Alonso-Rabi-Do-Carmo

Apuntes para una interpelación

"Su más reciente publicación, Matusalén, sienta sus reales en ese territorio híbrido, siempre a medio camino entre la síntesis narrativa y el efecto poético que son dos rasgos que marcan el cultivo de la microficción."

La obra de Giovanna Pollarolo se mueve en varios frentes: poesía, narrativa, guiones de cine e incluso la escritura académica (recuerdo que es autora de un muy recomendable estudio sobre Pedro Dávalos y Lissón). Su más reciente publicación, Matusalén, sienta sus reales en ese territorio híbrido, siempre a medio camino entre la síntesis narrativa y el efecto poético que son dos rasgos que marcan el cultivo de la microficción. 

Es famoso el linaje que establece el mexicano Lauro Zavala para definir la microficción como parte de una genealogía vanguardista. Sus formas, igualmente son diversas y más de una vez rozan lo híbrido; su sentido se afinca mejor en la reescritura, el ánimo lúdico, la ironía o también la presentación de algo que podríamos llamar “embriones” ficcionales, relatos que descansan más en su potencialidad que en su realización plena. 

Estas características anotadas con cierto apuro, están presentes, en menor o mayor medida en la escritura de Matusalén. En su brevedad, estos textos se concentran en unos cuántos tópicos que van haciendo su aparición conforme uno avanza en la lectura. El primero de ellos, que respira desde el título del volumen, es la conciencia de la senectud. Y luego de un comienzo que es un ejercicio de intertextualidad rebosante de ironía y de carácter desmitificador (en relación con la figura del célebre personaje bíblico), los textos que le siguen van desplegando otros motivos.

La parodia de la historia de Matusalén funciona al modo de una obertura, esto es, nos ofrece el tema alrededor del cual gira la escritura, el motivo central: el examen de la finitud, la ancianidad, la percepción del paso del tiempo y las reacciones de la conciencia frente un devenir que no hay cómo reprimir. 

Además del envejecimiento (visto desde varias orillas, pero sobre todo desde la subjetividad íntima y por momentos herida de quien narra), aparecen otros temas: el descalabro sentimental, el agotamiento o la crisis de la energía sexual, la proximidad o la inminencia de la muerte (representada muchas veces con cierto fatalismo) y unas relaciones de género problemáticas, como problemática e hiriente es también la idea de la reproducción y una maternidad que nunca llega, una dolorosísima carencia.

Apunto también el ánimo reflexivo de estas prosas, en el sentido de que no son siempre relatos convencionales o acomodados simplemente a las reglas de la brevedad. A veces, cuando hablan de la muerte, por ejemplo, los relatos adquieren un particular espesor reflexivo, cercano al tono ensayístico, aunque otras veces se decantan por un impulso que nos conduce por diversos caminos: de la ironía a la desazón, de la apariencia de las cosas a su ser real, de arrestos de vitalidad a la lucidez que desnuda ante nosotros la posibilidad de que un día se acaba todo.

Dejo aquí una muestra de la excelencia que alcanzan algunos textos, como el XIV, otra reescritura, esta vez de un antiguo cuento persa. Reza así:

“¿Conoces el cuento del Visir que se enamoró en el mercado de Bagdad con una mujer de tez pálida y cabellos oscuros? Supo que era la Muerte cuando lo miró a los ojos y le dijo sin palabras: He venido a buscarte. EL Visir se presentó ante el Califa: Luz de los Creyentes, imploró, puesto que la Muerte me ha venido a buscar hasta aquí, permíteme huir a Samarcanda; está tan lejos que no me alcanzará. Si me doy prisa, estaré allí esta misma noche y le ganaré a la Muerte. EL Califa le dio su mejor caballo, el más veloz. Y el Visir desapareció en medio de una nube de polvo en dirección a Samarcanda. El Califa, su autoridad se lo permitía, llamó a la Muerte: ¿Por qué asustaste a mi Visir, que es un hombre joven y de buena salud? Ella respondió: No quise asustarlo, solo me sorprendí al verlo en Bagdad. Él tiene que estar esta noche en Samarcanda, ahí es donde debo recogerlo. Los gallinazos saben más que la misma muerte” (p.40).

 

Giovanna Pollarolo. Matusalén. Lima: Cocodrilo Ediciones, 2022.

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Giovana Pollarolo

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