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LA PALMA CONTRA EL NARCOTRÁFICO: Iniciativa beneficia a familias en el desarrollo rural

Oportunidad de cambio. En 1991, en Ucayali, se buscaba erradicar las plantaciones de hoja de coca. La palma aceitera fue una solución que hoy por hoy genera ingresos constantes y rentables a los agricultores. La presente nota destaca los principales cambios que ha generado esta iniciativa.

La hoja de coca es un producto importante y originario del Perú que destaca desde la época prehispánica. Sin embargo, en los años 70, se evidenció un crecimiento de cultivos debido al fuerte proceso migratorio de campesinos a las diferentes provincias del Perú, entre ellas: San Martín, Huánuco, Cusco, Apurímac y Ucayali. Este último ha generado atención en el gobierno. Y es que las plantaciones producen la pasta básica de cocaína (PBC), además, su cultivo genera la pérdida de fertilidad del suelo, emigración de las zonas rurales, intervención de las Áreas Naturales Protegidas (ANP) y violencia social.

Desde el Ministerio del Interior se ha buscado la manera de erradicar esta práctica. El Proyecto Especial de Control y Reducción de Cultivos Ilegales en el Alto Huallaga (Corah) ha previsto erradicar para finales del 2022 más de 18 000 hectáreas de cultivos ilegales de hoja de coca. El portal del gobierno ha garantizado su erradicación en las zonas cercanas a las comunidades nativas de Ucayali, como la comunidad de Cacataibo en Aguaytía. En esa línea, se ha evidenciado esfuerzos por erradicar esta práctica ilícita, pero cabe consultarnos, ¿hay otra forma de luchar contra esta problemática?

La Organización de las Naciones Unidas, en el año 1991, junto al gobierno de Alberto Fujimori en respuesta a la lucha contra el narcotráfico crearon los primeros ejemplares de un cultivo que buscaba erradicar las plantaciones de hoja de coca: la palma aceitera. 

El presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Turismo de Ucayali, Norberto Angulo García, menciona que se buscaba una alternativa de desarrollo rural. “Comenzaron a desarrollar estos proyectos junto a los gobiernos regionales y los productores organizados en el marco del desarrollo alternativo”. Y es que este proyecto produce ingresos constantes todo el año, sobre todo, es rentable para los agricultores, pues se cosecha y frena la deforestación. “Al inicio, los beneficiarios eran 250 familias. Hoy en día tenemos 7000 familias directas y 30 000 indirectas. Eso denota a 40.000 puestos de trabajo que la palma aceitera contribuye socialmente, económicamente y ambientalmente al país”, señala Angulo.

Es una oportunidad para Ucayali. “Hay 93 000 hectáreas de palma en el Perú. De eso, el 53% aproximadamente está en Ucayali”, manifiesta Norberto. La palma se produce desde hace 40 años y arraiga al agricultor a sus terrenos. Además, es una alternativa contra la agricultura migratoria que ha causado la deforestación en la Amazonía peruana. “Nos estamos haciendo competitivos y sostenibles”, añade.

Norberto Angulo ejerce la presidencia de la Cámara de Comercio, Industria y Turismo de Ucayali Foto: Gobierno del Perú

Para la directora de Cedro y ex presidenta de Devida, Carmen Masías, manifestó que es una atractiva oportunidad para el mercado. “Tiene buen precio y buenos mercados”. Sin embargo, se cuestiona los costos que las familias que siembran coca al narcotráfico puedan tener. La ex presidenta de Devida los clasifica entre sociales, familiares y policiales.

Sudaca ha destacado que hay un escaso apoyo del gobierno por esta actividad que viene siendo impulsada por la empresa privada. Esta iniciativa pone freno al narcotráfico, pero también a la deforestación. “La coca deforesta. Causa erosión, además, no hay ningún cuidado del suelo”, señala Masías. Y es que la palma no requiere cuidados extremos y está comprobado que no degrada ni contamina los suelos.

Esta iniciativa ha generado un antes y un después a las familias que se encontraban arraigadas al narcotráfico. “Si comparamos la actividad económica palmícola por la antigua actividad cocalera. Hay una diferencia positiva en favor de la palma”, destaca Norberto. Su precio ha sido elevado en los últimos años, sin embargo, señala que en términos promedio de los últimos diez años esta actividad ha sido competitiva. “Con esto las familias se consolidan económicamente. Los jóvenes pueden estudiar, ahorrar y generar ingresos, inversión y riqueza”, añade.

La pandemia fue un impacto meramente económico. “Por la pandemia, teníamos a los agricultores cosechando la mitad de su producción. Y eso evidentemente genera un problema social, económico y ambiental”, sentencia Norberto. El estado de emergencia paralizó la producción y carga de aceite en Ucayali. “Hubo hasta 1000 toneladas de aceite de palma que se quedaban sin descargar, en fábricas pequeñas o grandes esta cantidad es demasiado grande”, añade.

Norberto recuerda con tristeza cuando la pandemia perjudicaba a los más vulnerables, los trabajadores. “En un inicio se intentaba pagar puntualmente al agricultor. Sin embargo, si estas paralizaciones no se remediaban se podría perjudicar al trabajador al no tener su pago puntualmente”, enfatiza. Y es que las medidas de inmovilización perjudicaron gravemente el fácil proceso de descarga de los productos.

La falta de atención del gobierno se sigue dando. Oscar Zea, exministro de Agricultura, visitó la principal planta extractora de palma aceitera en Neshuya, esto en el marco de la impulsión de la Segunda Reforma Agraria y con la promesa de entregar créditos a los pequeños productores. Ahora que Castillo ha dejado el poder, y, con Boluarte en Palacio de Gobierno, preocupa que la situación política actual produzca un desinterés en este tema de impacto ambiental y social.

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