Juan Carlos Tafur

El riesgo de un nuevo antisistema

“Un sector del empresariado y de la derecha en general anda, tranquila y oronda, confiada en que en los próximos comicios el pueblo se volcará masivamente a favor de candidatos de centro o de derecha”

Hay, por supuesto, múltiples factores que explican la aparición recurrente de candidatos antisistema en un país como el Perú. El odio al centralismo, a lo blanco, a Lima, a los sectores altos, a las grandes empresas, etc., hasta la propia informalidad -la lícita y la ilícita- contribuye a generar un rechazo al establishment.

Pero otra razón poderosa que ayuda a entender ese voto y ese estado de ánimo, es el colapso del Estado y sus funciones básicas en la mayor parte del territorio nacional. Si hubiera en el Perú una salud pública digna y eficiente, una buena educación estatal, mínimos índices de seguridad ciudadana, un tráfico urbano aceptable y una intensa inversión en infraestructura básica, con seguridad la telúrica energía antisistema disminuiría notablemente.

 

 

Y eso es lo que ha fallado en las últimas décadas. Fujimori aplacó dichos ánimos con una mezcla de éxitos macroeconómicos con populismo social a raudales, pero luego de él, la transición democrática soslayó por completo la necesidad de construir una institucionalidad estatal capaz de generar ciudadanos que se sintiesen incorporados a los éxitos económicos que, por piloto automático, todos los gobiernos post Fujimori gozaron.

Ello explica en gran medida la irrupción victoriosa de un candidato del perfil de Pedro Castillo. Pesó en algo el antifujimorismo existente, es cierto, pero mucho más el ánimo antisistema que el candidato de Perú Libre explotó al máximo y Keiko ni siquiera se animó a desplegar.

 

Por eso, la enorme preocupación respecto del futuro político que nos espera. Un sector del empresariado y de la derecha en general anda, tranquila y oronda, confiada en que el descrédito de Castillo y de las izquierdas aliadas, hará que en los próximos comicios el pueblo se vuelque masivamente a favor de candidatos de centro o de derecha. Pecan de inmensa ingenuidad o ignorancia sociológica.

La propia destrucción de los pocos nichos de excelencia administrativa que existían en el Estado, que la incompetencia y afán de copamiento partidario de Castillo han generado, y se van a ahondar en los meses venideros -mientras dure su gobierno- hará que el Estado colapse en sus servicios más básicos. Y eso pesará más en el malhumor ciudadano, que seguramente será mayor en las elecciones venideras, sean estas adelantadas o en el 2026, que en el 2021. El riesgo de un nuevo radical disruptivo sigue plenamente en pie.

 

 

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Gobierno, Perú, Presidente Castillo

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