[Música Maestro] Durante la primera semana de diciembre del año pasado, los salseros y melómanos lamentamos el fallecimiento del fundador y líder de El Gran Combo de Puerto Rico, don Rafael Ithier, como reseñamos en este artículo. Una noticia triste pero predecible a la vez para la comunidad salsera, pues el carismático director de orquesta y pianista tenía 99 años. Es decir, en términos prácticos, no era un acontecimiento extraordinario, como sí lo es que, hace apenas un mes, otro gigante de la salsa haya llegado a la sorprendente edad de 102 años.
Me refiero a Willie Rosario, conocido como “Mr. Afinque”. Aquí me atrevo a deslizar una duda: casi nadie, incluso entre salseros modernos, debe saber qué significa ese alias que repiten y repiten cada vez que lo mencionan. El caballero de los eternos lentes oscuros y la barba recortada, con sus casi dos metros de estatura, sigue dándole a los timbales, aunque por supuesto ya no como hace treinta, cincuenta o setenta años. Hace solo un par de meses, el director, productor y arreglista estuvo en el Perú con su orquesta, en un festival titulado Una noche de salsa, en su tercera visita a nuestro país.
En una edición de febrero de este año del programa de YouTube Más salsa que podcast, conducido por el periodista venezolano Beni Márquez, Willie Rosario ofrece una entrevista en la que se le aprecia lúcido, despierto, con los recuerdos de su amplísima trayectoria a flor de piel. El representante más longevo de la música latina conversa con soltura y pausa, compartiendo esa sabiduría y elegancia propia de quien construyó -junto con tantos otros músicos afrocaribeños, casi todos ya fallecidos- la salsa desde sus más elementales cimientos.
Willie Rosario y su orquesta la salsa quería empezar…
El nombre de Willie Rosario es muy poco mencionado por los comentaristas no especializados. Ni siquiera cuando escuchan la famosa salsa de El Gran Combo, No hay cama pa’ tanta gente, se dan cuenta de que está entre las célebres personalidades presentes en ese imaginario festín navideño organizado en casa de Octavio “Tavín” Ramos Pumarejo, un legendario comediante portorriqueño de los setenta y ochenta. Para ser exactos, se le nombra abriendo la segunda parte de la canción, luego del primer coro en que Charlie Aponte, Jerry Rivas y Luis “Papo” Rosario exclaman el mantra “¡pa’ fuera… pa’ la calle! que identifica esta popular canción del LP Nuestra música de 1985, escrita por Víctor Morales.
Nacido en 1924, el mismo año en que nacieron el cineasta armenio Sergei Parajanov, el actor norteamericano Marlon Brando o el guitarrista peruano Óscar Avilés, Fernando Luis Rosario Marín decidió dedicarse a la música desde muy joven. Luego de probar con el piano y la guitarra, quedó atrapado por los timbales, después de ver a Tito Puente en vivo en Nueva York. Al mismo tiempo, tomó una decisión que marcaría a fuego su estilo, ir en sentido contrario al virtuosismo sobrecargado del “Rey del Timbal” y dar protagonismo al ensamble para complacer a los bailadores.
Poco a poco, Rosario fue haciéndose un camino en la escena de música latina en la Gran Manzana. Incluso llegó a tocar, a finales de la década de los años cincuenta, con la orquesta de jazz del flautista Herbie Mann (1930-2003) y, paralelamente, estudió periodismo. Hasta condujo programas radiales, enfocándose en entrevistar a sus ídolos de entonces, como el cantante y director Tito Rodríguez (1923-1973) o el bajista Johnny Seguí (1922-2019), a cuya orquesta se integró. A inicios de los años sesenta ya estaba organizando su propio grupo para dar rienda suelta a sus innovadoras ideas musicales.
Latin-jazz, salsa y boogaloo
El sonido de la orquesta de Willie Rosario suele asociarse, con justicia, a lo que comúnmente se denomina “salsa dura”, sinónimo de lo que sería, para hablar con más propiedad, la salsa clásica. En otras ocasiones, he leído y escuchado a quienes se aventuran a llamarla “salsa progresiva”, tomando prestado un término proveniente del rock, debido a los arreglos complejos para metales, las líneas instrumentales sólidas y una relación permanente con el jazz.
