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La paradoja política de la juventud

Las marchas de la Generación Bicentenario no tendrían por qué encontrar eco en las elecciones si los factores de hoy se mantienen en cuatro meses. Ya son el grupo etario con más electores, pero tienen solo seis congresistas. Y estos ni siquiera los representan. ¿Qué está fallando?

Los jóvenes salieron a las calles en todo el país para protestar contra la vacancia de Vizcarra. Cayó el gobierno de Merino. Los jóvenes que trabajan en el campo se manifestaron en regiones contra el régimen laboral de las empresas agroexportadoras. Se derogó la Ley de Promoción Agraria. La participación política de la juventud ha sido determinante en las últimas semanas y probablemente siga siéndolo en los días que vienen.

Los jóvenes demostraron que sí les interesa la política y están dispuestos a correr riesgos -policiales y sanitarios- para hacer sentir su voz. La evidencia también es estadística: según la encuesta de noviembre del IEP, el 75% de jóvenes entre 18 y 24 años tenía algo o mucho interés en la política. ¿Cuál es la paradoja? Que los jóvenes no tienen representación etaria en política institucional. Una muestra es lo que ocurre en el espacio de representación política por excelencia: el Poder Legislativo.

La juventud está subrepresentada. El 16.3% de peruanos tiene entre 20 y 29 años, pero el porcentaje de congresistas de hasta 30 años es de apenas 4.6%. Solamente hay tres congresistas menores de esa edad y, luego, otros tres que fueron elegidos con 29 y cumplieron 30 después de la elección de enero.

Pero ni siquiera ellos representan la voz de la juventud en temas netamente políticos. Los tres congresistas menores de 30 años votaron a favor de la vacancia de Martín Vizcarra, algo que -horas después- su generación rechazó en las calles. Entre los que tienen 30 años cumplidos, dos votaron a favor y una, Arlette Contreras, se abstuvo.

Las sangrientas protestas ciudadanas protagonizadas por los jóvenes estallaron, precisamente, a consecuencia de la vacancia de Martín Vizcarra. Uno de los mensajes más expuestos en las pancartas de los protestantes, quienes terminaron asediados por las bombas lacrimógenas pese a marchar pacíficamente, fue “este Congreso no me representa”.

Foto: Luca Daniel / Sudaca

¿Jóvenes sin juventud?

Los tres congresistas más jóvenes del Parlamento son María Bartolo (27, Áncash), quien fue elegida por UPP, pero ahora es vocera de la bancada Nueva Constitución; Alexander Lozano (28, Madre de Dios), de UPP; y Luz Cayguaray (29, Loreto), del Frepap. Luego están los que tienen 30 años: Paul García (Callao), de Acción Popular; Felícita Tocto (Cajamarca), que postuló con Somos Perú pero ahora es de la bancada Descentralización Democrática; y Arlette Contreras (Lima), que llegó al Congreso con el Frente Amplio pero luego se desligó de la bancada y vota como no agrupada.

En los 9 meses que llevan en el cargo, estos seis congresistas sí han impulsado algunos proyectos de ley dirigidos a su generación. Por ejemplo, García y Cayguaray propusieron leyes para bajar las pensiones y suspender la matrícula de centros educativos, entre ellos institutos y universidades, mientras dure la emergencia sanitaria. García también propuso una ley que busca promover la inserción laboral y el empleo de jóvenes en las entidades públicas.

Tocto impulsó la Ley General de Juventudes del Perú, para proteger los derechos de la juventud y promover su participación ciudadana. Contreras impulsó la eliminación del matrimonio adolescente, para disminuir los casos de violencia sexual contra las mujeres jóvenes. Incluso, García propuso un proyecto que fomenta directamente la participación política de los jóvenes, mediante una cuota de 20% de candidatos al Congreso menores de 29 años.

Y lo más interesante es lo siguiente: después de la vacancia, García -que votó a favor- y Contreras propusieron declarar el 14 de noviembre como el Día Nacional de la Conmemoración de la Generación del Bicentenario. El proyecto también establece la necesidad de crear el Ministerio de la Juventud. Este proyecto, como la mayoría de los antes citados, todavía no es debatido en comisión.

Pero ese supuesto interés por la agenda juvenil no aterriza en las votaciones más importantes. El interés por la vacancia de Vizcarra de los tres parlamentarios menores fue potente. Lozano y Bartolo firmaron la segunda moción. Por supuesto, votaron a favor de aprobarla. García y Tocto -de 30- también votaron para sacar al presidente. Luego, obstruyeron la primera salida de la crisis: en la votación para elegir a Rocío Silva Santisteban como presidenta, Bartolo se abstuvo y Cayguaray votó en contra.

