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Sobre la oferta política

"La volatilidad en las preferencias electorales en torno a estos tres actores políticos son el síntoma de un problema estructural por el que pasan actualmente los partidos políticos: el enraizamiento en la sociedad."

Desde hace algunos años hasta ahora, las campañas electorales han traído repentinamente el ascenso y descenso de candidatos nuevos. Ahí tenemos –por ejemplo- la aparición de Acuña, Guzmán y Barnechea. 

Tengamos en cuenta que tanto Acuña como Barnechea no son una novedad, dado que ambos cuentan con trayectorias políticas: el primero desde la alcaldía y gobernación regional en La Libertad y el segundo desde su participación por años en las filas del APRA.

La volatilidad en las preferencias electorales en torno a estos tres actores políticos son el síntoma de un problema estructural por el que pasan actualmente los partidos políticos: el enraizamiento en la sociedad. Las organizaciones políticas entraron a competir electoralmente –desde la transición a la democracia- en condiciones desfavorables. El cambio en la estructura social y económica del país y el desprestigio hacia los partidos por parte del régimen autoritario fujimorista fueron parte de que haya desconfianza de la sociedad peruana hacia las organizaciones políticas.

Hay que tomar en cuenta también (aparte de los errores propios de los partidos) que cierta prensa y ciertos opinólogos (por no decir, la mayoría de ellos) optan por un elemento contraproducente para el fortalecimiento del joven régimen democrático: el impulso del “anti”. Eso podemos apreciar en medios escritos como televisivos. Este infantilismo político lo único a lo que lleva –como lo estamos apreciando en estas cinco elecciones nacionales- es al canibalismo político y a la destrucción de la figura política. La imputación, la judicialización y el desprestigio personal en reemplazo de las propuestas políticas-programáticas. 

Todo lo mencionado conlleva a que el ciudadano desconfíe de la clase política, porque sienten que no los representan. ¿Qué hacer frente a este escenario crítico permanente? La respuesta es complicada, por los múltiples factores que involucran al problema, pero se puede avanzar en señalar que los viejos partidos como los nuevos tengan incentivos como castigos con respecto al trabajo de docencia política más allá de las elecciones. Este punto –entre otros- podría ayudar a mejorar en algo la confianza pública sobre los partidos.

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