tu vida diaria?
Es el caso del músico norteamericano Scott Woodruff, vocalista, guitarrista, compositor y líder de Stick Figure, banda de reggae que tenía entre sus integrantes a una simpática perrita, su perrita. Cocoa, bautizada así por su copioso pelaje marrón, era una pastora ovejera australiana que lo acompañaba a todas partes desde que la rescató de un albergue, siendo aun una cachorrita. En los conciertos de su banda de reggae Stick Figure, Cocoa se adueñaba del escenario, paseaba frente al público o se echaba, relajada, a escuchar a su familia humana. Cocoa The Tour Dog, su nombre artístico, falleció el pasado 7 de enero.
Al día siguiente, Scott -de 33 años- publicó en sus redes sociales una foto cargando a Cocoa, delante de un hermoso atardecer. Acompañó la tierna imagen con este texto: “Anoche le dijimos adiós a Cocoa. Ella falleció apaciblemente después de un último paseo por la playa al atardecer, poco antes de cumplir 15 años. Me entristece muchísimo, pero encuentro consuelo al saber que Cocoa vivió la mejor vida que cualquier perro pudo imaginar”.
La noticia pasó desapercibida en medios convencionales pero, en sus redes y páginas dedicadas al género jamaiquino, los homenajes no se hicieron esperar a través de mensajes, fotos y videos de Cocoa, la mascota del reggae.
Stick Figure: Música playera
Como todos sabemos, el reggae nació en Jamaica y llegó a los ghettos negros de Londres gracias a Bob Marley & The Wailers a finales de los sesenta. Con los años, lo que comenzó como fondo musical de una religión africanista, el rastafarianismo, fue convirtiéndose en un género global que se incorporó en Inglaterra al lenguaje del punk y el pop-rock -The Clash, The Specials, The Police, Culture Club- y en Estados Unidos a la subcultura del surf, debido a la asociación directa entre el naturalismo rasta y el vínculo espiritual de la marihuana, un secreto a voces que a estas alturas no ofende ni avergüenza a nadie. Ni a los músicos de reggae ni a los practicantes de este complicado y exigente deporte acuático.
La escena del reggae ha aportado una enorme cantidad de destacados nombres tanto al canon del pop-rock accesible a los grandes públicos oyentes de radios convencionales como a comunidades ajenas al mainstream que siguen religiosamente su desarrollo a nivel mundial, independientemente de que sus bandas favoritas lleguen o no a ser conocidas por las masas. Así, desde el reverenciado Bob Marley hasta Ub40, desde Jimmy Cliff hasta Yellowman, desde Los Pericos hasta Cultura Profética, el reggae y sus diversas ramificaciones se ha mantenido vigente en, literalmente, el mundo entero. El reggae es música para reflexionar pero también para bailar, para relajarse al atardecer y para mostrar conciencia social e integradora.
Stick Figure apareció en el 2005, como un proyecto unipersonal del multi-instrumentista, compositor y productor Scott Woodruff, el padre de Cocoa, quien se mudó de su natal Massachussets a la soleada California en búsqueda de un espacio ideal para desplegar su amor por el reggae. Así, armó su propio sello discográfico, Ruffwood Records -una variación de su apellido- y ha lanzado hasta el momento diez álbumes en estudio con todos los instrumentos y voces ejecutadas por él. Sus canciones recogen el sonido clásico del reggae roots y el dub, ideales para musicalizar el verano con ese cadencioso ritmo que invita al descanso y la buena vibra.
El fenómeno de Stick Figure en vivo
Después de sus cuatro primeros álbumes –The sound of my addiction (2006), Burning ocean (2008), Smoke stack (2009) y The reprise sessions (2010)-, que difundió a través de canales digitales -todos fueron #1 en iTunes-, Woodruff decidió ensamblar una banda para salir al ruedo de festivales y conciertos, algo que le venían solicitando sus seguidores. Así nació la versión en vivo de Stick Figure, conformada por Scott Woodruff (voz, guitarras), Kevin “KBong” Bong (teclados, voz), Johnny “Cosmic” Gray (guitarras, coros), Tommy Suliman (bajo, coros), Will Philips (percusiones) y Kevin Offitzer (batería).
Tras el lanzamiento del quinto álbum Burial ground (2012), el primero en que Woodruff tuvo algo de compañía en el estudio de grabación -por un lado, su amigo T.J. O’Neill, como vocalista y coautor de algunos temas y, por el otro, del legendario vocalista de dancehall Half Pint, quien vino desde Jamaica para grabar con Scott- Stick Figure realizó su primera gira por varias ciudades de Estados Unidos. Fue un rotundo éxito que inició un fenómeno de proporciones épicas para Scott y su banda.
Las apariciones de Stick Figure en prestigiosos festivales como el Cali Roots o Reggae on the River, ambos en California, fueron aumentando el interés que ya habían generado sus discos, conformándose poco a poco una fiel audiencia que, al estilo de lo que hicieron históricas jam bands como Grateful Dead o Phish, los seguía a donde fueran a tocar. Sus presentaciones, algunas de ellas disponibles en YouTube, muestran a un grupo sin mayor exposición en medios tradicionales realizando recitales para decenas de miles de fanáticos que bailan y corean sus canciones. Incluso tocaron en el famoso Bonnaroo Music Festival en el año 2017.
El repertorio de la banda siguió siendo escrito básicamente por Woodruff, en álbumes posteriores y más espaciados en el tiempo, debido a su agitada agenda de conciertos. Los discos Set in stone (2015), World on fire (2019) y Wisdom (2022) -donde por primera vez incluyó una sección de vientos, integrada por Liam Robertson (saxos), Quinn Carson (trombón) y Glenn Holdaway (trompeta)- son una delicia para quienes disfrutan del buen reggae. Además, todos cuentan con carátulas coloridas que recogen el aura mística, ambientalista y relajada del reggae, ilustraciones del costarricense Juan Manuel Orozco, a quien Woodruff conoció buscando diseñadores en internet.
