The Strokes en Coachella: Valentía y pertinencia

The Strokes en Coachella: Valentía y pertinencia

“Normalmente, son los artistas de la guardia vieja del rock, como Brian Eno, Neil Young o Roger Waters, quienes han levantado su voz frente a los abusos de la política exterior de los Estados Unidos. Por ello, que una banda de ese país cuyos integrantes están apenas por llegar a los 50 años, pase de la metáfora o el sarcasmo habitual a dar una opinión tan clara y contundente es bastante encomiable, sobre todo por las amenazas de cancelación que esto les puede traer. Con valentía y pertinencia, The Strokes cerró su segunda noche en Coachella 2026 y pasó a la historia moderna del rock and roll...”

[Música Maestro] En la vigésima quinta edición del Coachella Valley Music and Arts Festival, el espíritu rebelde del rock volvió a acaparar reflectores, gracias a una banda cuya participación rompió con la actual superficialidad de este megaconcierto que se realiza desde 1999 en la localidad de Indio, California. Y no por la expectativa que había ocasionado su regreso al famoso campo de golf después de quince años y con nuevo disco, sino porque hicieron, en su segunda presentación, una declaración política que los puso en el centro de la atención mundial por su valentía y pertinencia.

El festival fue, durante sus primeros años, un espacio donde la irreverencia y la innovación musical ajena al mainstream tuvieron preeminencia, sea desde el rock alternativo, el rock clásico, el rap o la EDM. Sin embargo, los cambios en la industria musical lo hicieron mutar hasta convertirse en un evento aséptico, colorido y fashion que, en sus últimas versiones, genera más postales de Instagram que momentos contraculturales dignos de recordarse. Por eso, el cierre de The Strokes viene siendo descrito como “una de las actuaciones más importantes y controversiales en la historia de Coachella”.

Como se sabe, el festival se desarrolla siempre en abril durante dos fines de semana y cada día -viernes, sábado, domingo- mantiene el mismo cartel en sus ocho escenarios diferentes, repartidos en la inmensa área dedicada a su organización (más de 300 acres entre escenarios, carpas, zonas de campamento, venta de comida y merchandising, etc.). El quinteto neoyorquino, programado para los días sábado 11 y 18 de abril en el escenario principal, no figuraba como cabeza de serie sino que fueron teloneros de Justin Bieber -por cosas así Coachella ha perdido respeto y credibilidad en ciertos sectores. Conscientes de ello, prepararon una sorpresa que será difícil de olvidar.

El rock del siglo XXI

Quienes solemos vivir aferrados al pasado glorioso del rock, vemos y escuchamos con informada desconfianza casi todo lo que se ha producido en ese terreno desde fines de los años noventa. Tras las oleadas de grunge, indie-rock, nu metal, hip-hop y electrónica, que venían influenciadas por todo lo que se había hecho las tres décadas previas, y sus derivados, desde el indie-pop y el shoegaze hasta el trip-hop y metal progresivo, parecía que nada interesante podría pasar de 1999 en adelante.

Por eso, cuando el sonido distorsionado y nostálgico de The Strokes apareció una vez superado el jubileo del siglo XXI -sin que se cayeran los sistemas informáticos ni colapsara el sistema solar- muchos lo sentimos, en su momento, como una suerte de hype, como se dice actualmente, una moda pasajera de impacto promovido a través de la televisión por cable y validado por la ausencia de bandas que, desde la escena más comercial y accesible, generaran el mismo interés que podía intuirse en otras arenas estilísticas con menores posibilidades de difusión.

Is this it? (RCA, 2001) se colocó de inmediato en un lugar privilegiado de las radios y televisiones rockeras, con esa estética sonora y visual que rendía tributo a un amplio abanico de influencias, desde The Doors hasta The Cars, desde MC5 hasta The Knack, desde The Romantics hasta Pixies. La prensa especializada de la época no tardó en considerarlos la nueva gran promesa del rock norteamericano, a medida que las ventas de ese clásico del recién iniciado siglo subieran como la espuma, gracias a la popularidad de canciones como Someday, Hard to explain y, especialmente, Last nite, con un video que recordaba al legendario programa setentero The Midnight Special. Los muchachos crearon el sonido del rock comercial del siglo XXI, y su influencia se siente hasta el día de hoy.