Sin embargo, si queremos rotular su estilo, lo más preciso es incluirlo en la segunda generación de músicos de latin-jazz, aquella que combinó el mambo, el danzón, el guaguancó y otros ritmos afrocubanos con la música norteamericana que, en esas épocas, también poseía un brillo inmenso gracias a músicos de gran talento que venían llevándola del cool, el free-jazz y el bebop a fusiones más arriesgadas, en simultáneo con la edad dorada de crooners como Frank Sinatra, Tony Bennett y otros.
La orquesta de Willie Rosario grabó, entre 1963 y 1969, excelentes álbumes inscritos en dos subgéneros muy populares en su época, el boogaloo y el shing-a-ling, variaciones de ese latin-jazz que habían comercializado Tito Puente, Machito, entre otros, como en su momento también lo hicieron el flautista Johnny Pacheco, el conguero Ray Barretto o los pianistas portorriqueños Richie Ray y Eddie Palmieri. Además, en la tradición de La Sonora Matancera, hay en esos discos una amalgama de tonalidades, desde bailables y agresivas rumbas -como la alucinante Mi chamaco de 1967- hasta románticos boleros, muchos de ellos escritos por don Willie, a quien ya en ese tiempo se le conocía como “Mr. Afinque”.
Ese apelativo proviene de un uso boricua del verbo castizo “afincar”. Mientras que, en países de Sudamérica como el nuestro, el vocablo significa “establecerse o fijar residencia”, en la isla borinqueña es una expresión coloquial que sirve para describir a una pareja que baila muy pegada, apretada, “afincada”. Por eso se expandió la noción, al escuchar esas canciones cortas pero contundentes, de que el conjunto de Rosario tocaba “afincado” -léase apretado- y de ahí nació el alias de “Mr. Afinque” o “Señor Afinque”.
Inca Records y TH: Los años setenta
Sus primeros álbumes –El bravo soy yo (1963), Fabuloso fantástico (1965) o el espectacular Boogaloo & guaguancó (1967)- los grabó para Alegre Records y Discos BMC. Pero luego inició una larga relación con Inca Records, subsidiario de Fania, sello matriz del naciente género. Entre 1969 y 1977, Willie Rosario se consolidó como uno de los líderes de la salsa no producida directamente por Jerry Massucci y Johnny Pacheco -aunque cruzaron siempre sus caminos- y entregó discos de muy buena factura como Más ritmo (1972), Infinito (1973) -en el que destacan Juventud siglo 20 y Arrepentíos pecadores-, Otra vez (1975) y Gracias mundo (1977), conservando todavía el sonido entre lo tribal y lo jazzeado de sus inicios.
Para entonces ya eran una marca registrada en el sonido de Willie Rosario los tonos arrugados y graves del saxo barítono, un instrumento que adaptó para emular a uno de sus ídolos, el músico de jazz Gerry Mulligan (1927-1996), cuyos solos había escuchado en más de una ocasión en Nueva York. Canciones como La esencia del guaguancó (El bravo de siempre, 1969, también grabada por Johnny Pacheco), De Barrio Obrero a la 15 (Mr. Rhythm, 1971, tema que inició una estrecha relación con Cali, ciudad colombiana donde se ubica ese barrio) o Qué humanidad (Two too much, 1968) sirven como ejemplo de sus primeros usos de ese saxo infaltable en cada uno de sus álbumes y que, más tarde, influenciaron a orquestas como el Grupo Niche (Colombia), Los Adolescentes (Venezuela) e inspiraron canciones como Bailemos otra vez, del dominicano José Alberto “El Canario” (Mis amores, 1990).
La última mitad de los setenta los pasó con la disquera venezolana Top Hits, para lanzar interesantes discos como From the depth of my brain (1978), cuya carátula es una psicodélica ilustración sobre fondo anaranjado de un Rosario fantasmal con los brazos y la mirada hacia lo alto, emergiendo de un cerebro. En ese sello se quedaría hasta 1982, registrando álbumes de enorme éxito comercial como El rey del ritmo (1979), El de a 20 de Willie (1980), The portrait of a salsa man (1981) o Atízame el fogón (1982), con temas que actualmente siguen sonando en las pocas radios salseras que quedan.