Cocoa The Tour Dog
En sus conciertos, a menudo alternan con estrellas del reggae como Stephen Marley, uno de los hijos de Bob, con quien interpretaron el clásico Natural mystic. En cuanto a covers, tienen uno que otro. Por ejemplo, en el 2023 grabaron el éxito de Green Day, Boulevard of broken dreams, para una selección de varios artistas titulada Pop Punk Goes Reggae, Vol. 1. Otro de ellos es una adaptación del clásico de los marfileños Alpha Blondy, Cocody rock, de 1984, con el título de Cocoa de rock, inspirado en la dulce Cocoa quien es considerada, para todos los efectos, como la séptima integrante de Stick Figure.
“No había lugar que Cocoa adorara más que el escenario”, escribió Woodruff en su emotiva despedida. “Siempre será parte de la banda, su espíritu se reflejará en la música -prosigue-, porque tenía una presencia serena y pacífica, que hacía mejor cada día solo por el hecho de estar allí”. Cada vez que Cocoa salía al escenario se adueñaba del show. No se alteraba por el volumen y hasta parecía sonreír cuando escuchaba que los multitudinarios públicos coreaban su nombre. Siempre al borde de la tarima, sin ponerse nunca en riesgo. Las primeras filas le lanzaban globos gigantescos y ella los devolvía. Luego se echaba plácidamente a escuchar la música.
Cocoa The Tour Dog salió de gira con Stick Figure prácticamente desde que Scott la adoptó, cuando apenas tenía dos añitos. En el 2024, ya con la banda consolidada como un fenómeno en redes sociales y festivales dentro y fuera de los Estados Unidos, Woodruff lanzó un simpático libro para niños, ilustrado por Orozco, Cocoa The Tour Dog. Los textos los trabajó el mismo Scott junto a Adam Mansbach, un escritor de literatura infantil neoyorquino, que fue considerado el mejor en su género por The New York Times ese año.
Canciones sobre perros de otros artistas
En la historia de la música contemporánea hemos tenido varios ejemplos de artistas que han mostrado su amor por los perros de distintas formas. Por ejemplo, Paul McCartney le compuso una dulce melodía de music hall a su perrita ovejera inglesa Martha, uno de los temas más bonitos del doble The Beatles (1968), Martha my dear.
Otro caso fue el de la banda británica de rock psicodélico y progresivo Pink Floyd que grabó una corta viñeta bluesera titulada Seamus, en su sexto larga duración Meddle (1971). Durante los dos minutos del tema se escucha aullar, por delante de la guitarra acústica de David Gilmour y el piano de Rick Wright, a Seamus, un perro de raza collie que pertenecía a un amigo de la banda, el guitarrista y líder de Humble Pie y Small Faces, Steve Marriott.
Un año después, en la película Pink Floyd: Live at Pompeii (1972), Roger Waters en guitarra y David Gilmour en armónica recrearon Seamus con el título de Mademoiselle Nobs, el nombre de una perrita cazadora rusa, integrante de un circo, que fue llevada a los estudios para hacer el aullido mientras recibe caricias de Wright.
Finalmente, podemos mencionar a Frank Zappa quien, en su particular estilo, mantuvo siempre al perro como un personaje constante en sus canciones. Por ejemplo, en Dog breath, in the year of the plague y su adaptación instrumental The dog breath variations, aunque aquí el perro solo figura en el título (Uncle Meat, 1969). En Evelyn, a modified dog (One size fits all, 1975), la protagonista es una dulce poodle confundida por los extraños cortes de pelo que le hicieron. Mientras que en Stink-foot (Apostrophe, 1974), un perro comienza a hablar, después de recuperarse del mal olor de los pies de su dueño.
Una historia de amor incondicional
Pero el caso de Scott Woodruff y Cocoa The Tour Dog -cuya hermana menor, Molly, también acompaña a Stick Figure- es único. Estamos hablando de una relación tan estrecha que llevó a un ser humano a llevar a su mascota a todas partes, sin separarse nunca. Y, en respuesta, recibió una entrega total al público, “haciendo felices a todos los que la vieron”, como dice el guitarrista en su carta de despedida. “Acompañarla en su partida fue increíblemente apacible. Ella no sufrió. Murió con naturalidad en mis brazos, linda hasta el final, tal y como yo esperaba que fuera”.
En estos tiempos de hiper dependencia tecnológica e insensibilidad frente al desastre en el que se está convirtiendo el mundo, desde las guerras e invasiones que son celebradas como si fueran campeonatos de fútbol por las mismas personas que abandonarían a un perro después de atropellarlo, asistir a un concierto de Stick Figure equivalía a una reconexión con lo que realmente importa, la música orgánica, la vida en comunidad, la defensa de la naturaleza y el respeto por la vida animal.
El ejemplo que nos da Stick Figure merece reconocimiento y su líder, Scott Woodruff, toda la solidaridad posible que recibe de sus seguidores quienes hasta hoy no dejan de compartir fotografías y videos de las ocasiones en que vieron a Cocoa en sus conciertos. En la última despedida de su querida mascota, el apenado músico se da un tiempo para dar las gracias. “Los perros son un verdadero regalo para el mundo. Gracias a todos por llevarla en sus corazones y por todo el cariño que han compartido con Cocoa a través de los años. Ella era la mejor”.
El último álbum de Stick Figure, Free flow sessions, salió al mercado pocos meses antes del fallecimiento de Cocoa y está disponible, como el resto de su discografía, en la web de la banda https://stickfigure.com