Una banda nueva con una historia clásica

Para cuando The Strokes llegó al ojo público, todavía eran comunes las historias de bandas que se formaban desde sus años adolescentes, con el ideal de que ese colectivo se convertía en una segunda familia -a veces la única- para jóvenes que soñaban con hacer música sin pretensiones comerciales ni anhelos de fama y fortuna. La leyenda del grupo de desadaptados o inconformes que se juntan para recorrer el mundo con sus guitarras a la espalda en una vieja camioneta y que son casi como hermanos se reflejó en este quinteto de forma muy concreta pero, a la vez, contradictoria con los paradigmas del rock y su proveniencia de estratos socioeconómicos, generalmente, deprimidos y disfuncionales.

Para empezar, sus integrantes se conocen, efectivamente, desde su más temprana infancia. Julian Casablancas (voz), Albert Hammond Jr. (guitarras), Nick Valensi (guitarras), Nikolai Fraiture (bajo) y Fabrizio Moretti (batería) estaban todos ingresando a los veinte años cuando decidieron comenzar a tocar sus canciones en los circuitos de clubes nocturnos de New York. Pero no tenían un origen de clase media o baja. Valensi, Fraiture, Moretti -brasileño de nacimiento- y Casablancas estudiaron en uno de los mejores colegios del alto Manhattan, The Dwight School.

Por otro lado, Casablancas era hijo de un exitoso empresario de la moda y Hammond Jr., de un conocido compositor de origen británico, famoso por haber coescrito recordados hits radiales como Nothing’s gonna stop us now (Starship, 1987), The air that I breathe (The Hollies, 1974), la balada que cantan a dúo Julio Iglesias y la leyenda del country Willie Nelson, To all the girls I loved before (1984) y muchos otros. Ambos coincidieron en un exclusivo liceo de Suiza, Institut Le Rosey, siendo adolescentes, enviados por sus padres y se hicieron muy amigos al ser ellos los dos únicos norteamericanos estudiando en esa zona occidental suiza, conocida como el cantón de Vaud.

2001-2005: Los tres primeros discos

Durante ese periodo, The Strokes sentó las bases para todo lo que vendría después en la escena del rock guitarrero comercial, un sonido que comenzó a rotularse como “revival” –“renacimiento” en español- de géneros considerados muertos como el garage rock o el post-punk, aunque de hecho se les debe relacionar menos con este último estilo, más cercano a la música popular que llegaba desde el Reino Unido tras la asonada punk del periodo 1976-1978.

Después de Is this it? -hasta ahora mencionado entre los mejores álbumes debut de todos los tiempos- llegaron Room on fire (2003) y First impressions on Earth (2005). Aunque esos dos conservaron el aura original del primero, no replicaron su éxito en ventas. Sin embargo, su impacto comercial sembró la semilla para toda una ola de grupos, encabezada por The Killers, Arctic Monkeys, Kasabian, Franz Ferdinand, entre otros, quienes hasta ahora los reconocen como su principal inspiración. Dicho eso, es necesario resaltar que no fueron los primeros, pues detrás de ellos venían otros colectivos como The Jon Spencer Blues Explosion, MGMT, Black Rebel Motorcycle Club o The White Stripes que iniciaron esta subcorriente de rock revisionista gringo, pocos años antes de The Strokes.

