Carlos Parodi

Populismo en economía

"Quieren popularidad. Cuidado con las promesas que suenan bien, pero a la larga destruyen la economía y castigan al que decían que iban a beneficiar. Ya lo vivimos en la década de los ochenta. La historia no puede olvidarse."

El populismo es uno de los conceptos más difíciles de conceptualizar y no existe consenso respecto de su definición. En lo que sigue me centraré en su acepción en la economía. Primero, y como algo general, las crisis son terrenos fértiles para la aparición de populista.  No es un tema de izquierda o derecha. Una crisis sanitaria y económica en cualquier país despierta a los populistas. Buscan ganar votos a cualquier costo. Y ese es el problema. No entienden que todo cuesta.

Segundo, los populistas son líderes de distinto color político, que se presentan como los verdaderos representantes del pueblo y prometen tener la receta mágica para terminar con los problemas de los excluidos y marginados, a quienes dicen representar. Nunca definen quiénes son parte del pueblo. Sugieren medidas que suenan bien y como suelen decir, obvias. En economía nada es obvio. Si fuera así, entonces, ¿por qué no se implementan las medidas? Y ahí aparece la larga lista de culpables, que aparecen como los enemigos del pueblo: la clase política, los intereses creados de las autoridades a quienes no les importa el pueblo, los ricos, los bancos, las empresas, los extranjeros que vienen al país y un largo etcétera. El problema es que el populista en lugar de unir divide a la población con distintos criterios: ricos contra pobres, buenos contra malos, explotadores contra explotados, extranjeros contra nacionales, etc. No une, sino separa. Dicen que lo hacen por el pueblo, pero ¿quiénes son el pueblo? Usted y yo estimado lector, ¿somos parte del pueblo o del no pueblo?

Tercero, el populista no entiende que la economía tiene límites. Insisto en la necesidad de reformas de varios sistemas, como los de pensiones, salud y educación. Una cosa es reformar, otra es destruir sin sustituir. A veces se olvidan de que un empresario es tanto quien dirige una mina como aquella persona que tiene una pequeña bodeguita en la esquina de su casa. El populista piensa que el dinero crece en los árboles y hay que prometer gastar y gastar sin tomar en cuenta de dónde saldrá el dinero.

Dicen que el gobierno debería reducir impuestos y aumentar el gasto público. El exceso de gastos sobre ingresos de cualquier gobierno se financia con deuda. A mayor deuda hoy, mayores impuestos mañana para pagarla. Lo que es sorprendente es que habiéndolo vivido en Perú y teniendo como ejemplo a varios países de la región ahora, se insista en lo mismo.

Existen varios principios elementales en economía que los populistas parecen no entender; en primer lugar, no se puede vivir por encima de las posibilidades de manera indefinida; en segundo lugar, todo tiene un costo, pues al final siempre se paga cualquier decisión. En tercer lugar, los recursos usados para cualquier fin tienen un costo de oportunidad, pues se pueden usarse de una manera distinta y además no son infinitos. En cuarto lugar, debemos ver lo que se ve y lo que no se ve de una propuesta, pues nada es gratis. Alguien paga. Incentivar un sector significa que habrá menos recursos para apoyar a otros.

Prometer mayor gasto público de manera indefinida es populismo; sugerir una medida sin analizar los efectos económicos de corto, mediano y largo plazo es populismo. Quieren popularidad. Cuidado con las promesas que suenan bien, pero a la larga destruyen la economía y castigan al que decían que iban a beneficiar. Ya lo vivimos en la década de los ochenta. La historia no puede olvidarse.

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Economía, Populismo, universidad pacifico

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