Juan Carlos Tafur

La debacle de la izquierda “moderna”

La izquierda moderna, traumada, al parecer, por el epíteto de caviar, ha perdido por completo la brújula no solo ideológica sino ética. Y ello ya es grave, porque al final de cuentas una propuesta política no consiste solamente en una convocatoria programática o ideológica sino también, y sobre todo, en una épica moral.

El descrédito ya no es solo político o ideológico de Juntos por el Perú, la agrupación de Verónika Mendoza, sino ético. La respuesta esquiva, convenida, calculadora del affaire Gonzalo Alegría, su malhadado candidato a la alcaldía de Lima, revela que la entraña moral de la izquierda moderada en el Perú es una quimera.

Qué lástima, de verdad. Siempre hemos pensado que el Perú podría empezar a salir del hoyo de destrucción de su civilización política, el día que se  fortaleciesen una izquierda y una derecha liberales, pero, por lo visto, al menos desde la izquierda, eso ya no será posible con la actual generación de líderes que alberga (incluídas, además de Verónika Mendoza o Sigrid Bazán -la mayor decepción política de la izquierda joven-, a Marisa Glave, Tania Pariona o Indira Huillca, quienes, a pesar de ya no ser parte de JPP -y estar, por ende, exentas del escándalo de Alegría-, han optado por el silencio absoluto frente a los desmanes del gobierno de Castillo).

Luego del descalabro de Izquierda Unida, las izquierdas deambularon por la nada, hasta que surgió la figura atractiva, convocante, capaz de generar adhesiones en sectores no solo de izquierda, de Verónika Mendoza. Pero su terca insistencia en el error estratégico, que ha encontrado su epílogo en el actuar obsecuente frente a un régimen mediocre y corrupto como el de Castillo, la saca claramente del proscenio protagónico de la política peruana, más aún cuando calla sobre aspectos esenciales de la lucha de izquierda como la crítica a la violencia de género.

Gracias a ello, la izquierda que prosperará y a la que habrá que hacerle frente, es a la antisistema, a la que hoy encarna Antauro Humala, cuya proactividad política descoloca no solo a la derecha o al centro tik tok, sino también a la propia izquierda, que ya vio con Castillo y lo volverá a ver, que los bolsones populares no los siguen a ella sino a los portavoces de discursos disruptivos y extremos.

La izquierda moderna, traumada, al parecer, por el epíteto de caviar, ha perdido por completo la brújula no solo ideológica sino ética. Y ello ya es grave, porque al final de cuentas una propuesta política no consiste solamente en una convocatoria programática o ideológica sino también, y sobre todo, en una épica moral.

La del estribo: Katya Adaui vuelve a ratificarnos que su pluma no cesa de madurar y de mostrarnos niveles cada vez más sólidos de una narrativa propia y original. Su última novela Quiénes somos ahora la instala de lleno en el centro de la literatura latinoamericana contemporánea. Publica Penguin Random House.

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Gonzalo Alegría, izquierda peruana, Juntos por el Perú

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