Juan Carlos Tafur

El apocalipsis de la salud pública

“El escandaloso caso de las vacunas –sin planes adecuados y con malas adquisiciones- es un botón de muestra de un perjuicio institucional gravísimo para la consecución de una relativa dignidad ciudadana en los sectores más desfavorecidos del país”

Una de las peores calamidades que nos va a dejar este gobierno es el deplorable estado de la salud pública, que ya era deficiente, pero que con Castillo alcanza niveles apocalípticos de desastre.

Es el caso, por ejemplo, de la vacunación. Como hemos publicado en Sudaca, en promedio, la cobertura necesaria para garantizar una óptima salud debería ser del orden del 95% y actualmente asciende a 52%, muy lejos de la tasa meta en varias enfermedades. Una de ellas, la influenza, ha incrementado sus casos un 510% en comparación al año pasado.

En reciente conferencia de prensa, voceros del colectivo Voces Ciudadanas y el ex ministro de Salud, Abel Salinas, denunciaron la lenta vacunación que viene implementado nuestro país frente a enfermedades que no son el coronavirus.

La más preocupante es la influenza que, a su vez, aumenta el riesgo de brotes epidémicos. Aparte está el riesgo de que reaparezcan enfermedades como la polio, difteria o viruela. “Lo ideal sería tener una cobertura del 95% en todo. Conservadoramente, 90%, pero tampoco llegamos. Cada 1% menos de cobertura de vacunación son 5 mil niños en riesgo”, aseguró Abel Salinas, ex ministro de Salud.

A ello se agrega un problema adicional. Como advirtió Sudaca en agosto, aquí se aplica la vacuna trivalente contra la influenza, es decir, aquella que protege contra las 2 variantes de tipo A y solamente una de la B, lo que va en contra de la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que pidió que se aplique la tetravalente, conocida también como polivalente, que combate todas las cepas A y B. Solo por esa mala decisión, habrá 120 mil atenciones hospitalarias adicionales este año, generando congestión y fallecimientos que bien podrían haberse evitado.

Basta visitar cualquier hospital o centro del Minsa o de EsSalud y se constatará, adicionalmente, el empeoramiento radical de los servicios de salud pública en el país, la que emplean los más pobres. Es incalculable el número de muertes que ello ocasionará anónimamente, sin registro clínico, pero evidente relación causa-efecto.

El escandaloso caso de las vacunas –sin planes adecuados y con malas adquisiciones- es un botón de muestra de un perjuicio institucional gravísimo para la consecución de una relativa dignidad ciudadana, a través de una buena salud pública, en los sectores más desfavorecidos del país.

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Salud pública, Vacunación en el Perú, vacunas

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