Alan-Salinas

Una oposición sin reflejos, pero con oportunidades

"Si hay algo que ha caracterizado a la oposición en el país, desde la llegada de Pedro Castillo a la presidencia de la República, es su poca capacidad táctica para fiscalizar los evidentes casos de corrupción del gobierno."

Si hay algo que ha caracterizado a la oposición en el país, desde la llegada de Pedro Castillo a la presidencia de la República, es su poca capacidad táctica para fiscalizar los evidentes casos de corrupción del gobierno, así como la capacidad de representar en el Congreso y en las calles la indignación ciudadana ante la arremetida de la inflación en los hogares peruanos.

Esto se debe a que no existe una estrategia que oriente las tácticas políticas. Sus voceros en el Congreso como en las calles, de manera desorientada ante coyunturas que maneja el Ejecutivo a su antojo, reacciona sin ningún tipo de efecto que transforme el malestar ciudadano. Allí tenemos, por ejemplo, el poco respaldo de la gente ante las marchas que se convocan por la vacancia a Pedro Castillo o por el “No a la Asamblea Constituyente”, que es usado por el ejecutivo para distraer a la oposición.

Y es que la oposición solo habla y actúa para Lima, mientras que en regiones Castillo -a través de sus gabinetes itinerantes- va cambiando la popularidad negativa que tiene. En la última encuesta de Ipsos podemos apreciar que ha subido un 3%. Eso evidencia que recientemente ha establecida una estrategia de trabajo. Esto se debe también a que la oposición no plantea horizontes de debate y de acción en los diversos espacios (académico, mediático y popular) que rompan el cerco en el que se encuentran.

La oposición debe tener como gran bandera levantar una agenda política y económica que genere impacto en los espacios mencionados y así cambiar el sentido común para una táctica adecuada. Como suele suceder, las coyunturas críticas generan la posibilidad del encuentro de la economía y la política dado que sus fronteras se vuelven porosas por los factores externos e internos evidentes. En situaciones normales, cada uno tiene un cauce autónomo (como sucedió desde Toledo hasta el gobierno de Humala), en la que el ruido político no afectaba el cauce económico. Había un consenso que se respetaba.

Hoy ese consenso está quebrado y la oposición debe saber leer fino ese relato existente para un trabajo adecuado. Mucho ojo con ello.

 

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Gobierno, Pedro Castillo

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