Dina y su gabinete de guerra

Luego de la inevitable salida de Pedro Angulo de la PCM, Dina Boluarte ha optado por realizar cambios que parecen acercar su gobierno a lo que busca la oposición e instalar lo que podría ser un gabinete de guerra, aunque esta vez en el otro lado del conflicto no estará un sector del parlamento sino una población iracunda.

Ser la primera mujer en llegar la presidencia podría haber sido el prólogo de una historia inspiradora. Sin embargo, para Dina Boluarte se ha convertido en un relato de terror. No sólo asumió la presidencia luego de un intento de atentado contra la democracia sino que debió lidiar desde el primer día con un país convulsionado, quizá el escenario más complejo desde el retorno de la democracia.

Incluso para el más inexperto era evidente que se necesitaría de un gabinete político que le permitiese al gobierno de Boluarte lograr estabilidad en medio de una oposición que más de una vez se mostró intransigente y un “oficialismo” perulibrista dispuesto a incendiar el país luego de haber perdido a Pedro Castillo. Sin embargo, pasado el mediodía del sábado 10 de diciembre, Dina Boluarte sorprendió con un gabinete con nombres más técnicos que políticos.

Por lo baja que estaba la valla luego de los ministros que su predecesor supo designar, los nuevos ministros recibieron el beneficio de la duda. No obstante, algunos de ellos no tardaron en decepcionar. Ese fue el caso del premier Pedro Angulo. Mientras más regiones se sumaban a las movilizaciones y el número de fallecidos empezaba a aumentar, el primer ministro no salía de su oficina y pasaba los días en reuniones que se podrían calificar como intrascendentes teniendo en cuenta el contexto local. Incluso, el jueves 15, se anunciaba que Angulo asistiría a la inauguración del Palacio de las Artes en Miraflores.

La indiferencia tuvo consecuencias y, antes del mediodía del viernes 16, el gabinete Angulo tenía su primera baja. Patricia Correa, quien estaba al frente del Ministerio de Educación, presentó su renuncia. Como la propia exministra lo señaló, la cantidad de fallecidos durante las manifestaciones hicieron que Correa Arangoitia encuentre inviable su continuidad. Pero esa no sería la única salida. Casi en simultáneo, Jair Pérez, ministro de Cultura, alegó los mismos motivos para dejar el cargo.

Antes de encontrarse en una situación similar a la de Manuel Merino y quedarse sola en el Ejecutivo, Dina Boluarte aprovechó su gira de medios del pasado domingo para anunciar que su gobierno tendría un nuevo premier. “Es alguien político que conoce el Perú profundo”, dijo Boluarte en el programa Punto Final.

 

Un premier del círculo de confianza

En la mañana del miércoles se develó el misterio. El elegido para estar al frente de la PCM era Alberto Otárola, quien inicialmente se encontraba al frente del Ministerio de Defensa. Otárola Peñaranda venía de desempeñarse como abogado de la presidenta, pero también había sido parte del Ejecutivo durante el gobierno de Ollanta Humala. Sin embargo, apenas duró cinco meses en el cargo. El resultado fallido de la Operación Libertad, en la que ocho integrantes de las fuerzas combinadas murieron a manos de senderistas, y que había sido calificada como “victoria importante e impecable” por Otárola le terminaron por costar el puesto a Otárola y el ministro del Interior, Daniel Lozada.

Sin embargo, este antecedente poco alentador si se tiene en cuenta que hoy el país necesita un premier que opere con prudencia al estar en juego la vida de miles de peruanos entre manifestantes y fuerzas del orden no es el único caso que genera desconfianza en estos cambios anunciados por la presidenta Boluarte en la mañana del miércoles.

¿Un ministro pro represión?

El reemplazo de Otárola en la cartera de Defensa ha generado serias dudas por su línea ideológica. Jorge Chávez Cresta no duda en mostrarse en redes sociales como una de las personas que, sin sustento técnico, no toleran que se hable de conflicto armado interno pese a que esto no le resta severidad ni reduce condenas a los terroristas responsables del periodo de violencia que golpeó al país décadas atrás.

Además, Chávez Cresta no duda en retuitear a congresistas como Patricia Chirinos cuando piden la declaración del estado de emergencia pese a que la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos hoy la encuentra injustificable. Aunque otro de los puntos que ha generado temor pensando en las decisiones que tomará al frente del Ministerio de Defensa es la cantidad de retuits que muestran cierta admiración por Nayib Bukele, el cuestionado presidente de El Salvador involucrado en casos de violaciones de los derechos humanos.

La cuota ultraconservadora

Pero, además de Jorge Chávez, hay otro ministro cuyas capacidades al frente de su sector son puestas en duda. Se trata de Oscar Becerra, el nuevo ministro de Educación. Becerra Tresierra, quien fue director de Tecnología Educativa del Minedu en el pasado, se muestra en redes sociales como un férreo opositor al enfoque de género y tiene expresiones agresivas contra la comunidad LGTBI. A ello se le suma que Becerra acusa a ONPE de “poner” a Pedro Castillo como presidente.

Sin embargo, hay más razones para tomar con preocupación su llegada al Minedu. Según un informe periodístico realizado por el periodista Marco Sifuentes en 2012, Becerra estuvo involucrado en una cuestionada compra de laptops durante el gobierno de Alan García que le costaron al país un aproximado de 150 millones de dólares. Una compra que, como señala el informe, se habría realizado sin el proceso de licitación correspondiente y terminó con un incendio en los almacenes del Minedu que destruyó cuarenta mil de estos dispositivos.

Con estas nuevas designaciones, por más que sean aceptadas y hasta defendidas por un sector del Congreso y las conocidas cuentas troll en redes sociales, ponen al gobierno de Dina Boluarte ante un panorama complejo en el que un discurso más cercano al del repudiado Congreso la podría distanciar todavía más de una población que parece implacable en su lucha contra el Ejecutivo.

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