Sudaca intentó contactarlos para conocer la razón de sus votos y su trabajo de representación con el electorado coetario. Cinco de ellos no respondieron, a pesar de que cuatro dijeron que sí lo harían. No es coincidencia que quienes votan en contra de la voluntad popular no quieran atender a la prensa. 

La única que respondió fue Arlette Contreras. Ella votó en contra durante la primera moción de vacancia y se abstuvo en la segunda. “No apoyé el primer pedido de vacancia porque merecíamos unir esfuerzos para seguir luchando contra la pandemia. En el segundo intento cambió bastante el contexto. Se evidenciaron con más claridad las denuncias sobre Vizcarra. La corrupción es un problema que no podemos subestimar y, como joven, la rechazo”, argumentó.

Arlette Contreras, la única congresista joven que respondió a Sudaca. Foto: Prensa de la congresista.

¿Por qué?

Sin respuesta de los congresistas, Sudaca se comunicó con militantes jóvenes de diferentes partidos para entender por qué un grupo tan grande de personas no encuentra representación equivalente. Una de ellas está afiliada al partido que protagonizó el intento de vacancia: Acción Popular. Su nombre es Milagros Muñoz, tiene 25 años. Pese a que la bancada accionpopulista fue responsable directa de la vacancia, ella cree que el sentimiento general de las juventudes de su partido se orientó a apoyar las protestas de noviembre. “Todos se sentían defraudados”, asegura.

A Muñoz, sin embargo, le parece “normal” que los políticos no vean las cosas tan claras cuando ya han asumido un cargo. “Lo comparo con esas veces en las que eres el que le dice al amigo ‘oe, esa flaca no es para ti, no seas gil, cómo no te das cuenta’. Pero cuando a ti te toca, tú terminas siendo el gil que no se da cuenta porque estás metido en el problema”, comenta. Dice, además, que la gente en las calles nunca ha participado en política y no entiende lo que sucede por dentro.

Arlette Contreras tampoco cree que haya oposición entre la calle y los congresistas. “Ser congresista es diferente. Se tiene conocimiento de primera fuente del escenario político. No todos los detalles se conocen a través de los medios de comunicación. Si yo no fuera congresista, mi percepción hubiera sido distinta”, comenta.

Pero más allá de la percepción cualitativa sobre la vacancia, las cifras son claras: hay un problema estructural. ¿Por qué son pocos los jóvenes que postulan al Congreso y poquísimos los elegidos? De más de 24 millones de electores, en enero postularon 209 candidatos de entre 25 y 30 años. Ese es el rango etario con más electores en el país: incluye a más de 1.700.000 personas. Solo tiene a seis congresistas.

Hay varios factores que ayudan a explicar la discordancia. Según una encuesta del IEP de noviembre, el 65% de peruanos no se siente representado por ningún partido. La baja participación en las elecciones internas refleja fielmente el poco interés en militar y, entre militantes, de participar. “La madre del problema está en que nuestros partidos no representan a nadie y menos a los jóvenes”, dice la politóloga María Paula Távara.

Un militante joven del Partido Morado, cuya identidad se mantendrá en reserva, tiene el mismo diagnóstico: hay muy pocos vasos comunicantes entre la participación civil y la política partidaria. “Hay muchos jóvenes que hacen política no partidaria, activistas. Dar el paso a militar en un partido, la gente no lo hace”, sostiene.

Para Távara, hubo un punto de quiebre en la relación entre los partidos y los jóvenes: la ‘ley pulpín’. Fue una de las primeras acciones de los partidos, desde el Congreso, que tocó directamente los intereses de la juventud actual. La relación quedó rota desde entonces.

Foto: Giovani Alarcón

Marginación partidaria

Pese a todo, hay jóvenes que militan. El problema es que igual casi no candidatean. De los 2.326 candidatos inscritos en las últimas elecciones, solo 209 tenían menos de 30 años. En 2016 los jóvenes representaban el 30% del padrón electoral, mientras que los candidatos jóvenes eran solo el 7% de postulantes. Gabriela Vega, politóloga que encabeza el proyecto de capacitación para candidatos jóvenes Recambio, explica que la culpa es, principalmente, de los partidos.

“Son los partidos los canales institucionales que tienen que adaptarse para poder vincularse con ellos y ellas, no al revés. Los jóvenes han hecho y están haciendo lo que les corresponde: están expresándose, participando, interviniendo en la esfera pública a través de sus manifestaciones, porque los partidos y bancadas no canalizan sus demandas”, afirma.