Los primeros cantantes de Willie Rosario
En su primera etapa, alternaron en los micrófonos dos personalidades de amplio recorrido artístico con importantes bandas de la música afrolatina primigenia. El panameño Miguel Ángel Barcasnegras, más conocido como “Meñique”, había trabajado junto a Tito Puente; mientras que el portorriqueño Eladio Pequero Vega, más conocido como Yayo El Indio, aparece en cada álbum grabado por Rosario entre 1971 y 1982, aunque nunca como vocalista principal sino como corista. Yayo El Indio, como saben los más acuciosos, fue vocalista fijo de La Sonora Matancera entre 1971 y 1994, nada menos.
Hasta mediados de los años setenta, los vocalistas fueron Adalberto Santiago, famoso por sus grabaciones con Ray Barretto, Louie Ramírez, Larry Harlow y, por supuesto, la Fania All-Stars, Frankie Figueroa y José “Junior” Toledo, estos últimos los más identificados con el sonido muscular de Rosario en esos años. Luego, entre 1977 y 1979 el dúo de Junior Toledo y Guillermo “Guillo” Rivera fue el sonido definitivo de la orquesta, intercambiando y alternando roles con Yayo El Indio y Bobby Concepción.
Gilberto y Tony: Las estrellas
En los años ochenta ingresan dos jóvenes que causaron sensación tanto en la orquesta de Rosario como en sus trabajos posteriores, como solistas. Me refiero a Tony Vega, conocido por éxitos personales como Yo me quedo (1988, composición original de Pablo Milanés) o Lo mío es amor (1990), entre otras, quien llegó a los 23 años en 1980, proveniente de La Selecta de Raphy Leavitt y, algunos meses después, ya en 1981, Gilberto Santa Rosa quien con solo 19 años se unió a la línea delantera luego de pasar por la orquesta de otro grande de la salsa boricua, Tommy Olivencia. Ambos reemplazaron a Toledo y Rivera que, en 1980, lanzaron un LP titulado Se fugaron, en clara alusión a su salida de la orquesta.
Cuando Bobby Concepción decidió seguir otros proyectos por fuera, Vega y Santa Rosa quedaron como dúo hasta el álbum Nueva cosecha (1986). A este periodo pertenecen las canciones más populares de Willie Rosario como Mi amigo el payaso (El de a 20 de Willie, 1980, voz de Tony), La mitad (The portrait of a salsa man, 1981, voz de Gilberto), Busca el ritmo (The salsa machine, 1983, voz de Tony), Botaron la pelota (Afincando, 1985, voz de Gilberto) o Lluvia (Nuevos horizontes, 1985, cantada por ambos), una composición del cantante y pianista cubano Adalberto Álvarez (1948-2021) que también había sido grabada, un año antes, por la orquesta de Louie Ramírez y Ray de la Paz, para un LP titulado ¡Con caché! (Discos Caimán, 1984).
Gilberto Santa Rosa y Tony Vega brillaron como líderes de sus propias orquestas, cuando la salsa sensual o romántica, que el maestro Rosario llamaba “salsa monga”, comenzó a entrar en declive. Durante los noventa, ambos compartieron rankings con sus canciones y, posteriormente, Santa Rosa despuntó como uno de los artistas latinos más famosos en el mundo, interpretando salsas y boleros con elegancia y un estilo propio para el soneo que lo convirtieron en “El Caballero de la Salsa”. Ambos reconocen en el disciplinado Willie Rosario a su principal mentor y maestro como se aprecia en esta entrevista del 2024, realizada para promocionar el concierto Los 100 Años de Willie Rosario, realizado el 27 de abril de ese año en el Coliseo José Miguel Agrelot de Puerto Rico, en el que ambos soneros participaron.
Posteriormente, llegaron Josué Rosado, Bernie Pérez y Primitivo “Primi” Cruz, quienes le dieron una nueva personalidad vocal a la orquesta en discos como The salsa legend (1988), Unique (1989) o Viva Rosario! (1990), en el que Cruz hace famosa la salsa Anuncio clasificado/Dámelo, una de las que más se escuchan actualmente en radios salseras. Santa Rosa y Vega se reunieron nuevamente con su padrino artístico en el disco Back to the future (1999), con canciones como Que siga el afinque (Vega) o El apartamento (Santa Rosa). Para sus últimas producciones oficiales, La banda que deleita (2006) y Evidencia (2016), tuvo cantantes nuevos como Rico Walker y Alex de Castro.
