Juan Carlos Tafur

La involución de los fraudistas

“Las declaraciones de Zamir Villaverde son una trampa, seguramente urdida por sus consejeros legales, para generar titulares, pero que no conduce a nada políticamente viable”

Las inverosímiles declaraciones del empresario Zamir Villaverde han hecho retroceder a un sector de la oposición a la cantaleta del fraude electoral como explicación de la derrota sufrida el año pasado a manos de un inefable candidato como Pedro Castillo.

En pleno trance de maduración de opciones más sensatas y viables, hasta pareciera un ardid del gobierno para engatusar a la oposición, volverla a dividir y retrotraerla al tiempo entre la primera y la segunda vuelta electoral, resucitando la tesis peregrina del fraude, que tuvo los resultados adversos por todos conocidos, de modo contundente.

 

Una confesión de actos de corrupción que vinculen al mandatario o una decisión desatinada (que abundan en el Ejecutivo), pueden detonar una protesta social de magnitud tal que presione al Congreso a tomar acciones concretas respecto del recorte del mandato de Castillo (vacancia, acusación constitucional o adelanto de elecciones generales).

El malestar ciudadano no se debe tan solo a la crisis política y a los desaciertos administrativos del gobierno -que ya de por sí serían razón suficiente en una sociedad más activista para haber generado protestas multitudinarias-, sino, también y quizás, sobre todo, por la crisis económica: inflación y retracción de la inversión, y por ende aumento del desempleo y mayor pobreza, son causa eficaz para sentir la pegada de un gobierno absolutamente incompetente, que mientras menos dure en el poder, mejor será para el país, la democracia y la economía popular.

Pero para ello es preciso que la oposición madure y entienda que los caminos de salida viables pasan hoy en día o por una acusación constitucional o por un recorte del mandato, con las consecuentes reformas constitucionales. No por el atajo de la vacancia motivada por un fraude que solo ha existido en su imaginación, desesperada por una derrota sin atenuantes.

Las declaraciones de Zamir Villaverde son una trampa, seguramente urdida por sus consejeros legales, para generar titulares, pero que no conducen a nada políticamente viable y, más bien, alejan a la oposición del que ya parecía un camino más maduro y sensato para librarnos de la pesadilla de tener a Pedro Castillo sentado en Palacio.

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Gobierno, Pedro Castillo, Zamir Villaverde

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