Tu voto, para recuperar la democracia

Tu voto, para recuperar la democracia

“Recuperar la democracia implica mucho más que sostener procesos electorales. Supone restituir el funcionamiento de las instituciones, garantizar un equilibrio real de poderes y reconstruir la legitimidad del Estado. Exige, además, políticas públicas inclusivas”.

[ENTRE BRUJAS] A pocos días del 12 de abril, fecha de las elecciones generales, el Perú no se enfrenta a una jornada electoral ordinaria. Lo que está en juego es la posibilidad de iniciar un proceso de recuperación democrática tras años de deterioro institucional, debilitamiento del equilibrio de poderes y progresiva captura del Estado por sectores corruptos que se perpetúan en la política peruana.

En este contexto, durante los últimos meses ha cobrado visibilidad la campaña “Por estos no”, expresión de un legítimo hartazgo ciudadano frente a actores políticos vinculados a la corrupción, al oportunismo y a la falta de ética. Sin embargo, esta reacción, aunque necesaria, resulta insuficiente si no se acompaña de una mirada más amplia. Recuperar la democracia no pasa solo por excluir a determinados actores, sino por evitar que se reinstalen —con nuevos rostros o discursos— prácticas autoritarias, populistas o contrarias a los derechos humanos.

A estas alturas, no corresponde indicar por quién votar. Pero sí es imprescindible afirmar que el voto debe ser no solo estratégico, sino responsable. Responsable con un país que arrastra casi una década de inestabilidad política; con un Estado que enfrenta serias limitaciones frente al avance de economías ilegales y la criminalidad; y con una sociedad en la que las desigualdades estructurales —incluidas las de género— se han profundizado en un contexto de creciente vulnerabilidad.

Recuperar la democracia implica mucho más que sostener procesos electorales. Supone restituir el funcionamiento de las instituciones, garantizar un equilibrio real de poderes y reconstruir la legitimidad del Estado. Exige, además, políticas públicas inclusivas.

En los últimos años, junto con el deterioro institucional, se ha instalado un clima de desconfianza, miedo e individualismo. Los sectores que han contribuido a este escenario —debilitando la justicia, relativizando la corrupción o mostrando indiferencia frente a la vulneración de derechos— deben ser sancionados y una forma es no darles el voto. Esto incluye no solo a quienes forman parte de redes de poder más evidentes, sino también a quienes, desde discursos aparentemente renovados, reproducen prácticas autoritarias o desestiman principios básicos de derechos humanos. Pues son, más de lo mismo.

En ese sentido, los discursos racistas, clasistas o machistas, así como la descalificación sistemática de la disidencia, no son elementos menores. Son señales de proyectos políticos incompatibles con una democracia sustantiva. La recuperación democrática exige colocar en el centro la dignidad de las personas y la vigencia de sus derechos. La defensa de los derechos humanos, no es un tema menor, sino una condición esencial para reconstruir el país.

La seguridad se garantiza con políticas serias, inteligencia, con acceso a la justicia y erradicación de la impunidad. No con discursos populistas sin asidero real.

El proceso electoral del 12 de abril no resolverá por sí solo la crisis que atravesamos, pero sí puede marcar un punto de inflexión. Recuperar la democracia exige hoy algo más que participar: demanda un voto consciente, informado y ético, capaz de trazar límites claros frente al autoritarismo y la impunidad, y de abrir paso —aunque sea gradualmente— a una política basada en la responsabilidad pública, el respeto a los derechos y la posibilidad real de reconstruir lo común.

Tu voto por la presidencia, el senado y la diputación importa y de este depende recuperar el país de la garra de la corrupción, la demencia y el autoritarismo.

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