Giancarla Di Laura - Sudaca.Pe

Guadalajara Guadalajara

Con ritmo de ranchera comenzamos esta columna dominguera para echar luz sobre el revuelo que ha causado la decisión del nuevo Ministro de Cultura, Ciro Gálvez, de modificar la lista de 60 invitados nacionales a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, que había dejado dispuesta el gobierno anterior. Ocurre que este año el Perú es el país invitado de honor a este importante acontecimiento cultural, editorial, comercial y mediático y por eso la necesidad de definir una lista de invitados ya ya.

La FIL Guadalajara, como coloquialmente se le conoce, se realizará del 27 de noviembre al 5 de diciembre de este año. Ya antes, el 2005, el Perú había sido el país invitado y el gobierno de Alejandro Toledo y sus burócratas culturales compusieron una lista numerosa con grandes altibajos, pero en la que predominaban los autores capitalinos ligados a algunas editoriales transnacionales. Los representantes del interior del país eran escasos.

Este año, bajo otro gobierno neoliberal como el de Francisco Sagasti, se compuso, justo hacia finales de julio y a punto de ocurrir el cambio de gobierno, la mencionada lista de 60 invitados, que se supone costarán, junto con el alquiler de locales y publicidad, la friolera de unos cuatro millones de soles.

La lista está dividida en tres rubros: 1) “programa literario” (con 40 invitados); 2) “expertos y académicos” (8 invitados), y; 3) profesionales (12 invitados). 

Cerca del 70% de ellos son limeños o viven en Lima hace mucho tiempo, habiendo solamente una autora quechuahablante.  (No contamos aquí a un famoso retablista ayacuchano, pues no se sabe bien qué hace dentro de una lista de escritores).

¿Dónde están, pues, los otros autores quechuahablantes, aimarahablantes, shipibohablantes y de las otras 45 lenguas originarias reconocidas por el propio estado? ¿Es que no tienen literatura? ¿Por qué, del total de 60 invitados, 58 son hispanohablantes, como si el Perú fuera un país culturalmente homogenizado por esa lengua?  

No hablemos ya de la procedencia regional. Con solo un 30% de provincianos, se ha dejado afuera a valiosos escritores de Cuzco, Arequipa, Piura, Lambayeque, Loreto, Ucayali, Puno y otras importantes zonas del país. Pienso, por ejemplo, en autores como Boris Espezúa, Leoncio Luque Cota, William Guillén Padilla, Domingo de Ramos, Gloria Cáceres, Isaac Huamán Manrique, Gloria Mendoza Borda, Fredy Roncalla, Juan Yufra, Carlos Sánchez Paz, Luis Nieto Degregori, Enrique Rosas Paravicino, Oscar Colchado y el chalaco Dante Castro. (Y dejo muchísimos más en el tintero). Nuestros escritores afincados en el extranjero son apenas representados por unos pocos nombres que para colmo ya han participado en otras ferias como invitados oficiales del estado peruano.

Sería muy largo analizar cada uno de los nombres y no quiero lastimar sensibilidades, pero encuentro autores de cómics y de libros patrocinados por Tiendas Wong, aparte de varios narradores “light” frente a una clamorosa minoría de poetas (entre los que, sorprendentemente, se encuentra alguna novel con apenas tres libros y un bachillerato en ciernes –aunque muy ligada a los lobbys feministas, eso sí– y varios poetas favorecidos consuetudinariamente por el propio MinCul con medallas, subvenciones y otros reconocimientos, como si solo las distinciones de esa cartera importaran).

En las listas de “expertos y académicos” y de “profesionales” encontramos una economista limeña que fue Ministra de Desarrollo, historiadores de distinto pelaje y varios personajes menores en el campo de la cultura. ¿Se justifica su presencia?

El gusto desinformado de la redacción de Perú21 ha defendido ayer, sábado 28, la lista del anterior ministro Alejandro Neyra, es decir, la lista del gobierno de Sagasti. En ella, como dije, son muchos los nombres que se repiten de ferias anteriores o están (o han estado) ligados laboralmente al estado. Con un nuevo gobierno de izquierda, es lógico que se busque visibilizar a autores y creadores de provincias y de las lenguas originarias, habladas por una cuarta parte de nuestra población y que son muestra de nuestra riquísima variedad lingüística. De ahí que la medida del ministro Ciro Gálvez tenga perfecto sentido si es que se quiere ser consecuente con la voluntad popular que eligió a este gobierno democráticamente.

Ya es hora, pues, de que se democratice el Ministerio de Cultura. Y ya estuvo bueno de repetir el mismo plato en estos eventos oficiales. 

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