Maricarmen Alva

Un año de Maricarmen: desplantes, broncas y polémicas

María del Carmen Alva deja la presidencia del Congreso con 72% de desaprobación, según la más reciente encuesta de Ipsos. El paso de su mesa directiva ha estado marcado por constantes controversias, además de su constante enfrentamiento con la prensa. Sudaca ha preparado un breve recuento de los ‘hitos’ de su gestión.

María del Carmen Alva marcó la pauta de lo que sería su gestión al frente del Congreso de la República desde el primer día: cuando le negó el ingreso al hemiciclo al saliente presidente Francisco Sagasti y le pidió que deje la banda presidencial afuera. Empezó allí a nacer una chapa que daba cuenta de un estilo: ‘Malcricarmen’. No fue un episodio aislado. Casi un año después, cerró su gestión con un homenaje a Manuel Merino. Un círculo perfectamente cerrado.

En el camino abundaron las polémicas, escándalos y críticas. Un año después, Alva deja la presidencia de la mesa directiva del Congreso con un nivel de aprobación más bajo incluso que el del presidente Castillo: 79% de los peruanos reprueba la labor del Legislativo, según la más reciente encuesta de Ipsos. Y la gestión de Alva en concreto, acumula un 72% de rechazo, mientras que al Ejecutivo lo desaprueba el 74% de la gente. La carrera por el descrédito popular va bien reñida, a decir verdades. No hay mucho que celebrar por ahí.

Ante esta triste realidad, la defensa recurrente de Alva es señalar que los Congresos siempre son impopulares. Pero al margen de lo debatible que pueda resultar esa afirmación, lo cierto es que la opinión pública peruana mete a la representación nacional en el mismo saco de rechazo que el resto de la clase política. Alguna responsabilidad de ello debe recaer sobre su liderazgo y sus formas.

Un párrafo aparte merece la relación que Alva estableció con el periodismo. Mantuvo a la prensa fuera del Palacio Legislativo todo el tiempo que pudo, e incluso ahora siguen vigentes una serie de restricciones para el trabajo de los cronistas parlamentarios. No puede negarse que en este propósito contó con el respaldo de muchos de sus colegas, pero lo cierto es que sin el beneplácito de la mesa directiva esta anómala situación no se habría producido. Parece bastante obvio que a la mayor parte de esta generación de congresistas el trabajo del periodismo le resulta molesto, una realidad incómoda con la que no les queda más que coexistir. Y en esa línea, Alva supo liderar la representación con gran forma y estilo. El cortocircuito llegó a su momento más álgido cuando un grupo de connotados periodistas hizo un plantón frente a la puerta principal del Congreso y al poco tiempo Alva dejó una estampa digna de ‘sticker’: su cara enfurecida con el dedo apuntando a un reportero mientras entraba rauda a Pasos Perdidos. Una memoria de gestión resumida en una foto.

Alva asumió la presidencia del Congreso en una coyuntura compleja. La expectativa de que eventualmente Pedro Castillo podría ser vacado y ella podría terminar mudándose al Palacio en su lugar sin duda condicionó su labor. No es el escenario habitual para quien se pone al frente del Poder Legistativo, y ciertamente no es el deseable. Para cualquier político es difícil combatir la tentación de sentirse presidenciable, aunque sea por la puerta falsa de una vacancia y la inhabilitación de los vicepresidentes. Alva –hay audios que lo prueban– se puso en el escenario de una sucesión presidencial. Lo evaluó, lo discutió y actuó en consecuencia. Viajó por algunas regiones y trató de ganar popularidad. Pero el ejercicio de equilibrismo entre ejercer una supuesta “oposición responsable” desde el Congreso y a la vez hacer algo parecido a una campaña le costó. Por lo demás, la vacancia se intentó –más de una vez– y si no se pudo es porque el Parlamento hizo honor a su etimología (“un lugar para hablar”) y a su fama (“un lugar que no sirve para nada”). Alva no ha hecho mucho para cambiar esa percepción.

El escenario que queda luego de un año en el Congreso está más atomizado que antes. Nuevas bancadas han surgido. El bloque perulibrista se han escindido, pero Pedro Castillo sigue teniendo apoyos suficientes para evitar –de momento– que lo remuevan del cargo. No obstante, todo esto puede cambiar en cualquier momento, y de que se volverá a ir a la carga por la vacancia no caben dudas. No debería sorprender por eso que ahora haya hasta cuatro listas inscritas para competir por el control de la mesa directiva del Congreso. Todos quieren estar en lugar que María del Carmen Alva ocupó. El porqué es evidente.

Pelea con la prensa

Fuente: Instituto de Estudios Peruanos (IEP)

**Fotoportada e infografías: Darlen Leonardo

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