[Música Maestro] “Si Bad Bunny llenó tres River… vos venís acá a la Argentina y llenás seis…” dice, emocionado casi hasta el llanto, un tiktoker argentino enfundado en una casaquilla de Boca Juniors, mientras en la parte superior de su pantalla aparecen algunos segundos de la imitación del joven peruano Fernando Sosa (27), interpretando Prófugos, uno de los tantos clásicos de Soda Stereo, convertido en la reencarnación de Gustavo Cerati, en el programa Yo Soy de Frecuencia Latina.
La cantidad de reacciones de diversos medios digitales argentinos ha sido abrumadora. Dos conductoras de podcast lo invitaron para entrevistarlo, luego de que la noticia de su perfecta imitación llegara a las redes gauchas, y resaltaron además su absoluta humildad. “Nosotras estamos comenzando -dice una de ellas- y Fer(nando) no nos puso peros, no preguntó cuántas vistas tenemos, hizo todo lo posible para atendernos, como si le estuviéramos haciendo un favor”.
Sosa, que se perfila seriamente como el ganador de esta temporada del popular espacio, les dedica un par de versos de Crimen, tema de Cerati en solitario. Las entrevistadoras no lograban contener su emoción. “Sos un ángel, nos hiciste llorar…” le dijeron al peruano. Así como ellas, muchos otros influencers han quedado conmovidos al sentir en el talento de este joven imitador que Gustavo Cerati, uno de los ídolos máximos del pop-rock argentino, ha vuelto a sus vidas, doce años después de haber abandonado el mundo físico.
“En momentos tan difíciles de las sociedades -dice una de ellas- volver a encontrarnos con esa proximidad, esa calidez nos conmueve. Fernando, sos un grosso, sos un ganador…” antes de culminar su entrevista. La algarabía causada por Sosa en Argentina se resume con una frase cargada de agradecimiento: “Se trataba de imitarlo ché, no de revivirlo…” Buen motivo para recordar la trayectoria de Gustavo Cerati (1959-2014).
Un clásico del pop-rock en nuestro idioma
A mediados de los ochenta, una ola de nuevas bandas de pop-rock en español ingresó a las emisoras radiales con canciones frescas y accesibles a todo tipo de público. Países como México, España y, especialmente, Argentina, que ya tenían una fuerte tradición de artistas en este género, fueron los más pródigos, inundando las programaciones de radio y televisión con sus canciones. En 1984, desde Buenos Aires, un trío llegó y revolucionó el gusto popular con su estética influenciada en la new wave británica y una diversidad sonora que, sin dejar de ser argentina, se separaba por completo de la idiosincrasia del rock producido en ese país.
Gustavo Cerati (voz, guitarras), Héctor “Zeta” Bossio (bajo, coros) y Carlos “Charly Alberti” Ficicchia (batería) lanzaron tres álbumes que los convirtieron en la banda de rock en castellano más exitosa y popular de todos los tiempos. Las canciones Te hacen falta vitaminas, Tele-K, Sobredosis de TV (Soda Stereo, 1984), Cuando pase el temblor, Nada personal, Juegos de seducción (Nada personal, 1985), Persiana americana, Signos y Prófugos (Signos, 1986) se inocularon en las venas de toda una generación y hoy son innegables clásicos de una época que, gracias al poder de la nostalgia, lucha tenazmente para no desaparecer sumergida en la densa y sucia neblina del reggaetón y el latin-pop, por el peso y sustancia que le dieron a la música cantada en nuestro idioma.
La “Sodamanía”: Un fenómeno sudamericano
El impacto de la imitación ejecutada por Fernando Sosa, hijo de una estilista que trabaja hace años en la televisión nacional, es solo una muestra del fanatismo que despertó Soda Stereo no solo en el Perú, sino en toda la región. En esos años, aquí eran muy populares bandas como The Police, Duran Duran, Tears For Fears y The Cure, de sofisticado sonido y estética recargada, con peinados y maquillajes que resultaban fascinantes para el público en general.
Soda Stereo adoptó esas características, puliendo al máximo los aspectos instrumentales con cuidadosos acabados para sonar más cosmopolitas. Lejos de fusionar el rock con los ritmos folklóricos, como lo hicieron los padres fundadores del rock de su país -Charly, Spinetta, Páez-, la “trilogía del rock”, mote un tanto exagerado que le inventaron los disc-jockeys de la época, presentó una propuesta original que se nutría de toda la información del rock anglosajón, sin perder el idioma ni el acento.
Esos tres primeros discos son la base de la multitudinaria y leal comunidad de seguidores que Soda Stereo conservó toda la década siguiente y que, gracias a las giras de despedida y reunión que tuvieron en 1997 y 2007, respectivamente, no ha hecho más que crecer y multiplicarse. Con Cerati como principal compositor y extraordinaria primera (y única) guitarra, la banda conquistó todos los países que visitó en aquel primer periodo, generando euforias colectivas que dieron paso al fenómeno de la “Sodamanía”.