Távara agrega que los partidos no tienen espacios para la juventud. “Los liderazgos más antiguos de los partidos están acostumbrados a ser adultistas y machistas”, sostiene. Para ella, una cuota juvenil, como la que propuso el proyecto de ley de García, obligaría a los partidos a atender a sus juventudes. Es una propuesta debatible. “Los partidos políticos no apuestan por los cuadros jóvenes. Nos ven como una cuota”, sostiene la congresista Arlette Contreras.

El afiliado al Partido Morado detecta una barrera cultural. Para él, algunos políticos asumen que ‘juventud’ es igual a inexperiencia, y no siempre es así. En el caso de las mujeres el panorama puede ser más incómodo. “Mis amigos mayores a veces no me hacen caso, pero también por ser mujer. Es algo de lo que jamás me quejo, pero sí me molesta. Si tengo carácter, soy mandona. Si un pata tiene carácter, es líder”, reclama Muñoz.

Arlette Contreras no es militante, pero llegó al Congreso con el Frente Amplio. Ella también se ha sentido minimizada por ser una mujer joven. “No se me daba el espacio ni se reconocía mi voz”, afirma. Ella considera que hay una forma de actuar de los políticos mayores: imponerse sobre los jóvenes y minimizar sus ideas. “El Frente Amplio ni siquiera quería firmar mi primer proyecto de ley”, cuenta.

Y el otro problema es la plata. Los tres militantes jóvenes consultados por Sudaca coinciden en ese punto. “Una elección es una inversión y muchos jóvenes no tienen dinero. Entre las costas electorales, la campaña interna y la externa, es bastante plata”, comenta Muñoz. “Muchos jóvenes serían estupendos candidatos y candidatas, y no están postulando porque saben el costo enorme que eso implica. ¿Cómo puede postular un joven precarizado, con pocas oportunidades de empleo, sin estabilidad laboral, sabiendo que competirá con personas que van a invertir mucho dinero?”, se pregunta Eduardo Maldonado, del Movimiento Nuevo Perú.

¿Cuánto puede costar una campaña? “Se gastan mínimo unos S/20 mil. Una campaña misia y corta”, asegura Maldonado. Muñoz sugiere una cifra más alta. “S/70 mil para el Congreso, y es un presupuesto misio. Los mejores podrían meterle S/300 mil”. La cifra, claro, varía de acuerdo al tipo y cantidad de propaganda.

Sin votos

Más allá de la disposición de los jóvenes para involucrarse en los partidos y del interés de los partidos para darles cabida, los votos no los acompañan. De 209 candidatos menores de 30 años en las últimas elecciones solo fueron elegidos 6. Un factor clave es la ubicación de los jóvenes en las listas: les suelen dar los números más altos. En Lima, el promedio del número de lista de los jóvenes fue 22. La única que consiguió entrar al Congreso, Arlette Contreras, postuló en cambio con el número 8. Pero no es lo único.

Muñoz dice que es un problema de carencia de habilidades políticas. “Les falta aprender a hacer política. Puede haber gente muy buena y capaz, pero si no tienen la muñeca para defenderse de otros políticos, es lo mismo que nada. Entonces, parecen con poca preparación. La gente asocia al joven con ‘pulpín’ inexperto. Lo que más debemos cuidar es, si ya sabemos que ese es el cliché, no caer en el error de desesperarnos y parecer ‘nuevos’”, comenta.

“Me resulta bastante cuestionable el discurso que tiene que ver con la ‘preparación’ y la ‘experiencia’. Eso es clasista y es falso. El Congreso es un espacio donde debemos estar representados todos. En un país donde un gran porcentaje no tiene empleo fijo, maestrías ni educación superior, exigirle a la gente que vote, no por quien la represente, sino por quien tenga títulos, experiencia empresarial y éxito económico, es ir en contra del propio sentido del Congreso”, afirma Maldonado.

Al final, no solo los votantes jóvenes sienten que no están representados, sino que los pocos políticos jóvenes que llegan ni siquiera asumen la representación de su generación. Consultada sobre su representatividad entre los jóvenes, por ejemplo, Arlette Contreras respondió: “Yo represento a las mujeres. Hago un trabajo dirigido a favor de los derechos de las mujeres y las personas más vulnerables”.

¿Representarán los próximos congresistas menores de 30 a su generación? ¿Seguirá subrepresentada la juventud en el Parlamento? Todo indica que sí. Los cuatro meses que faltan para las elecciones de abril son muy poco tiempo para cambiar un problema estructural, pero la coyuntura -al menos- ha dictaminado que los jóvenes sí quieren participar de la discusión pública del país. El reto está dado.

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Juventud, Política

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