La hora de Biden

Por Juan Carlos Tafur

La llegada al poder del demócrata Joe Biden y el final del mandato del impresentable Donald Trump, es, sin lugar a dudas, una buena noticia geopolítica global. Trump, contrariamente al espíritu republicano que lo cobijó, hizo del cierre de fronteras, la antiglobalización y el proteccionismo comercial sus banderas. Fue un antiliberal, en el sentido clásico del término.

Por supuesto, no se le puede extender un cheque en blanco político a Biden. Normalmente, a América Latina le ha ido peor cuando ha habido gobiernos demócratas en la Casa Blanca. Y en materia bélica internacional, aunque sean los republicanos los que se han ganado fama de halcones, han sido los demócratas los guerreristas y conflictivos.

En lo que concierne al Perú, hay tres temas claves en agenda: la continuidad de la apertura comercial, que contra lo que pronosticaban los agoreros del pesimismo de la izquierda local, claramente ha beneficiado más al Perú que a los Estados Unidos; la flexibilización de la política migratoria para con los peruanos ilegales en la potencia del Norte. Es hora de que en Washington se entienda, primero, que el flujo migratorio es indetenible y, segundo, que les conviene que los millones de ilegales se formalicen y tributen; y la política antidrogas, que en vista de que parece aún utópico lograr una despenalización mundial -la única forma de acabar con el narcotráfico-, al menos es esperable que EEUU colabore con nuestro país en la detección de operaciones de lavado de dinero, aportando tecnología financiera capaz de detectarlas.

En lo que se refiere a la región, claramente los casos de Cuba y Venezuela atraerán la atención de la diplomacia norteamericana, pero los países de la región deberían tener algo que decir al respecto. Y en ese sentido, si bien no se ve claridad democrática en el horizonte de ambos países, lo que sí está demostrado es que el bloqueo económico total o relativo que la administración Trump acentuó, lejos de ayudar a erradicar a las dictaduras que asolan ambos países han terminado por reforzarlas. Con el bloqueo no se castiga a los dictadores -quienes gozan de dineros corruptos- sino al pueblo ya sufriente.

A pesar de su crisis sistémica, los Estados Unidos siguen siendo la primera potencia mundial, muy arriba de China o Europa. Si al capitalismo democrático le va bien allí, su capacidad de irradiación nos favorecerá. Por eso hay que estar atentos a lo que sucede en el epicentro económico y político del planeta.

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