Para el oyente promedio, estos tres discos funcionan como unidad, aun cuando ligeras variaciones en intención y desarrollo compositivo ya se pueden vislumbrar en cada listado de canciones. La marca registrada del efecto de distorsión en la voz de Casablancas, sumada a las creativas guitarras de Hammond Jr. y Valensi, intercambiando roles de primera y segunda todo el tiempo, además de una base rítmica maquinal y repetitiva, se estableció como sonido inconfundible. Sin embargo, The Strokes ingresó, tras el lanzamiento del tercer álbum, a una etapa menos estable con lanzamientos erráticos y espaciados en el tiempo.

Un largo hiato de seis años

Entre 2005 y 2011, la carrera de The Strokes se vio perjudicada por distintas situaciones que pusieron a prueba su capacidad de adaptación. En aspectos personales, el alcoholismo de Julian Casablancas y los serios problemas de adicción de Albert Hammond Jr., motivaron que el quinteto tomara la decisión de “descansar por un tiempo”. Alejado de su grupo principal, el vocalista se dio tiempo para lanzarse en solitario con un álbum titulado Phrazes for the young (2009) que, en líneas generales, pasó bastante desapercibido.

Hammond Jr., por su parte, lanzó un par de discos en solitario tras su proceso de rehabilitación, con algo más de suerte que su compañero. Con el tiempo, el guitarrista de padre británico y madre argentina demostró ser quien más producciones individuales lanzaría, en los siguientes periodos de inactividad de The Strokes en los estudios, aunque la banda siguió apareciendo en diversos festivales, lo cual disipaba los rumores de separación que, de cuando en cuando, aparecían en la prensa musical.

Recién el año 2011 vio la luz el cuarto disco oficial de The Strokes, titulado Angles, aun bajo la escudería RCA -distribuida en el Perú por la recordada BMG-, a pesar de que ya Casablancas había fundado su propia compañía discográfica, Cult Records, que se iría encargando progresivamente de los lanzamientos posteriores, tanto de The Strokes como de Albert Hammond Jr., y de su propia banda alterna, The Voidz, con quienes lleva hechos tres discos, con una propuesta cercana a la de su grupo matriz pero con enfoque más centrado en temas políticos (letra) y electrónicos (música), sin desviarse de las guitarras que caracterizan a sus composiciones.

Dos años después de Angles -cuya primera canción se titula curiosamente Machu Picchu, aunque no tiene nada que ver con nuestra mítica ciudadela inca- apareció Comedown machine (2013), su quinta producción de estudio, en la cual volvieron a reforzar su vocación por las melodías más etéreas y el uso de sintetizadores, tocados indistintamente por Casablancas, Valensi y Hammond.

Luego comenzó un nuevo hiato, aun más largo que el anterior, en lo relacionado a grabaciones. Como acto en vivo, The Strokes se dedicó a recorrer el mundo y especialmente Sudamérica, tocando en varias ediciones del Lollapalooza de Chile, Brasil y Argentina. En ese periodo, el quinteto llegó por primera y única vez al Perú, el 2019, en el festival Vivo x el Rock. La banda retornó a los estudios siete años después con The new abnormal (2020), su sexta producción discográfica.

The Strokes en Coachella: Celebrado retorno

La noche del sábado 18 de abril era la segunda para The Strokes en Coachella 2026, arena en la que no tocaban desde el año 2011. Ya la primera, el sábado 11, había complacido a sus fans con una selección de emblemáticos temas y un estreno, Going shopping, adelanto de su séptimo álbum Reality awaits, cuyo lanzamiento oficial será el próximo mes de junio. Las guitarras de Hammond Jr. y Valensi sonaron maduras y controladas, ofreciendo un espectáculo de rock moderno que merecía haber sido cabeza de serie y no plato de segunda mesa.

