[Migrante al paso] Iba por la Vía Expresa, pensando en qué regalarle a mi madre, entre el alboroto de abrir un negocio se me pasan fechas, conversaciones quedan inconclusas, cumpleaños pasan inadvertidos; estoy perdiendo mi humanidad pensaba. Antes de la subida para 28 de Julio en Miraflores, en un jardín rectangular, una persona hablaba sola. El atracón de carros, me permitió ver sus gestos, emociones y cómo movía las manos dirigiéndose al espacio vacío. No era una mirada perdida estaba fija en algo que yo no podía ver. Real o no, para él había alguien ahí. No parecía molestar a nadie, era casi tan invisible como con quien estaba interactuando. No tenía más de 40 años, se reía con las piernas cruzadas al costado de su amigo fantasma. Me sentía rodeado de animales, donde cada carro era una jaula y, dentro, cada humano actuaba de manera impulsiva y agresiva. La radio, donde quién habrá estado hablando, soltaba discursos raros, por momentos hablaba de Dios y por otros menospreciaba a otros. Cada claxon, parecía una bestia rugiendo desde adentro de las rejas. Sentía paz al ver a esta persona que no se inmutaba del caótico ambiente, perdido en su conversación. Lo perdí de vista y me sentí conmovido. ¿Qué me diferencia de esa persona? Solo encontraba similitudes entre alguien el loco y yo. Entre la mente de un buscador de libertad y la de un loco solo hay una delgada línea.
Yo que pensaba escribir mi crónica sobre el Día de la Madre, pero al igual que un loco mi realidad alterna según lo que quiero y no según lo que se espera. Yo estoy bendecido de tener una madre y abuela especial. Agradezco y celebro todos los días haber tenido figuras maternas de alto calibre. Me perdonarán muchas madres, pero solo por tener hijos no son especiales, es tu desempeño en el rol lo que te hace especial. No sé, si alguien comparta esta opinión conmigo, después de todo comparto más la realidad con un loco que con la gente normal.
Recuerden que quien puede llegar a ser nuestra futura presidenta dijo que no permitiría el aborto de su hija en caso de violación. Lo más preocupante es que gran parte de la población también está de acuerdo con eso. Me vuelvo a preguntar, dónde radica la locura en nuestra sociedad. Veo mayor cordura en un loco que habla solo, que en una madre que hace afirmaciones como la mencionada. Veo mayor cordura en divertirse con el vacío, que en defender este proceso electoral. De hecho, por qué no me voy yo también a sentarme solo a conversar con el aire, pienso desde hace unos días. Ni el aire ni yo estaríamos hablando de que tú eres facho o tú eres rojo. Últimamente solo escucho esos adjetivos, solo me doy cuenta que como niños, los adultos también entran en pánico ante cualquier adversidad.
De un día para otro, el país completo se convierte en una isla inexplorada y despojados de toda autoridad, varios grupos escogen a su señor de las moscas y bailan alrededor embriagados de falsas verdades. En algunos, como yo, que nos gusta vivir desencajados, habitan Ralph y Piggy. Tenían una amistad donde el honor y la lealtad valía más que las promesas de estos símbolos. Moriré rescatado por alguien externo o aplastado por las moscas, algún día lo sabré. En el libro (El señor de las moscas para quien no lo ha leído) la cabeza de un jabalí clavada en una estaca era el señor de las moscas porque cientos de ellas revoloteaban alrededor y los niños imitaban este comportamiento. En nuestro país, cambia el formato y vienen los símbolos con nombre y apellido en una enorme lista donde todos nosotros tenemos que marcar un aspa y como moscas escoger alrededor de qué cabeza de jabalí muerto revolotear.
En los años que estudié filosofía, carrera que no terminé, recuerda mi fase nihilista, al igual que yo muchos caen. Entendía, bajo ese pensamiento, que la verdadera libertad se encuentra en los límites de la sociedad. Cada vez ese cuestionamiento aumenta en mi mente, intentando encontrarle significado. Tomando palabras de Nietzsche, no es mi deber ser matamoscas; algo me dice que el loco del jardín también pensaba igual. Tal vez, es necesario perder un poco de cordura para ser libre, moldear un poco más la realidad para no incomodar las ajenas. Lamentablemente, el conflicto entre ser totalmente indiferente por mi paz o intervenir para generar cambio se mantiene sin inclinarse hacia uno de los lados.







