Juan Carlos Tafur

Las benditas “sorpresas” del 28 de julio

“El pánico, por supuesto, cunde en algunos sectores empresariales. Se habla desde que va a controlar los precios de los combustibles en grifos, hasta que va a elevar los impuestos a la minería”

Desde que el presidente Castillo anunciara que en su mensaje por Fiestas Patrias habría algunas sorpresas, la comunidad política y empresarial se desvela especulando si acaso estaremos ad portas de un volteretazo radical que termine de hundir en el fango toda posibilidad de mantener la economía al menos en el rango de mediocridad en el que hoy se mueve (en un reciente SAE de Apoyo Consultoría, el propio ministro de Economía dejó entrever que su labor principal no consiste en meter goles sino simplemente en evitarlos).

El pánico, por supuesto, cunde en algunos sectores empresariales. Se habla desde que va a controlar los precios de los combustibles en grifos, hasta que va a elevar los impuestos a la minería, pasando por la peregrina hipótesis de que va a expropiar Repsol, todo discurre y contribuye a generar mayor incertidumbre.

Si el presidente esperaba crear expectativas en el público con su anuncio, se equivocó de cabo a rabo. Ha contribuido a aumentar aún más las dudas y consecuente parálisis de inversiones que ello genera en la comunidad capitalista del país.

Porque lo otro, menos probable, es que enmiende rumbos radicales y camine, más bien, hacia el centro, convocando a un gabinete más profesional y competente (dejándole, eso sí, uno o dos ministerios al cerronismo, para que éste no se le voltee en decisiones significativas en el Congreso), hipótesis algo ilusa porque resulta difícil imaginar qué técnicos competentes puedan aceptar trabajar en un régimen bajo esos términos y, además, bajo sospecha de corrupción presidencial.

Se ha colocado en un disparadero el propio presidente. En un año ha destruido todo posible horizonte de gobernabilidad, por sus propias malas decisiones. No le queda otro camino decente que la renuncia. Y si ella no se produce, ojalá el Congreso pueda activar la vacancia o, en el peor de los casos, procesar un adelanto de elecciones, que le evite al Perú tres años de desangramiento.

Porque si las cosas siguen como están hasta el 2026, el Perú será un país más pobre, más violento, más desigual, con un Estado nulo en muchos sectores en los que antes al menos funcionaba y, lo que es más grave, con las esperanzas de los propios ciudadanos -como ha revelado una última encuesta de Ipsos- por los suelos.

 

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28 de julio, Fiestas Patrias, Pedro Castillo

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