Luego de hora y media de concierto, las luces se apagaron y detrás de la banda apareció, en las enormes pantallas de alta resolución, una mezquita con sus características cúpulas y minaretes silueteados en incandescentes luces LED. Mientras, Hammond Jr. y Valensi comenzaron la introducción a dos guitarras de Oblivius, uno de los tres temas nuevos que lanzaron en el 2016, en un EP titulado Future present past, en medio de su segundo hiato. De repente, en el momento del coro en que Casablancas -quien viene exponiendo sus opiniones políticas desde hace años, en entrevistas con los filósofos Noam Chomsky y Henry Giroux y, más recientemente, en el podcast SubwayTalks– exclama la frase “what side you standing on?” –“¿de qué lado estás?”- comenzaron a proyectar imágenes de líderes políticos que han sido derrocados por conspiraciones comandadas por la CIA a lo largo de los años.

¿Quiénes aparecieron durante Oblivius?

Es particularmente significativo que el primer personaje en aparecer haya sido Mohammed Mossadegh, quien fuera Primer Ministro de Irán durante el reinado de Reza Pahlavi, el último Sha, derrocado en 1953 por un golpe de Estado apoyado por la CIA y la inteligencia británica. Como sabemos, la hostilidad entre Estados Unidos e Irán está actualmente en boca de todo el mundo por sus implicancias y consecuencias. De todo el mundo menos en el Perú, donde sus candidatos presidenciales se pasaron toda la campaña sin hablar de la coyuntura internacional, como si no estuviera pasando nada fuera de nuestras fronteras.

Desde Salvador Allende, el líder de izquierda chileno que terminó suicidándose durante la invasión del Palacio de La Moneda en 1973, el punto de inicio de la dictadura de Augusto Pinochet, hasta los sospechosos accidentes aéreos que acabaron con las vidas de Omar Torrijos y Jaime Roldós -aunque hubo un error en su apellido, consignado como “Rondos”-, presidentes de Panamá y Bolivia, ambos en 1981. La multitud de Coachella vio también, en pantalla gigante, los rostros del presidente de Bolivia, Juan José Torres, derrocado en 1976 durante la Operación Cóndor; y de Jacobo Árbenz, primer mandatario de Guatemala, sacado por la CIA en 1954 en una serie de eventos que acabaron con él exiliado en distintos países hasta que fue acogido por la revolución cubana de 1959.

Un mensaje potente

Mientras que, en las estrofas, aparecía nuevamente la gigante y luminosa mezquita, símbolo del mundo islámico, durante los coros volvían las alusiones a problemas ocasionados por los servicios secretos estadounidenses. Así, fue el turno del asesinato de Martin Luther King Jr. (1929-1968), uno de los casos conspirativos más famosos y el derrocamiento de Patrice Lumumba en el Congo, orquestado también por la CIA y el gobierno de Bélgica, en 1961. Una foto del histórico abolicionista Frederick Douglass (1818-1895) se unió a las protestas del movimiento Black Lives Matter, cubriendo así las injusticias cometidas contra las poblaciones afroamericanas en un rango de casi 200 años.

Pero lo más impactante llegó a final. Después de mostrar un dato terrible, según el cual más de treinta universidades han sido destruidas en Irán en los recientes bombardeos, la canción acaba con las imágenes de la destrucción de la universidad Al-Israa en Gaza, la última que quedaba en pie en la franja, donde estudiaban cientos de mujeres y hombres palestinos para convertirse en abogados expertos en derechos humanos. El centro de estudios superiores fue tomado por las fuerzas israelíes y demolido en enero del 2024, con el pretexto de ser un refugio para integrantes de Hamas, algo que no ha podido probarse hasta ahora.

Normalmente, son los artistas de la guardia vieja del rock, como Neil Young, Brian Eno o Roger Waters, quienes han levantado su voz frente a los abusos de la política exterior de los Estados Unidos. Por ello, que una banda de ese país cuyos integrantes están apenas por llegar a los 50 años, pase de la metáfora o el sarcasmo habitual a dar una opinión tan clara y contundente es bastante encomiable, sobre todo por las amenazas y ninguneos que esto les puede traer. Con valentía y pertinencia, The Strokes cerró su segunda noche en Coachella 2026 y pasó a la historia moderna del rock and roll.

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