A la sombra de la Bombonera

Entre el puerto y la Bombonera. En pleno barrio de La Boca. Allí se encuentra Caminito: un festival colorido de tango, el Boca Juniors y choripanes. Hay tantos graffitis de Maradona, Riquelme y Messi que debe ser imposible contarlos. Es hermoso ver a Carlos Gardel, Eva Perón y al campeón del mundo viendo a la gente comer en los asados al aire libre.

[MIGRANTE DE PASO] Al llegar, bordeando el río, luego de una conversación con Carlos, quien nos llevó, te reciben miles de puestos de feria para comprar y calaminas de distintos colores que crean un cuadro para ojos espectadores.

“Ustedes fueron los únicos que nos ayudaron en Las Malvinas y nosotros nunca lo olvidaremos. Yo lo viví y lo enseñan en los colegios. Perú, patria hermana”-, me dijo Carlos al finalizar un camino resumiendo la historia argentina. El sentimiento de pertenencia y mi odio a la exclusión potenciaron mi visita.

Era hora de almuerzo así que con una gran amiga, quien me acompañó, nos apresuramos, siguiendo el olfato, a comer unos enormes choripanes rebosantes de salsa criolla y chimichurri. Se siente el sabor del barrio al morderlo. Mafalda y Goku montados en la nube voladora adornaban la pared del frente, era la unión perfecta de mi madre y yo. Fue mi enfoque mientras me embutía el sánguche bandera de la ciudad.

Caminito son unas cuantas manzanas, donde la seguridad permite a los turistas y visitantes disfrutar de esta sección de La Boca. “No vayas más allá de la Bombonera”-, advierten. Es barrio picante. Este pasaje tradicional con aire de museo ganó importancia cultural cuando en 1926 inspiró el famoso tango del mismo nombre “Caminito”, compuesto por Juan de Dios Filiberto y luego cantado y exaltado por Carlos Gardel, el más conocido del género.

Luego de fumar mirando el paisaje del puerto y algunas conversaciones hambrientas regresamos al núcleo por un segundo round de chorizo. Mujeres y hombres se nos acercan para tomarnos foto junto con ellos y simular poses del famoso baile argentino. Al pasarlos nos sentamos en un restaurante en mitad de la calle que ofrecía show. El tango se baila y se canta.

La sensualidad del baile nos envolvía de admiración. Quien tenga como habilidad este arte seductor le suma puntos de atracción de manera definitiva. La hermosura de los pasos y las radicales vueltas y miradas entre los bailarines denotan una gran dificultad y entrenamiento. Cuando la admiración le gana a la crítica se siente una superación vital y sublime.

Dándole paso al canto: el bandoneón y la voz que enuncia “Por una cabeza” acompañan perfectamente con la comida y el ambiente. Les preguntan a los comensales de dónde son y ofrecen un pedido. ¡Perú! ¡La Cumparsita!, me escucharon y la tocaron. Me trasladé a las mañanas de mi infancia con mi hermano tocando ese querendón tango en piano para alegrar cada rincón de la casa.

Caminamos entre los puestos llenos de camisetas del Boca Juniors. “¿Tiene la de Ñol Solano, el maestrito?”, preguntaba en todos los puestos. Para mi desgracia no la encontré. Pero nuestro jugador es altamente recordado por los hinchas. Un grande en Perú, Boca y el Newcastle. Nos detenemos en una esquina de canchita de futbol donde varios niños y jóvenes se olvidan de la pobreza gracias a una pelota rodando. Es mágico.

Llegamos a la imponente Bombonera, toda de azul y amarillo, los colores del club. Intenté adentrarme pero me detuvieron unos guardias; aparentemente no se puede entrar sin un permiso especial. Me hice el loco. Las leyendas del estadio terremoto que tiembla por los gritos y saltos de la hinchada resultó ser solo un mito. El estadio que alberga 60 mil espectadores por 83 años está mal construido. Sin embargo, al final a nadie le importa. Pocas cosas son más potentes que la pasión. En este país es el fútbol.

Luego de contemplar el estadio donde todos quieren entrar nos retiramos. Volteé más de tres veces pensando en que tal vez no lo vuelva a ver. La fundación PROA fue nuestra siguiente parada. Desde 1996 esta organización se dedica a difundir el arte local y a desarrollar programas de educación e intercambio con distintas instituciones de la misma índole. De nuevo, la cultura se eleva en este santuario de pocas cuadras. Entramos a la galería y paseamos por la librería que principalmente tiene libros de arte. En el último piso nos sentamos a tomar unos jarritos de café.

La vida teatral no se esconde en casi ningún barrio argentino. No importa clase social. Barrio cheto (*) o no cheto. Donde sea, se puede disfrutar de buenas obras y actuaciones. La Boca no es la excepción. Hay dos teatros: “El galpón de Catalinas” y “El teatro de Ribera”, al último tuve la suerte de asistir un año atrás. Las actuaciones excelentes, la obra de problemática contemporánea y la puesta en escena no tiene nada que envidiarle a los grandes teatros.

Sería un sueño que en Perú cada distrito tenga esa vida que anhela cultura y autosuperación. El poder terapéutico que tienen las artes performativas van más allá de nuestra imaginación. Las heridas de la sociedad se abren y cierran en estos momentos. La calidad de vida aumenta. La salud mental mejora. Deseo más teatro para el Perú que tiene muchas heridas que tratar y defensas que derrumbar.

(*) jerga argentina cuya equivalencia peruana sería la palabra “pituco”.

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Argentina, Bombonera, Caminito, La Boca, PROA, tango, teatro

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