[Música Maestro] La tarde del domingo 17 de mayo la comunidad de seguidores y admiradores de la obra musical de Frank Zappa recibimos una triste noticia. Ike Willis, cantante y guitarrista que, entre 1978 y 1988 fue uno de los colaboradores más cercanos del genio de Baltimore, falleció a los 70 años. Desde el 2024, por lo menos, se venían difundiendo informaciones -muchas de ellas por parte de su propia familia, específicamente de su hija Leah- que daban cuenta de que el buen Ike, gran cantante, excepcional guitarrista, venía luchando valientemente con un invasivo cáncer de próstata. Incluso ella tuvo que salir en redes sociales a desmentir rumores de que su padre había muerto.
Sin embargo, en esta ocasión era verdad, como se fue confirmando con el transcurrir de las horas. El primero en avisar a la comunidad mundial de fans del universo zappesco fue Arthur Barrow, quien fuera bajista de la banda entre 1978 y 1980 y después, hasta 1982, se desempeñó como director musical o “Clone Meister”. Barrow y Willis fueron las columnas vertebrales de la primera banda ochentera de Frank, la misma que lanzó icónicos discos como Joe’s Garage (1979) o Tinsel town rebellion (1981), por la que también pasaron luminarias de la música mundial, Steve Vai (guitarra), Vinnie Colaiuta (batería), entre otras. André Cholmondeley, uno de sus mejores amigos y líder de Project/Object, fue uno de los primeros en reaccionar: “Él era como mi hermano. Y todo lo que he hecho en la música en los últimos 30 años comenzó gracias a haberlo conocido…”
Quienes conocemos el catálogo de Frank Zappa de arriba abajo, recordamos sus magistrales interpretaciones de temas que pertenecían a otras épocas de aquella amplia discografía, como su versión de Dickie’s such an asshole (Broadway the hard way, 1988) o Village of the sun, en el disco Saarbrücken 1978, uno de los piratas del boxset Beat the boots I (1991). Pero también llegan a la mente canciones escritas para su voz abaritonada y brillante como Lucille has messed my mind up, Why does it hurt when I pee? o Outside now, uno de los puntos climáticos de la historia de Joe. O Bamboozled by love, clásico del Tinsel town rebellion, infaltable en los setlists de 1981 en adelante.
Una de las mejores grabaciones en vivo de Ike Willis es, sin duda, el medley de tres canciones de los Beatles que pudimos escuchar de forma oficial en el álbum doble Zappa ’88: The last U.S. show (2021) que es, como dice su nombre, el último concierto de aquella gira que canceló en medio de polémicas internas. En ese cover, Zappa altera las letras de Norwegian Wood, Strawberry fields forever y Lucy in the sky with diamonds para ridiculizar a los tele-evangelistas, a partir de los escándalos de un conocido predicador, Jimmy Swaggart, fallecido a los 90 años en julio del 2025, quien fue encontrado con prostitutas a las que pagaba miles de dólares con lo que recaudaba en su televisado “ministerio” religioso. La voz de Ike, sus inflexiones y tonalidades, convierte es un clásico del humor negro a esta pieza que podríamos aplicar a tantos otros sacerdotes o gurúes que esconden sus bajas pasiones detrás de una careta espiritual.
¿Cómo llega Ike Willis a la banda de Zappa?
“Conocí a Frank Zappa en 1977, cuando mi esposa y yo estábamos en la universidad. Había venido a dar un concierto y yo formaba parte del equipo técnico del local. Casualmente, lo conocí después de la prueba de sonido. Empezamos a hablar. Nos caímos muy bien, me hizo tocar y cantar para él. Me dijo que le gustaba cómo tocaba y cantaba y que le gustaría que hiciera una audición para su banda. Básicamente, después de la gira de Sheik Yerbouti, me llamó cuando todavía estaba en la universidad y me dijo que me iba a pagar el viaje para la audición. Volé una semana después y entré en la banda. El resto es historia. Las audiciones fueron geniales”. Así recordó Isaac “Ike” Willis, en una entrevista de 1996, el comienzo de su relación con Frank Zappa, que se extendió hasta 1988, lo cual convierte a este cantante y guitarrista, natural de St. Louis, en el músico que más tiempo ha pertenecido a la banda.
La carrera de Ike Willis está íntegramente definida por su trabajo con Zappa. Participó en todos los álbumes ochenteros del grupo -siete en estudio, seis en concierto e infinidad de lanzamientos tanto oficiales como póstumos- y fue parte fundamental en el ensamblaje vocal de las giras de 1984, 1986 y 1988, registradas en una enorme cantidad de recopilaciones. Desde 1993, año en que se produjo la muerte de Frank, Ike ha mantenido vigente el legado musical de su maestro a través de sus colaboraciones con diversas bandas de tributo a Zappa alrededor del mundo, entre ellas The Central Scrutinizer (Brasil), Ossi Duri (Italia) o The Ed Palermo Big Band (EE.UU.).