Cómo no recordar las triunfales presentaciones de Soda Stereo en el XXVIII Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar en Chile (febrero de 1987), con esas inolvidables versiones en vivo de Sobredosis de TV o Persiana americana. O las históricas actuaciones en el Coliseo Amauta de Lima, en noviembre de 1986 y junio del año siguiente de las cuales se extrajo el Vita-Set, unión de dos éxitos de su primer LP, Te hacen falta vitaminas y ¿Por qué no puedo ser del jet-set? para su primera producción en vivo, Ruido blanco (1987).
Soda Stereo en los 90: Consolidación
Luego del lanzamiento de Doble vida (1988), su cuarto larga duración que contiene la que para muchos es su mejor canción -En la ciudad de la furia-, Soda Stereo inició los noventa con un disco de poderoso rock dominado por guitarras distorsionadas y una vocación lírica más críptica. Si Doble vida es lo que, en términos de crítica musical, suele denominarse “disco de transición”, Canción animal (1990) es la consolidación, con canciones fuertes como En el séptimo día, Sueles dejarme solo u Hombre al agua. Aunque la efervescencia de la “Sodamanía” decayó ligeramente, este álbum pasó a la inmortalidad por De música ligera, a la postre su canción más popular.
Su fama, éxito comercial y prestigio en Argentina, el resto de Hispanoamérica y Estados Unidos eran incuestionables. El juvenil conjunto que había presentado, con músicos de apoyo y ambiciosa puesta en escena, su segundo LP Nada personal en el legendario teatro Obras Sanitarias de Buenos Aires ante 20 mil personas, ahora ofrecía conciertos gratuitos multitudinarios en el centro de Buenos Aires -reunieron a un cuarto de millón de personas en la Av. 9 de diciembre en 1991- y sus giras eran esperadas con impaciencia por todos lados. En ese tiempo, Cerati combinó su trabajo como líder y figura central de Soda Stereo con sus primeras inquietudes en solitario.
Inicios de Cerati, final de Soda
Así, tras el experimento electrónico Colores santos (1992), que Cerati concibió a dúo con su compatriota Daniel Melero, productor y multi-instrumentista de amplia trayectoria en la escena argentina, Soda Stereo sorprendió ese mismo año a propios y extraños con Dynamo, un álbum denso y experimental que dividió a su fanaticada. A renglón seguido, apareció el debut oficial de Gustavo Cerati como solista, Amor amarillo (1993), un disco en que el cantautor y guitarrista deja en claro sus principales influencias, desde el indie-rock, el pop alternativo y un tributo a Luis Alberto Spinetta, con una versión de Bajan, tema del álbum Artaud (Pescado Rabioso, 1972).
El último disco en estudio de Soda Stereo llegó tres años después, con una amplia publicidad para anticipar su gran retorno. Sueño Stereo (1995) produjo algunos clásicos nuevos como Zoom -con reminiscencias de la auroral Cuando pase el temblor-, Paseando por Roma o Ella usó mi cabeza como un revólver -más cercanas al sonido del Canción animal- y múltiples intervenciones electrónicas, rezagos de la era Dynamo y anticipo de sus propias experimentaciones futuras, no muy difundidas, como Plan V (1996) o los bonus track del “desenchufado” para la MTV, Comfort y música para volar, grabado en Miami ese mismo año.
En 1997, luego de varios rumores, Soda Stereo oficializó su despedida con una minigira de seis fechas titulada El último concierto, inmortalizada por aquellas dos palabras que el músico pronunció en la noche final, tras la fanfarria con la que cierran una catártica versión de De música ligera, coreada y saltada por más de 65 mil personas en el Estadio River Plate.
Después de dos horas tocando y tras dedicar unas emocionadas palabras a quienes los habían acompañado y a su público, un Cerati sobrepasado por la emoción solo atina a decir “totales” -para describir a la multitud- después de dar las gracias y quedarse un par de segundos en blanco, sin palabras. El “¡Gracias… totales!” de aquel 20 de septiembre de 1997 no fue una frase, sino dos exclamaciones desconectadas una de la otra.
Gustavo Cerati como solista: Otro rollo
Aunque nunca quiso desligarse de su imagen como voz y guitarra de Soda Stereo, Gustavo Cerati dejó evidente que sus intereses musicales iban algo más allá de las fronteras estilísticas de la entente que lideró entre 1983 y 1997. En su segunda producción como solista, Bocanada (1999), “El Gus”, como cariñosamente lo llaman sus fans más fieles, consiguió un logro artístico notable con su inteligente uso de samplers, densas capas de guitarras sobregrabadas y efectos electrónicos en la línea de géneros alternativos como el trip-hop o el dream pop de artistas como Massive Attack o Cocteau Twins, respectivamente, desde las coordenadas del pop-rock latino, naturalmente.