Willie Rosario y Bobby Valentín: Una profunda amistad
Aunque su género base en más de ochenta años de carrera es la salsa, “Mr. Afinque” siempre ha incorporado el jazz en sus grabaciones, contando para ello con la colaboración extraordinaria de su gran amigo, el músico portorriqueño Bobby Valentín. Reconocido por los salseros como “El Rey del Bajo” por su trabajo con la Fania All-Stars y su propia orquesta, Valentín también nació artísticamente con Rosario, primero como trompetista y después como arreglista. Además, lo jaló para su sello Bronco Records, en el periodo de 1983 a 1991. El dato curioso es que nunca tocó su famoso bajo para Rosario.
“Valentín es el mejor arreglista de salsa de todos los tiempos” dice don Willie en Más salsa que podcast. Por su parte Bobby, quien actualmente tiene 84 años, considera a Rosario como “su hermano mayor”. Además de Valentín, tuvo otros arreglistas asociados como José Madera, Louie Ramírez, Humberto Martínez, José Febles, entre otros, quienes lo ayudaron a construir esa propuesta salsera en la que el protagonista central siempre es el sonido en bloque de la orquesta, estricto y condensado, como en el instrumental Rosario’s beat, composición de Valentín incluida en el CD Evidencia (20106).
Ese afinque estuvo siempre asegurado, gracias al aporte de músicos como, entre otros, Carlos Rondán (bajo), Ricky Rodríguez (piano), Jimmy Morales (congas), Obed Tirado o David “Piro” Rodríguez (trompetas), su línea inconfundible de cuatro trompetas y ese característico saxo barítono que estuvo a cargo de varios destacados músicos, entre los cuales destacaron el norteamericano Shep Pullman (de 1971 a 1975) -integrante de la orquesta con la que Tito Puente registró en 1962 su exitazo Oye cómo va-, Santiago “Chago” Martínez (de 1978 a 1981) y José “Beto” Tirado (de 1982 a 1990).
Los covers de Willie Rosario
Aparte de sus propias composiciones, guarachas, descargas y boleros incluidas en sus primeros álbumes, y de interpretar a clásicos compositores afrolatinos como Catalino “Tite” Curet Alonso, Roberto Angleró, José Luis Cruz o el argentino Artie Azenzer, pianista y arreglista conocido por su trabajo en Hollywood, Willie Rosario tiene un catálogo de versiones de clásicos del jazz, el bossa nova y otros géneros musicales, en los que sus orquestas demuestran enorme versatilidad y amplitud de recursos.
Solo por tomar algunos ejemplos, mencionaré canciones de épocas diferentes: el estándar del jazz My favorite things (Boogaloo & guaguancó, 1967), del musical de Broadway y famosa película The sound of music, que fuera popularizada en 1965 por la cantante británica Julie Andrews y cinco años antes, en 1960, en versión instrumental de John Coltrane; Last tango in Paris (Infinito, 1973), del argentino Leandro “Gato” Barbieri para el filme del mismo nombre; o No more blues (Back to the future, 1999), título en inglés del bossa nova Chega de saudade, escrito originalmente en 1958 por los mismos autores de Garota de Ipanema, los brasileños Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes. En ese mismo disco destaca el instrumental Satin ‘n lace de Philip Sunkel, un clásico del latin-jazz que grabaron, entre otros, La Sonora Ponceña y Tito Rodríguez.
En 1981 transformó en cadenciosa salsa la balada Just the way you are de Billy Joel, con el título Como eres tú y cantada por Bobby Concepción para el LP The portrait of a salsa man. En el disco de 1978, From the depth of my brain, versionaron la conocida ranchera Ojalá te vaya bonito de José Alfredo Jiménez. Y en los álbumes El de a 20 de Willie (1980) y Viva Rosario! (1990), el maestro volvió a revisitar el cancionero de Jobim con sofisticadas versiones de Meditación y Wave, respectivamente. En todas, la elegancia en los arreglos y la fineza instrumental son una constante para entender el alto nivel de Willie Rosario y sus orquestas, un verdadero orgullo latino.







