[Migrante al paso] Nuevas elecciones, el mismo caos de siempre, pero peor. Recuerdo mi primera votación presidencial en el 2016. Las de 2011 aún tenía 17 años. Pasaron a segunda vuelta PPK con Keiko Fujimori. Caminaba un poco intimidado desde mi casa, unas cuadras, hacia mi centro de votación. Un colegio con números y sin nombre. Todavía no conocía la realidad peruana y era más ignorante de lo que creía. En el camino, solo iba repasando lo que tenía que marcar y cómo, basándome en lo que me habían dicho mis padres. Entré rápidamente, ubiqué mi mesa de votación, marqué, firmé y salí. Me sentí adulto, como la primera vez que manejé. Supongo que muchos jóvenes hicieron lo mismo en las elecciones del domingo que acaba de pasar. Veo a muchos periodistas y líderes de opinión resaltando los mismos argumentos de siempre. No es un problema solo de los que no están enterados, de los que no han recibido una educación o de los que sí. Es un problema enganchado en todas las áreas, desde las más académicas hasta las más informales. Es muy fácil darse cuenta de que el famoso voto anti Keiko ha disminuido; no es necesario ser politólogo. Sin embargo, siguen con esa idea como si no quisieran aceptar que eso cada vez se vuelve menos certero. La realidad actual es muy diferente a la de las últimas elecciones. Generaciones enteras que no conocen lo sucedido durante el fujimorismo, ni lo que sucedió con el terrorismo y mucho menos las atrocidades cometidas por el Estado en ese momento oscuro de nuestro país. Es normal, porque somos una sociedad que olvida. Por eso las orientaciones radicales están en aumento en todo el mundo. Por eso he reducido drásticamente a quiénes escuchar y a quiénes omitir. No soy un experto, pero a mi parecer el análisis tiene que venir desde esa premisa, una en la que las tendencias cambian con el tiempo.
Esta vez, ya estaba informado y tenía mi propio análisis y opinión. Me levanté temprano, comí, me compré una Red Bull y fui caminando tranquilo; tomé todas las medidas necesarias para no estar de mal humor y funcionó. Claramente, después de enterarme de tantas negligencias y del panorama que se aproxima, comencé a caer de a pocos en el remolino de incertidumbre y estrés. Varias personas que tengo en redes sociales que desacreditaban a Jorge Nieto por una foto con Víctor Polay, les preguntaba si sabían quién era este señor: un rojo antiguo, me comentaban; claramente solo demostraban que no sabían nada. Ni siquiera me tomaba el tiempo para explicarles porque ya había probado mi punto. Decidí seguir la semana como si no hubiera pasado nada; recordaba unas palabras de Jaime Bayly, alguien que no admiro ni le tengo aprecio especial, pero su frase dio en el clavo: lo bonito de la vida no está en la política.

Por otro lado, veo a gente ilusionándose por una potencial segunda vuelta con Jorge Nieto en ella; también veo posts en Instagram que decían “mañana sale el sol”, haciendo referencia al logo del Partido del Buen Gobierno. También, periodistas de renombre alabando a Marisol Pérez Tello. Solo podía pensar: ¿son estos los veteranos que saben de política? Porque no lo parecen. Esos dos eran mis opciones principales y, efectivamente, voté por Nieto, pero de eso a ilusionarme hay un gran paso. Creo que ya todos los peruanos deberíamos saber que celebrar antes de tiempo por la política de nuestro país es un error garrafal. Por más que tengan el beneficio de la duda, eso no los vuelve motivo de celebración; más bien es una advertencia para mantenerse alerta. Me baso puramente en que la persecución del poder suele atraer a las personas más débiles, débiles en el sentido mental de la palabra. Por más que ellos sean mis candidatos, no confío en ninguno de ellos ni un poquito.
Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga y Roberto Sánchez no tienen el beneficio de la duda, solo hechos. Por lo tanto, no entiendo cómo estos impresentables lideran hasta el momento los conteos. Me parece repugnante, pero no me puedo quejar. Después de todo, estamos en democracia. Así que tanto el voto estratégico, el consciente y el alpinchista son igual de válidos. Incluso los viciados. De ahí ver podcasts y noticieros que te dicen qué no se debe hacer es una mentira. Es parte de nuestro derecho votar por quien queramos, lo entendamos o no. Y no se confundan, tu preferencia en los votos no te hace superior a nadie, eres simplemente un votante más.
Me parece nefasto ver estas caras que me generan repulsión liderando las encuestas, pero no hay nada que pueda hacer, porque no tengo autoridad moral sobre nadie. Para los que hablan de autoridad intelectual, creo que tienen que ir al psicólogo para que se les bajen los humos. Después de todo, los resultados al final son un reflejo de lo que somos como país y el resultado que salga lo tenemos que aceptar como buenos ciudadanos. De lo contrario, caeríamos en lo mismo que muchos odiamos, como cuando declaran fraude y falacias por el estilo. En este caso, la gota que rebalsó el vaso de irresponsabilidad, negligencia y estupidez es lo sucedido con la ONPE y el retraso en la votación. Ese tipo de cosas deberían ser sancionadas porque alimentan estas teorías conspiratorias y, lo peor, es que dejan de parecer descabelladas. Veremos cuáles son los resultados y mi consejo sigue siendo el mismo de siempre: hay que mantenerse siempre como oposición, salga quien salga, y no celebren ni se ilusionen. Porque la victoria no se canta con el sufragio sino con los buenos hechos que ocurran durante el gobierno, que ya todos sabemos, hemos tenido muy pocos, por no decir ninguno.