Sus exploraciones electrónicas se expandieron cuando comenzó a trabajar con el proyecto del fallecido Flavio Fernández Etcheto, Ocio, en melodías que formaron los álbumes Medida universal (1999) e Insular (2000), incorporando su apreciado trabajo como guitarrista en contextos menos asociados al rock. El retorno a estructuras más convencionales llegó con Siempre es hoy (2002), su tercera placa individual. Cosas imposibles, el tema central del disco, vino acompañado de un simpático video que puso a Cerati delante de un público nuevo.
El 2006 vio la llegada de Ahí vamos, que produjo singles como La excepción y la sensible balada Crimen, de texturas semi electrónicas combinadas con ataques decididamente rockeros. Al año siguiente, Soda Stereo se reunió para la gira Me verás volver, 22 conciertos entre octubre y diciembre del 2007.
Y, dos años después, lanzaría Fuerza natural (2009), su quinta y última producción en estudio, que ratificó la voluntad de Gustavo Cerati de regresar a formas más musicales más accesibles. Ese mismo año, participó en el megaconcierto Spinetta y Las Bandas Eternas, ante 45 mil espectadores en el Estadio Vélez Sarsfield, tocando junto a su admirado “Flaco” los clásicos Té para tres de Soda Stereo y Bajan de Pescado Rabioso.
La última vez de Soda Stereo en Lima
La enorme expectativa que despertó el anuncio de la visita de Soda Stereo, como parte de su gira Me verás volver, se vio plenamente superada la noche del sábado 8 de diciembre del 2007, frente a 50 mil personas en el Estadio Nacional.
A las 9 en punto, las luces se apagaron y las notas de Algún día, notable versión del tema Some day one day del segundo LP de Queen, que los Soda grabaran en 1997 para un álbum tributo a “la Reina”, anunciaron que el concierto iba a comenzar. La tocada fue una intensa sucesión de éxitos de todas etapas de Soda Stereo, así como segmentos dedicados a su época más experimental y arriesgada. Un placer para fanáticos.
Cerati, el indiscutible líder de Soda, salió a escena con su clásica guitarra Jackson color azul eléctrico y se entregó al público demostrando un potente filo rockero y una madurez musical que varios momentos climáticos, como cuando tocaron En la ciudad de la furia. Al final de Pic-Nic en el 4to. B, el cantante y guitarrista incluyó el coro del clásico And she was de Talking Heads (Little creatures, 1985), para sorpresa de quienes pudimos darnos cuenta.
Cerati, Zeta y Charly regresaron dos veces esa noche, ante los aplausos del público. Junto a sus músicos de apoyo, Fabián “Tweety” Gonzáles, Leandro Fresco (teclados) y Leo García (guitarra) y Leandro Fresco, Soda Stereo se despidió del público peruano que demostró, durante las 2 horas y 40 minutos que duró, ser uno de los más conectados con la carrera de la banda. Dos años después, Cerati pisaría Lima de nuevo, presentando su álbum Fuerza natural en el estadio de San Marcos.
Gustavo Cerati: Un artista de primera
Además de sus dotes como cantante, Gustavo Cerati fue un excelente guitarrista. Desde los solos de Te hacen falta vitaminas (1984) o el uso de efectos en Ecos (1985) -por poner dos ejemplos- el oyente atento entiende de inmediato que se trata de un músico de otro nivel.
En la versión alterada de En la ciudad de la furia, a dúo con la vocalista de Aterciopelados, la colombiana Andrea Echeverri; o el cover de un clásico del rock argentino, Génesis, original del álbum La Biblia (1972) del cuarteto Vox Dei, ambos en el disco en vivo Comfort y música para volar (1996), los solos de Cerati alcanzan niveles estratosféricos, de ligas mayores. Argentina siempre ha sido tierra de buenos guitarristas de rock -Spinetta, Pappo, Roth, Mollo, Lebón- y Cerati entra en ese club sin problemas ni cuestionamientos.
Como letrista, Cerati utilizó siempre un lenguaje entre lo poético y lo alegórico, con temas recurrentes como la sensualidad, el romance, las relaciones interpersonales, reflexiones atemporales sobre la vida, humor negro y críticas socioculturales pero desde mensajes etéreos, nunca directos, tanto en Soda Stereo como en solitario. Su voz abaritonada posee rasgos comunes con las de otros vocalistas argentinos, sobre todo en los tonos altos y en la forma pronunciada del acento particular de su país, pero con un tinte personal inconfundible.
Ese sello vocal es el que replica a la perfección nuestro compatriota Fernando Sosa. Como dicen los comentaristas argentinos, extasiados con este homenaje a una de las figuras que más ha influido a su escena nacional, el talentoso joven reproduce con sorprendente exactitud no solo la tonalidad e inflexiones vocales –“sacás perfecto el argento” le dicen en un podcast- sino también los movimientos y actitudes de Cerati sobre los escenarios. Su imitación está siendo reconocida como un homenaje a una de las figuras más importantes del rock en castellano. Felicidades por eso.