Además, estuvo presente en la formación original de The Band From Utopia, conformada por Robert “Bobby” Martin, (voz, saxo, teclados), Tommy Mars (teclados), Arthur Barrow (bajo, guitarra), los hermanos Tom y Bruce Fowler (bajo y trombón), Kurt McGettrick (saxos, clarinetes), Ed Mann (percusión) y Chad Wackerman (batería), todos ex alumnos de Frank. Algunos años después, colaboró con Project/Object, banda norteamericana fundada por el virtuoso guitarrista André Cholmondeley, con quien forjó una entrañable amistad.
Joe’s Garage y Thing-Fish: Los legados vocales de Ike
Conocido como el “barítono biónico” -así figura en los créditos del álbum The man from Utopia (1983)– Ike Willis se estableció como figura central de la banda desde su aparición en el disco conceptual Joe’s Garage (1979), en el que el vocalista interpreta a Joe, protagonista de la historia. En esta obra, originalmente editada en tres vinilos, Joe hace un viaje personal de descubrimiento y redención musical, no sin antes atravesar una serie de experiencias bizarras que ponen a prueba su personalidad, desde la tiranía y superficialidad del music business hasta extraños encuentros con máquinas y robots, todo al estilo irreverente y audaz de Zappa.
Asimismo, Willis se encarga del rol principal de otra de las producciones de Zappa de esa década, Thing-Fish (1984). Se trata de una historia ficticia en que el personaje central es Thing-Fish, una extraña criatura con cabeza de papa, pico de pato y exagerado acento negro, una alegoría inventada por Zappa para lanzar duras críticas contra la discriminación y la homosexualidad, los prejuicios y los tele-evangelistas, entre otras cosas.
“Joe’s Garage -dijo Ike en esa misma entrevista- es mi álbum favorito desde el punto de vista sentimental. Fue el primero que hice, tenía 22 años y trataba de aprenderlo todo. Por su parte, Thing-Fish fue la cosa más larga y compleja que he hecho con Frank. El tema central era muy difícil y había cantidades de material. El álbum cobró vida propia y comenzó a crecer, los libretos cambiaban día a día y siempre aparecían letras nuevas”.
Zappa en los ochenta: Armonías vocales
En esa década, pasado el furor del jazz-rock y sus rutinas humorísticas, la música de Frank Zappa se orientó mucho hacia la construcción de complicadas armonías vocales, producto de la afición por el doo-wop y la música soul que cultivó desde su adolescencia en los años cincuenta. Por otro lado, a partir de esa época Frank comenzó a limitar su trabajo al de compositor, arreglista y productor absoluto de su material, disminuyendo gradualmente sus participaciones como cantante y guitarrista de la banda, tanto en los estudios como en las giras.
Para eso, contó con el apoyo valioso de Ike Willis: “Él buscaba nuevos vocalistas porque ya no quería cantar más. Extrañaba las armonías, tú sabes, el doo-wop y todo eso. Trataba de cambiar de dirección musicalmente, las combinaciones ya no estaban funcionando bien. Es decir, siempre hubo músicos increíbles en sus bandas pero, él ya no se estaba divirtiendo mucho. Cuando me contrató, y no es que yo haya tenido mucho que ver con eso pero, desde ese momento, las cosas comenzaron a cambiar”.
Desde el principio, Zappa vio algo especial en Willis, y se lo hizo saber de inmediato: “Cuando entré por la puerta para la audición, había una fila de unas treinta o cuarenta personas. Él ya lo tenía todo preparado para mí; me dio un fajo de palabras y me pidió que le ayudara a hacer las audiciones a los demás. Me dijo: “¡Manos a la obra!”. Eso fue un martes, y no pude hacer mi audición hasta dos días después. Solo duró unos veinte segundos, luego volvimos a hacer audiciones a otras personas y me contrataron al día siguiente”.
En el DVD Does humor belong in music? (1986) se puede apreciar a una de las mejores secciones vocales de Zappa en vivo. Junto a él están Ray White, Bobby Martin y por supuesto, Ike Willis. Del mismo modo, en la trilogía de discos en vivo Broadway the hard way (1988), The best band you never heard in your life (1991) y Make a jazz noise here (1991), que registran oficialmente las actuaciones de lo que finalmente fue la última gira de Frank Zappa antes de su voluntario retiro de los escenarios, Ike Willis integra junto con Bobby Martin, Mike Keneally y Frank, el cuarteto de voces con el que recrearon su amplio catálogo en aquellos conciertos.
Ike Willis y su afilada guitarra
Aunque es más conocido por sus aportes como cantante, Willis también colaboró como guitarrista rítmico en los distintos ensambles de los que fue parte. Como solista grabó dos álbumes, firmados como The Ike Willis Band: Shoulda gone before i left (1988) y Dirty pictures (1998), en los que demuestra todo lo aprendido de Frank: Ike compone y produce su material, tiene un sentido del humor político muy agudo, construye pasajes instrumentales muy interesantes y posee los derechos de todas sus grabaciones. Además, su estilo con las seis cuerdas posee ese gusto por lo complejo y disonante, como su maestro.
