[INFORME] José María Balcázar recibe en el despacho presidencial a un empresario que fue condenado por sobornar a exalcalde de Chiclayo y obtener una licitación. El encuentro se produjo en un contexto en el cual este empresario le exige a la justicia salir del Registro Nacional de Sanciones contra Servidores Civiles.
Han pasado casi tres meses desde que, producto de una de las tantas crisis que atravesó la política nacional en el último tiempo, José María Balcázar dejó su lugar en el parlamento y se instaló en Palacio de Gobierno para emprender un nuevo capítulo en su trayectoria que, probablemente, ni él mismo se lo imaginaba.
Pero si algo ha caracterizado a la gestión Balcázar es, sin duda, que optó por un perfil muy distinto del que mostraron sus más recientes predecesores. El congresista de Perú Libre parece no estar preocupado por agradar en redes sociales, como ocurría con José Jerí, ni busca constantemente los aplausos de las bancadas más poderosas del hemiciclo, algo que sí era una prioridad para Dina Boluarte.
Sin embargo, aunque el gobierno busca un perfil bajo e intenta ser tan silencioso como le resulta posible, en los pasillos de Palacio de Gobierno se escuchan pasos de personajes que están lejos de contribuir con esa quietud y, por el contrario, resultan escandalosos por sus antecedentes.
VISITA DE UN CONDENADO
José María Balcázar llegó a la presidencia en un contexto muy particular. Por un lado, la mirada política de la mayoría de partidos, y bancadas, estaba puesta en el proceso electoral y, además, asumió el cargo en un momento en el cual su bancada, la de Perú Libre, se encontraba diezmada y lejos de tener claro un proyecto político.
Este inusual escenario para un mandatario lo ha llevado a buscar posibles aliados y el lugar ideal para encontrarlos parece haber sido su natal Cajamarca. Los registros de visitas del despacho de Balcázar demuestran que, desde que asumió el cargo, diversas autoridades y líderes de esta región.
Pero entre estos visitantes no han faltado algunas sorpresas muy desagradables. Por ejemplo, el pasado 13 de marzo, cuando no se había cumplido ni un mes de la llegada de Balcázar Zelada a Palacio de Gobierno, el despacho del presidente abrió sus puertas para una reunión de trabajo con Ángel Salvador Espinoza Castro.

Pero Ángel Espinoza Castro no es un desconocido. Hace menos de diez años supo ocupar las páginas policiales luego de verse involucrado en un pago de sobornos al exalcalde de la Municipalidad Provincial de Chiclayo, David Cornejo Chinguel, para que este interceda en favor de la empresa de Espinoza Castro en una licitación del año 2017.
Sudaca pudo revisar los documentos de este caso en los cuales se detalla que este empresario que hoy visita Palacio de Gobierno para reunirse con el presidente Balcázar entregó cuarenta y seis mil soles al entonces alcalde de Chiclayo para que su consorcio, Llantas Sudamericanas, se adjudique la licitación correspondiente a la adquisición de neumáticos para la flota vehicular de la Municipalidad Provincial de Chiclayo.

Cuando los involucrados, entre ellos Ángel Espinoza, vieron que la posibilidad de pisar una cárcel era una posibilidad optaron por el recurso de terminación anticipada con el cual podían evadir una condena de prisión efectiva si aceptaban haber cometido los delitos que se les imputaban.
Las consecuencias para Espinoza Castro por haber recurrido a estas maniobras ilícitas con tal de obtener una licitación para su empresa fueron una sentencia por el delito de cohecho activo por lo cual se le condenó a dos años y tres meses de pena privativa de la libertad y el pago de cuarenta mil soles bajo el concepto de reparación civil.

¿AYUDA PRESIDENCIAL?
Luego de verse involucrado en un caso tan grave que incluso terminó exponiendo muchos más casos de corrupción durante la gestión de Cornejo Chinguel en Chiclayo, para más de uno resultaría lógico que los involucrados no vuelvan a estar involucrados en procesos de licitaciones públicas.
Pero esto no es lo que piensa Ángel Espinoza Castro. Tras librarse de una condena efectiva, este empresario quiere volver a ser considerado para contratos con el sector público y viene exigiéndole a la justicia que su nombre se retirado del Registro Nacional de Sanciones contra Servidores Civiles.
Es en este contexto en el cual Espinoza viene pidiéndole de forma insistente a la justicia que borre su nombre de esta infame lista, con lo cual podría volver a participar de licitaciones o trabajar para el sector público, que el condenado empresario tuvo esta “reunión del trabajo” con el actual presidente. Casualmente, el mismo día que Ángel Espinoza Castro visitó el despacho presidencial ,se reiteró el pedido para que el juzgado de la Corte Superior de Justicia de Lambayeque atienda la exigencia de Espinoza.

Otra sorprendente coincidencia de dicha “reunión de trabajo” es que el encuentro entre el empresario condenado por pagar un soborno y el presidente Balcázar tuvo lugar a poco más de una hora del viaje del mandatario a Lambayeque, donde se podría resolver el pedido de Espinoza Castro sobre su salida del Registro Nacional de Sanciones contra Servidores Civiles.

Pero queda un dato más a tener en cuenta sobre esta sospechosa reunión. En ella no sólo participaron José Balcázar y Ángel Espinoza. Como se pudo observar en la imagen anterior de la agenda presidencial, en este encuentro también se encontraba José Carlos Quiroz Calderón, miembro de Somos Perú y actual alcalde provincial de San Miguel (Cajamarca).

José María Balcázar parece alejarse de los reflectores tanto como sea posible. Sin embargo, este tipo de reuniones en el despacho presidencial invitan a creer que este bajo perfil no es para buscar estabilidad sino para evitar que la atención esté puesta en este tipo de encuentros muy cuestionables que ocurren en Palacio de Gobierno.