Ike Willis se mantuvo siempre de gira, tocando la música de Zappa donde se lo pidieran, y fue un invitado permanente en diversas ediciones del Festival Zappanale, que se realiza en la ciudad alemana de Bad Doberan, desde 1993, ya sea con Project/Object o acompañando a otros músicos, como los europeos Zappatika o bandas más contemporáneas, de músicos jóvenes como The Z3 o The Furious Bongos, quienes también de inmediato han anunciado homenajes para el músico con quien compartieron más de una vez los escenarios, rindiendo homenaje perpetuo a la obra sonora de Frank.
Siempre afirmó sentirse orgulloso de seguir tocando la música de Frank y que no tiene ningún problema legal al respecto, ya que está cumpliendo con un pedido que el mismo compositor le hizo antes de fallecer en diciembre de 1993. “No estoy ganándome la vida con su música. Solo estoy cumpliendo con un pedido de un viejo amigo. Al final me dijo: “Sal allá afuera y mantén la música viva como puedas”. Y eso es lo que estoy haciendo”.
Como músico, Ike Willis coincide con quienes han declarado que trabajar con Zappa era sumamente exigente: “No puedes tocar su música si estás distraído saludando a las chicas o fumando marihuana. Había partes muy complejas e intrincadas. Era increíblemente perfeccionista. Ensayábamos ocho horas diarias, seis días a la semana. Algunos miembros de la banda no se divertían tanto como yo. Para mí, era como estar permanentemente en una escuela de música, aprendiendo cosas increíbles”.
Sobre los sucesos que acabaron con el grupo de 1988, Ike Willis no comparte la opinión de Frank, según la cual la banda se autodestruyó: “El responsable fue Scott Thunes. Estaba tan alocado que nadie quería tocar con él. Él es salvajemente talentoso e inteligente, pero nadie quería estar cerca de él por cómo actuaba”, mencionó Ike, refiriéndose a los hábitos exageradamente exigentes del bajista a quien Frank había nombrado como director musical. “Esa fue la mejor banda de Frank en la que estuve. Fue la banda que todos habíamos soñado. Teníamos la combinación perfecta de personas. Si Frank hubiera estado de un ánimo distinto, estoy seguro de que habría despedido a Scott y continuábamos con otro bajista. No era un buen tiempo para Frank, estaba comenzando a sentirse mal y simplemente mandó todo a rodar”.
Un trabajo que se convirtió en amistad
Con los años, la relación entre Ike Willis y Frank se hizo más personal, ya que detrás de las exigencias del trabajo en la banda, se desarrolló una gran amistad. “Mi esposa y yo lo seguíamos desde nuestras épocas de estudiantes y posteriormente, ella me acompañó a todas las giras, éramos como parte de la familia”. Cuando Frank se enteró que padecía de cáncer, Ike fue la única persona que no era de su familia a quien se lo contó. “Me lo dijo dos años antes de anunciarlo a la prensa. Después de la gira del ’88 me mudé a Portland y al año siguiente me llamó y me dijo: “Ya no vamos a salir de gira”. Cuando le pregunté el motivo me dijo que se estaba sintiendo mal, y que después de consultar a cuatro doctores, el quinto le confirmó que tenía cáncer y que era terminal. “No puedo hacer nada al respecto” fue lo que dijo”.
Según cuenta Ike, en julio de 1993 Frank lo llamó con una ambiciosa idea en mente: hacer planes para celebrar el vigésimo quinto aniversario del álbum 200 Motels, que se iba a cumplir dos años después, en 1995, con una gira mundial que reuniría varias etapas de su carrera, con invitados especiales y hasta una orquesta filarmónica. El vocalista, entusiasmado con esa posibilidad de regresar al ruedo, lo apoyó completamente: “Me llamó y me dijo: “¡Oye, me estoy sintiendo mejor!”. Al parecer la enfermedad entró en una especie de receso y Frank se sintió preparado para regresar. Estábamos planeándolo todo cuando de repente recayó, eso fue en noviembre. Fue todo muy rápido. Mi madre había fallecido de cáncer a la misma edad de Frank durante la gira del ’88. Fue un golpe muy duro, apenas tuve tiempo para hablar con él antes de morir”.
Ike Willis fue una de las personas que más cerca estuvo de Frank como ser humano: “No importa lo que hayan escuchado acerca de él, que era una mierda o un estúpido. Frank es el ser humano más inteligente que he conocido, un hermoso ser humano. Era realmente un buen tipo, amable, divertido y espontáneo. Su personalidad pública es solo una de esas tantas dicotomías, complejidades por las que se le conocía, tú sabes”. Cuando le preguntaron hace veinte años, en el portal web Alternate Music, qué clase de música habría escrito Zappa en el 2006, Ike Willis comentó: “Dios mío, me encantaría que Frank aun estuviera aquí. Este sería su gran momento. Es decir, primero Bush, luego Clinton y ahora… ¡otro Bush! Hay cantidades de material. ¡Hubiera sido genial!”.







